47

3 1 0
                                        

EMMA

Una farola parpadeante del exterior, era la única luz que entraba hacia el pasillo principal en el que me encontraba. Estaba completamente paralizada, no era capaz de moverme de la puñetera pared a la que estaba pegada como una garrapata.

Este podía ser el último día de mi vida y era muy consciente de ello.

Oí un ruido de pisadas sigilosas que se acercaban hacia donde me encontraba, me había intentado ocultar tras una columna que había cerca del corcho de los anuncios, sabía que si alguien pasaba por ahí iba a verme, llevaba un puto pantalón de chándal gris marengo, eso era claro de cojones, yo acostumbraba a ir de negro y el día que necesitaba camuflarme entre las sombras, llevaba un puñetero chándal dos palmos más largo y que se veía a la legua.

Me pareció distinguir un sonido que se acercaba hacia mí, como de tela rozando contra una pared.

No me cabía duda de que no era la única persona que se encontraba en ese pasillo.

Apreté los puños expectante, dispuesta a volver a usarlos si hacía falta, el corazón se me había desbocado en el pecho y tal vez podría perforarlo y salir volando hacia un lugar seguro.

El desconocido pasó junto a mí caminando a hurtadillas y no me lo pensé, el que golpea primero golpea dos veces, me lancé sobre el intruso y lo tiré al suelo de un empujón.

Me preparé para echar a correr, pero el desconocido me cogió por el tobillo y me hizo caer de bruces sobre el suelo.

Se subió sobre mí a horcajadas, mientras me sujetaba las manos para evitar que le golpeara. De golpe el agarrón se aflojó un poco y pude oír una voz conocida.

—¡¡Emma!!

—¿Joel?

—¿Qué narices haces tú aquí? —preguntó Joel, quitándose de encima mio e incorporándose para ayudarme a levantarme a mí también.

—¿Cómo que qué hago aquí? ¿Qué haces tú aquí? —me levanté y aparté a Joel de un empujón —No deberías estar aquí, tendría que estar con Alexia por ahí dándote el lote o durmiendo la mona, no deberías estar en el instituto.

—Deduzco que tú sí tienes motivos para estar aquí —me observó con los brazos cruzados sobre el pecho.

—Pues sí, los tengo y te aseguro de que no son nada buenos.

—Lo imagino. La puerta de entrada está bloqueada con una cadena y he encontrado un charco de sangre en el otro pasillo.

—¿Un charco de sangre? Ángel ha ido hacia ese pasillo hacia un buen rato —encaminé mis pasos hacia el pasillo por el que había desaparecido Ángel minutos antes, esa sangre podía ser suya.

Un ruido sordo me hizo detenerme de golpe. Vi con estupor cómo Joel se encontraba en el suelo inmóvil y al segundo noté un puñetazo en el estómago.

Me doblé de dolor, había visto en muchas películas cómo la gente se golpeaba y peleaban, pero nunca antes había sido golpeada de esta forma. Escupí notando cómo la bilis asomaba por mi garganta.

Ante mí vi la máscara de la Purga.

—Hola Emma —saludó la voz grave de Aarón —me alegra ver que por fin te unes a la fiesta —se acercó a mí y me levantó el rostro por la barbilla —eres aún más bonita de lo que recordaba.

Quise decir algo, aunque no podía articular palabra. Aarón había tumbado a Joel de un solo golpe y a mí me había dejado doblada del dolor. Estaba aterrada y Ángel se había perdido Dios sabe dónde. La cosa no podía ponerse peor.

—Acompáñame —invitó Aarón encaminando sus pasos en dirección al gimnasio, mientras con una mano arrastraba a Joel de una pierna por el suelo del pasillo —no quiero tener que volver a golpearte.

Movía los setenta y pico kilos de Joel como si nada, era realmente muy fuerte.

—Tus amigos te esperan y aún podemos unir a este también a la fiesta.

Le seguí en silencio, observando sus movimientos lentos y seguros. Me dolía muchísimo el estómago y me daba la sensación de que todas las buenas ideas se habían aterido en mi cerebro, no era capaz de pensar de nada.

Oscura seducciónHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora