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EMMA

¡Pero qué mendruga!

Había mencionado a una chica de pasada y yo me había puesto a hacer preguntas como una simplona. No quería que pensara que me interesaba. Aunque no podía evitar preguntarme si la tal miranda sería su novia.

Siendo repetidor podía tener ya los dieciocho y tal vez estaba cerca de cumplir diecinueve. No era un niñito, tal vez incluso vivía con su novia. Tal vez compartían piso en plan universitarios.

Negué con la cabeza e intenté centrarme.

Vi la vista de Ángel posada sobre los numerosos retratos que colgaban en un collage perfecto sobre la pared del sofá.

—He observado que tu hermana y tú sois muy parecidas.

Sonreí con tristeza, sabía que tarde o temprano tendría esta conversación con él.

—Eso parece. Aunque a mí me cuesta ver el parecido.

—Para mí lo sois — giró la cabeza hacia mí y me observó —entonces eres la pequeña, como yo.

Bajé la vista intentado huir de los intensos ojos de Ángel. Eran los más oscuros que había visto nunca. Me metí un puñado de palomitas en la boca intentando terminar con la conversación.

—Seguro que más de una vez os han confundido.

—Para la mayoría de la gente ella era la más guapa, no me suelen confundir, la verdad.

—¿Era? —preguntó con el ceño fruncido y de nuevo sus ojos estaban enganchados a los mios.

—Desapareció hace cinco años — afronté de forma irremediable — soy la única que habla de ella en pasado, mis padres aún creen que volverá, pero yo no tengo tantas esperanzas.

—No quería tocar un tema delicado.

—Las familiar muchas veces son el tema delicado en sí.

—Tienes razón.

—¿Qué hay de tu familia? — pregunté, mientras servía un poco de té para mí y para Ángel.

—Bueno... —titubeó un poco —solo tengo a mi hermano mayor, mis tíos y mis primos.

—¿Y tus padres?

—Mi padre nos dejó al poco de nacer yo, así que ni siquiera tengo recuerdos sobre él —hizo una pausa y tomó aíre —mi madre se suicidó cuando tenía treces años, así que hasta que he sido mayor de edad he vivido con mis tíos y desde hace un par de meses vivo independiente.

Me quedé lívida.

Esto era mucho peor que lo mio.

—Joder... lo siento.

—No hay nada que sentir.

—¿Y tu hermano?

—Trabaja como representante de una firma de vestidos de novia y pasa mucho tiempo fuera. Cuando vuelve a Barcelona se hospeda conmigo y cuando no... ni si quiera sé dónde está.

—Creo que he sacado un tema que no debía.

—No te preocupes, todos tenemos nuestros demonios.

Decidí mantener la boca cerrada, estaba claro que había sido muy inoportuna preguntando.

Las siguientes dos horas las pasamos concentrados en nuestros retratos. Había hecho varios esbozos pero todos eran una basura. Miraba a Ángel y lo veía tan concentrado y dibujando con tanta seguridad, que no podía evitar preguntarme cómo era su interpretación de mí.

Oscura seducciónHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora