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EMMA

El martes amaneció gris y tremendamente caluroso, la temperatura había subido más de lo que cabía esperar de un final de octubre.

Entreabrí los ojos y observé la tenue luz que se filtraba a través de las rejillas de la persiana. La luz acariciaba la melena de Ángel como  finos dedos pálidos y sinuosos.

Se encontraba tumbado sobre el colchón inflable que habíamos colocado junto a mi cama. Estaba tumbado del lado izquierdo observando su móvil.

—Buenos días —mi voz sonó tremendamente rasposa —espero que no hayas dormido muy incómodo —carraspeé en busca de recuperar el tono de voz que estaba acostumbrada a escuchar.

Ángel ser incorporó y me miró con talante  serio negando con la cabeza.

—¿Qué pasa?

Por la expresión de Ángel supe que algo no iba bien.

Él no dijo nada, tan solo me pasó el móvil para que yo misma mirara.

El cuerpo me dio una sacudida de incredulidad, no estaba preparada para lo que acababa de ver. En la pantalla del móvil reconocí al instante la imagen que tenía delante, se trataba de la chica rusa a la que Ángel había visitado.

La habían hallado muerta esta misma noche, había sido estrangulada y sobre sus ojos habían colocado dos tulipanes rojos.

En la foto no iba teñida de negro, presentaba una enorme sonrisa y una lustrosa melena rubia, parecía feliz.

Las lágrimas se desbordaron por mis mejillas sin darme ni cuenta. Había tenido un nudo en la garganta durante las últimas semanas, ese nudo había explotado y había dejado suelta toda mi desesperación y mi miedo. Estallé en un llanto desconsolado como una niña pequeña, lloraba por la chica rusa, por mi hermana, por Ángel, por mí y por todas las personas que estaban sufriendo a causa del loco de Aarón.

Ángel saltó de su colchón a mi cama y me encerró en una abrazo.

Todo estaba yendo mal, ese loco había matado a la pobre chica.

—La ha matado —balbuceé entre sollozos.

Ángel solo asintió, no dijo nada, las evidencias hablaban por sí solas, estaba claro.

Me desprendí del abrazo de Ángel y tras levantarme de la cama, comencé a dar vueltas histérica por la habitación.

—¿Por qué esa chica?

—Por mi culpa —sentenció Ángel con semblante dolido —yo la estaba preparando para ayudarme a coger a mi hermano, no te quería poner en peligro, así que contraté a Mila para que engañara a Aarón, pero al parecer no has sido la única que me seguiste cuando fui a verla —se tapó la cara con las manos.

—¿Entonces esto es una advertencia? Quiere que sepas que lo sabe —me dejé caer sobre la silla del escritorio —la próxima seré yo... —susurré sombría.

Ángel levantó la cabeza y me miró.

—Eso no, Emma, no se lo voy a permitir.

—¿Y cómo se lo vas a impedir? —mi voz sonó rasgada —¿vas a protegerme como a esa pobre chica?

Ángel apretó los dientes y negó con la cabeza.

—No sé cómo lo haré, pero moriría antes de dejar que te hiciera daño.

—Lo mejor sería que fuéramos a la policía y denunciáramos a tu hermano.

—¿Ya sabes qué pasará si le denunciamos?

—¿Que irá a la cárcel?

—No, Aarón es mucho más listo que la media, lo que pasará es que en esa casa solo encontrarán mi ADN, los vecinos del barrio solo me identificarán a mí como uno de los "clientes" —levantó los dedos para enmarcar entre comillas la palabra clientes —...habituales de Mila, él es un fantasma, no deja huella.

—Pero podemos explicarles todo.

Me sentía desesperada, era capaz de entender perfectamente la lógica de lo que me explicaba Ángel, pero no podía asimilar que no hubiera ninguna otra salida.

—No es tan fácil Emma, si lo fuera yo le habría entregado hace tiempo. Pero se necesitan pruebas y evidencias. Yo no estamos en el medievo, no basta con decir que tu vecina la rara fornica con Satanás, hay que demostrar la acusación y yo no tengo pruebas válidas más allá de mi propia certeza. —sentenció Ángel con frustración evidente.

—¿Entonces qué sugieres? —me enjugué unas lágrimas de las que ni siquiera había sido consciente con la manga de la camiseta del pijama.

—Desde el principio había pensado en tenderle una trampa, en hacer que se descubriera él mismo —bajó la vista —pero con la muerte de Mila... esto ha sido una advertencia en toda regla, me ha seguido y posible que sepa mucho más de lo que me gustaría.

—Tu plan no tiene porque morir —atajé con decisión —yo puedo ser el anzuelo, no me voy a quedar de brazos cruzados esperando a que venga a degollarme o asfixiarme mientras duermo.

Ángel me lanzó una mirada de horror.

—No te pienso poner en peligro, Emma.

—¡No! —me levanté de la silla cabreada —ya es suficiente, estoy harta de temer ser la víctima. Es hora de sacar las uñas y tomar el control.

Estaba decidida a luchar, no podía escóndeme en mi agujerito y esperar a que él viniera a por mí.

—Pienso ser su final girl —sentencié con una fría convicción que por primera vez, me dio esperanza.

*******

Avanzaba por el pasillo junto a Ángel. Los carteles para la inminente fiesta de Halloween estaban por todas las paredes observándonos con cara de calabaza desdentada y sonriente.

Una idea alocada se me pasó por la cabeza como una sombra tan solo perceptible por el rabillo del ojo. Era perfecto, una fiesta de Halloween era el escenario ideal para atraer a un asesino.

—La fiesta de Halloween.

—¿Qué? —preguntó Ángel con indiferencia.

—Las fiestas son lugares llenos de gente borracha con máscaras de por medio, un asesino se podría sentir seguro al abrigo de la multitud.

—¿Qué quieres decir? —la atención de Ángel ahora sí que estaba totalmente en mí.

—Podría ser el escenario perfecto para preparar una encerrona. En principio Aarón no es un asesino en masa, es un gourmet, se dedica a matar solo a las chicas que entran dentro de su perfil, con lo que el resto de asistentes estarían a salvo y nosotros rodeados de testigos.

Esquivamos a los compañeros que como nosotros, recorrían los pasillos en dirección al patio.

—No sé, no lo veo claro —objetó Ángel frunciendo el ceño —me parece un tanto precipitado...

—Es una cuestión de vida o muerte, ha matado a esa pobre chica.

—No ha sido la primera.

Me paré en seco en medio de la marea de estudiantes que pasaban a nuestro lado lanzándonos alguna mirada indiferente, dábamos la sensación de ser una pareja de novietes discutiendo sobre alguna trivialidad. Nadie podría imaginar el verdadero tema que nos ocupaba.

—Eso no la hace menos importante —solté con irritación.

—Lo sé y no he querido decir que ella no importe, pero no veo claro todo este plan, demasiadas cuestiones aleatoria, la situación se escaparía a nuestro control. 

Oscura seducciónHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora