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Enero. Año 2000.

Luego de ese día, Matthew y yo nos hicimos mejores amigos. Algo que notaba es que Matthew era muy callado y retraído, más cuando estaba con su madre u otras personas. Sin embargo, conmigo sonreía y era parlanchín. Ambos podíamos jugar con los juguetes del otro, podíamos reírnos, podíamos expresarnos tal cual éramos. No temía mostrarle mis gustos y mis pensamientos.

Mamá estaba alegre de que me llevara bien con el hijo de la Señora Harrison, pero a la vez me regañaba por no tener amigas mujeres. Sin embargo, no me importaba. Matthew era mi único amigo y yo estaba bien con eso.

Ya no me sentía sola, nunca más.

Matthew era un buen chico: alegre, sensible y protector. Amaba las cosas simples y artísticas, tenía talento para las manualidades y amaba tanto los libros como yo. Compartimos el gusto por el romance y eso me encanta.

Sin embargo, siempre podía notar su triste mirada, sobre todo cuando venía de hablar con su madre. Él casi no hablaba del tema, pero las veces que lo hacía me decía muchas veces la pésima relación que este tenía con ella: siempre exigiéndole hacer un deporte "masculino", ser "más varonil y fuerte", ser "un hombre".

Debía ser "perfecto y correcto". Alguien que pueda "un ejemplo de la comunidad".

Pero... jamás lo fue y eso lo hacía discutir mucho con ella. Matthew jamás lograba estar a la expectativa de ella y eso lo ponía triste. Incluso me contó un secreto muy personal.

La Señora Harrison siempre ha dicho que su esposo murió hace mucho, pero en realidad la dejó por su personalidad tan conservadora y se fue del país. Tal vez por eso simpatizó un poco con mi madre y su situación.

El divorcio dejó muy mal a la señora, lo que llevó a distanciarse de su familia, sobre todo, de su querida hermana y su sobrino. Matthew me dijo que él era su mejor amigo y que, aunque se escriben en secreto, lo extraña mucho. Me dijo que sería muy feliz si nos conociéramos algún día y ser amigos los tres.

Todo estaba bien, hasta que entramos a la preparatoria.

Fue cuando nuestra paz comenzó a romperse.

Por desgracia, no nos tocó juntos en el mismo salón, pero decidimos pasar tiempo en los almuerzos y tiempos de estudio. Sin embargo, poco a poco, notaba como Matthew empezaba a evitarme o me ignoraba.

Perdóname, AmigaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora