Cuatro meses después.
Celeste.
La pequeña Maricela quiso vivir junto a Mauro, ahora ya no le tiene miedo a los hombres y es muy cariñosa con todos excepto con Joshua porque bueno, ya saben que el tipo no es precísamente alguien amable pero ha cambiado desde que está con su mamá.
La hemos traído al colegio antes de que nosotros nos fueramos a la universidad.
—¿Pusiste mi tarea de matemáticas? —Le preguntó a Mauro.
Abrió más los ojos y negó.
—No... La olvidé en el cuarto de tareas.
—¡Papá! —Se quejó asustada—. ¿Qué haré?
—El abuelo José va a traerla en un rato —Le dije para tranquilizarla.
—Cada que viene el abuelo José una maestra se le queda viendo y la abuela Lorena se enoja.
Me reí asintiendo.
—Lo importante es la tarea, mi princesa —Le dí un beso en la frente—. Te amo, nos vemos en la mansión.
—También te amo, mami —Me dió un beso en la mejilla y después a Mauro—. A ti también, papá aunque se te olviden mis cosas.
—No es intencional.
Me bajé con Maricela para llevarla hasta la entrada del colegio y estaba el profesor guapo. Me acomodé rápido el cabello y saludé amablemente.
—Buenos días.
—Buenos días, señorita Celeste —Dijo nervioso.
—Te portas bien y no comas dulces, más tarde el tío Alonso te llevará a la feria.
—Está bien, mamá —Dijo antes de meterse.
Quise coquetear un poco con el profesor pero Mauro me agarró de la cintura para llevarme de vuelta a la camioneta.
—Deja de coquetear —Dijo molesto y el chofer arrancó.
—No estaba coqueteando —Me crucé de brazos.
—Luego te enojas de que la profesora de química casi se me sienta en las piernas.
—Esa idiota es capás de pasarte de año con tal de que la folles.
—Y no estaría mal...
Le pegué antes de que siguiera hablando.
—Vete a follar entonces con esa zorra —Miré hacia la ventana dándole la espalda.
Sentí su dedo acariciar mi pierna, subiendo mi falda y luego besó mi cuello.
—Amo tus celos, me hace querer follarte con fuerza y meter mi miembro a tu boca para que te mantengas calladita —Susurró en mi cuello.
—Espera —Volví a mirarlo—. ¿Qué piensas de que Maricela te diga papá?
—Pues que es una niña muy linda.
—Tu me habías dicho que no quieres tener hijos.
—Pero es diferente porque no soy su papá verdadero.
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