ÁNGEL
Estaba furioso, tras todas las molestias que me había tomado por Emma, tras todo el amor y la dedicación que le había intentado demostrar, ella se empeñaba en alejarme de su lado, como si el psicópata fuera yo y no Aarón.
Di gas a la moto, siempre me relajaba conducir y poder pensar tranquilamente en mis cosas, pero hoy mi cabeza solo se centraba en Emma. Ella era como mi sol, me limitaba a orbitar a su alrededor y estaba tan absorto en sus necesidades que muchas veces me olvidaba de las mias propias.
¿Qué pasaba conmigo? ¿Yo no merecía que alguien pensara en mí?
Volví a dar gas con mala leche la moto ronroneó de forma salvaje mientras atravesaba la Gran Vía a toda velocidad. Iba esquivando coches y pasando los semáforos al límite, justo cuando empezaban a parpadear para cambiar. Estaba muy dolido, enfadado y decepcionado.
Un coche cercano comenzó a pitarme, mientras un hombre con una espesa barba me insultaba con media cabeza fuera de su ventanilla. Había pasado tan rápido y tan de repente que el coche había tenido que dar un volantazo para no llevarme por delante.
Viré por la plaza Tetuán, el sol comenzaba a descender y dibujaba sobras borrosas y grotescas sobre las fachadas modernistas de la ciudad.
Estaba tan herido, me debatí entre ir a buscar a Emma o regodearme en mi propio orgullo y esperar a que fuera ella la que viniera a por mí. Era como un puto escarabajo haciendo malabarismos con mi propia bola de mierda.
Tomé por la Diagonal, el tráfico se mecía lento. Los coches se movían en un traqueteo incómodo que empezaba a tocarme los huevos. ¡Joder!
Estaba decidido, lo mejor era dejarle un poco de espacio, si de verdad le importaba una mierda, tarde o temprano me lo tendría que demostrar. No podía ser siempre yo el que se acercara, ya había dado mucho, necesitaba algo de retorno.
Llegué a Hospitalet sin apenas ser consciente de ello. Había oscurecido ya. Vi que el coche de Miranda estaba aparcado cerca de la puerta de nuestra casa. Di un par de vueltas con la moto en busca de un sitio. Finalmente la dejé en una calle paralela a la nuestra.
Al menos podría charlar un rato con ella. Miranda era independiente y pragmática, siempre tenía un buen consejo y una sonrisa preparada para mí. Era afortunado por tenerla.
Subir hasta el tercero se me antojó mucho más cansado y tedioso que de costumbre. Saqué la llave y sentí unas carcajadas que procedían del interior del apartamento.
Joder, ahora no sabía si entrar o no, tal vez Miranda estaba acompañada de alguno de sus numerosos ligues, estaba cansado de narices y necesitaba llegar a mi hogar. Si estaba acompañada con encerrarme en mi habitación y no molestar, ya estaba. Así al menos podía echarme algo a la boca y leer durante un rato tranquilo. Sumergirme en una buena historia limpiaría mi mente con el transcurso de las páginas.
—¡Hola! Ya estoy en casa —anuncié desde el recibidor, con Miranda nunca se podía saber y no quería tener que presenciar ninguna escena incómoda.
Avancé hasta el comedor y se me cayó el ánimo a los pies, lo que encontré me perturbó mucho más que cualquier escena sexual que hubiera podido imaginar.
La mesa del escritorio estaba en el centro de la sala vestida con un raído mantel de cuadros que no usábamos prácticamente nunca.
Miranda me tiró un beso mientras se encaminaba hacia otra habitación.
—Cierra esa boquita, primo, que solo es tu hermano —observó Miranda en voz alta desde la cocina.
Aarón se levantó del sillón con una sonrisa torcida que según todo el mundo decía, era muy característica de los hermanos Torres.
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Oscura seducción
Romance🖤 Romance. 🖤 Intriga. 🖤 Ambiente de instituto. 🖤 Sucede en Barcelona. 🖤 Tensión sexual. 🖤 Un asesino en serie. 🖤 Una hermana desaparecida. Nora, la hermana de Emma desapareció cinco años atrás. Este acontecimiento cambia su vida para siempre...
