Mauro.
—Levantate, ya es tarde —Me dijo Maricela mientras me movía brúscamente.
Ésto me pasa por despertar así en varias ocaciones a Celeste.
—Cinco minútos más —Le pedí agarrándola para que se durmiera conmigo.
—¿No me quieres registrar? —Preguntó tranquila.
—¿Qué día es hoy?
—Veintisiete de Agosto del año dos mil veintitres...
Me levanté rápido que casi caigo de la cama.
—Mamá va a matarnos, quedamos en que llegaríamos puntuales —Dije llendo por mi ropa—. Salte, me cambio rápido.
Bufó levantándose y al salir azotó la puerta.
Estuve cerca de caerme por no mantener el equilibrio al ponerme el pantalón pero después de unos minútos logré estar listo.
Al salir bajé rápido las escaleras y ví a Joshua junto a Jessy.
—¿Están Natalia y Matías? —Preguntó Jessy.
—Deben estar en la habitación de mi hermano —Respondí mientras buscaba a la niña.
—¡Vámonos yá! —Gritó Maricela desde afuera.
—Debo irme, los veo luego —Avisé antes de salir corriendo.
Nos subimos a la camioneta y arranqué.
—¿Mamá no te ha llamado? —Preguntó mientras sacaba granola de la pequeña bolsa que traía.
Sonreí negando. Es igual a Celeste.
Revisé las bolsas de mi pantalón y maldije mentalmente.
—No traje el móvil —La miré preocupado.
—Que conste que yo te estuve desper... —Guardó silencio cuando frené en el semáforo y vió a una niña vendiendo dulces.
—¿Maricela? —La llamé para atraer su atención pero no funcionó.
Miró las barras de granola que traía y bajó el vidrio para hacerle señas a la niña de que fuera hasta nosotros.
—Toma, son deliciosas —Le dijo entregándole las barras.
—Gracias... —Quedó boquiabierta al ver un libro...
Mierda, era el libro que Joshua le daría a Natalia.
—A mi me encantan los libros —Dijo la niña admirándolo.
Maricela lo agarró y leyó el título.
—Besar a un Ángel... —Lo analizó y frunció el ceño—. ¿Por qué está tan bien cubierto? Es como si fuera una joya.
—Es una joya —Aclaré tratando de quitárselo pero no dejó que lo agarrara.
Miró a la niña y luego miró el libro.
«No lo des, Maricela, los libros estan muy caros y Joshua es capás de matarnos si se entera que lo regalaste»
Empecé a sudar imaginando el libro en manos de la niña que anda vendiendo dulces.
—Ya está en verde, papá —Avisó Maricela antes de colocar el libro en su lugar y se dirigió a la niña—. El libro es de mi tía Natalia y suerte en tu día.
Dejé salir el aire y sonreí.
—¿Cómo supiste que el libro es de Natalia? —Pregunté.
—En la parte de atrás dice que si no eres Joshua o Natalia no toques el libro...
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