— Vengan conmigo. Ahora. — Ordenó Kalil interrumpiendo nuestra conversación.
— Claro. — Respondí en automático.
Luzbel y Dhalia me codearon, si bueno la verdad es que no pensé la respuesta, él era mucho para que mi cerebro entendiera, no podía decirle que no.
— ¿A dónde? — Preguntó Luzbel.
— ¿Por qué nos tratan como prisioneras? — Siguió Dhalia.
— ¿Piensan retenernos aquí siempre?
Luzbel y Dhalia parecían estar coordinadas para intimidar.
— Es lo que vamos a explicarles. Tienen que acompañarme si quieren las respuestas.
Las tres nos miramos y asentimos, la única opción segura era seguirlos.
Al llegar a un cabaña la tensión era notable, a cada paso que dábamos las personas nos miraban, algunas con curiosidad y otras con desprecio, murmuraban cosas que no lograba entender, eso me ponía ansiosa.
Dhalia y Luzbel mantenían la frente en alto, tratando de notar lo intimidadas que se sentían, en eso las tres nos parecíamos, quizás ellas era un poco más hostiles, pero a ninguna le gustaba mostrar inferioridad.
En la cabaña había 4 hombres y tres mujeres, estaban sentados en una mesa grande y larga. En el medio estaba una mujer rubia, sus ojos eran azules y su mirada era autoritaria, todo en ella gritaba que era la jefa, a sus lados estaban las otras mujeres, y los hombres se acomodan dos de cada lado.
— ¿Y bien? — Preguntó la mujer rubia. — ¿Van a decirnos por qué están aquí?
— Llegamos por error, no sabemos como volver a nuestro mundo. — Respondí.
Ella me analizó por unos segundos y luego lo hizo con Luzbel y Dhalia que se encontraban a mi lado.
— ¿Están tratando de engañarme? — Preguntó molesta. — Nadie entra en estos terrenos, mucho menos humanas. Ella las mandó ¿Cierto?
— No sabemos de qué está hablando. — Respondió Luzbel. — No tenemos nada que ver con este mundo.
— Bien, si no quieren decir la verdad, las obligaré. — Dijo poniéndose de pie.
Las tres nos pusimos alertas.
No sabía cuál iba a ser su próximo movimiento, hasta que sentí una opresión horrible en el pecho, no podía respirar.
Luzbel y Dhalia me miraban alarmadas, intentaba explicarle lo que me sucedía pero no podía hablar, llevé mis manos a mi pecho, en busca de aire quería sacarme ese peso que me impedía respirar.
Se sentía horrible, lágrimas caían por mi mejilla, no podía mantenerme de pie y caí arrodillada, Dhalia me sostuvo mientras Luzbel le exigía que me dejaran, no podía escuchar muy bien qué era lo que gritaba.
— Tyresia es suficiente. — Una voz varonil ordenó, no podía distinguir si era verdad o una alucinación. — ¡Madre! Te dije que pares.
En el momento que dio la orden, el aire volvió a mis pulmones, mi cabeza dolía y me sentía mareada.
— ¿Puedes respirar? — Preguntó Dhalia mientras me ponía de pie con ayuda de Luzbel.
Yo solo asentí, no tenía fuerzas para hablar.
— ¿Estas de su lado? — Interrogó Tyresia a su hijo, Kalil.
Al principio sospeche que ella era su madre, se había presentado como el hijo de la Jefa, lógicamente esta mujer es una jefa.
Lo que no me esperaba es que él la desafiara.
— Claro que no. — Respondió Kalil. — Pero no creo que ellas sean una amenaza. Creo que dicen la verdad, son simples humanas.
Lo simple estaba de más, pero me alegraba que nos creyera.
El lugar estalló en murmullos y asombros.
— Eso es imposible, los humanos se extinguieron. — Habló uno de los hombres de la mesa.
— Lo único que queda de ellos son simples leyendas. — Dijo otro.
De ese modo aumentaron los comentarios, afirmando que los humanos eran simples cuentos de niños, otros aseguraban la extinción de la raza humana hace miles de años.
Era tal como nosotros los veíamos a ellos, muchos creían en los seres de otros mundos pero como personas que existieron en el pasado, otros solo lo veían como simples cuentos.
Pero la verdad es que estaban parados justo frente a nosotros, a simple vista parecen iguales a nosotros pero no lo eran, estaban lejos de ser como nosotros a un nivel superior.
Siempre estuvieron ahí, solo que en mundos distintos, al mismo tiempo que nosotros, solo que no a nuestra vista.
— Silencio. — Gritó Tyresia.
De inmediato todos se callaron, nadie emitía un quejido ni siquiera se escuchaba un suspiro, eso me aterró, todo este lugar era aterrador.
Si ella era así de poderosa e imponente ¿Cómo sería la tal Freydis? o peor ¿Cómo sería la enemiga de Freydis? Quería correr y llorar, Luzbel tenía razón, debimos estar preparadas y alertas.
Si no fuera por el pánico que sentía era capaz de gritar y pedirle perdón a Luzbel, aunque no lo haría ni en mi último minuto de vida.
— Solo hay una manera de saber la verdad. — Habló Tyresia. — El pozo de los pecados.
Las tres no miramos con desconfianza y miedo.
— Debe haber otra manera. — Dijo Kalil. — Si ellas son humanas podría matarlas.
— Es un riesgo que pienso correr, es mi última palabra. — Con eso último Tyresia se alejó, seguida de su grupo.
— ¿Vamos a morir? — Pregunté con pánico.
— Depende de lo fuerte que sean. — Respondió Kalil.
— Ah gracias me quedo más tranquila. — Dije sarcástica. — Después de que tu madre casi me mata asfixiada tengo fuerza para cualquier cosa.
Aún seguía débil, me sentía mareada, mi cabeza dolía y mi cuerpo temblaba.
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Resistencia #2
Science Fiction"A veces las respuestas que buscamos, no son las que necesitamos". Después de ver en lo que el mundo se había convertido y los nuevos seres que amenazaban con destruir todo, Aurora comenzaba a pensar que estaba más segura en Shahar. Cada vez que Aur...
