Capítulo 24

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Natalia.

Corrí a los brazos de Matías y me abrazó con tanta fuerza como si me fueran a alejar de él.

-¿Estás bien? -Preguntó antes de besar repetidas veces mi rostro.

-¿Qué está pasando? -Pregunté mirando fijamente sus ojos.

-No sé, mi amor pero debemos salvar a nuestra familia

-¿Y Robert?

-También se lo llevaron -Dijo como si fuera el culpable.

-Bien... -Puse los brazos en jarras-, lo primero que haremos será ir a la mansión.

-¿A qué?

-Mauro le puso un rastreador a Celeste y de seguro podemos averiguar en dónde están todos si buscamos entre las cosas de Mauro.

Sonrió dandome un beso en la boca.

-Vamos, Damisela.

Me agarró de la mano para subir a su auto. Se supone que no nos veríamos en una semana y ahora estamos juntos pero no por una buena razón.

-¿Y Joshua? -Pregunté.

-No puedo localizarlo, le he llamado pero no responde -Dijo antes de mirarme y centrarse en mis labios.

-¿Qué?

-Me deseas.

-No empieces, Matías.

-Eres tú la que empieza por morderte el labio.

Solté mi labio de repente y me puse roja.

-Te odio...

-Perdón, tienes razón, debemos concentrarnos.

Me recargué en su hombro mientras él conducía y cuando llegamos a la mansión me agarró las manos.

-Pase lo que pase no te alejes de mí a menos de que te lo pida -Dijo casi en súplica.

-La única manera en que me pedirías que me aleje de tí sería porque estamos en peligro pero no lo haré -Besé sus manos-, o vivimos los dos o morimos los dos.

Acarició mi mejilla asintiendo.

-Si, mi amor, será como digas, la líder eres tú.

-Tú también eres el amo -Le guiñé un ojo antes de salir del auto.

La mansión tenía muchos impactos de bala algo que me provocó mareos.

Agarré la mano de Matías para que entraramos juntos y me cargó al subir las escaleras.

No puede ser que ni en los momentos más serios pueda dejar de ser tierno.

Llegamos a la habitación y la computadora estaba desbloqueada.

-¿Qué esperas? -Le pregunté a Matías.

-Yo no sé nada de ésto.

-Es tu hermano, debiste aprender algo de él.

Se rascó la nuca y negó con la cabeza.

-No creo...

Bufé sentándome y comencé a teclear.

-¿Sabes lo que haces? -Preguntó Matías.

-No...

Se sentó en mis piernas para ayudarme y cuando encontró la opción ambos sonreímos

-Está en Colombia -Afirmó mirándome.

Fruncí el ceño al notar que en el mapa se marcaban más puntos rojos y luego un mensaje:

A Tu LadoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora