Capítulo 30

343 35 0
                                        

Celeste.

Natalia se quedó boquiabierta al ver el Jeep negro estacionado enfrente de nosotras.

—Es... ¿Tu Jeep? —Preguntó sorprendida.

—Sí, se quedó en el garaje de Diego junto con tu auto.

—¿Segura estás bien?

—Sube, tenemos mucho por hacer.

Me subí del lado del conductor y ella junto a mí.

La traje en la plaza donde comimos nuestro primer sandwich y yo terminé vomitándolo.

Eran casi las dos de la tarde así que me decidí por llevarla al colegio donde estudiábamos.

—Hace mucho que no pasamos tiempo juntas —Le dije antes de acelerar y se rió. Si recuerda lo mismo que yo.

—Perdón, ser líder es casi un fastidio.

—Está bien, guapa, sólo olvídate de todo lo que eres y concéntrate en mí.

—Me agrada la idea.

Llegamos al colegio y cuando bajamos me miró con tristeza.

—¿A qué me has traído? —preguntó tratando de controlar su voz.

Me giré hacia ella y le sonreí antes agarrar sus manos.

—Te lo diré más tarde, ahora, recuérdame a dónde me iba para saltarme la clase de matemáticas.

—Allá —Señaló la cancha donde entrenan los del equipo de futbol.

Vimos a algunos chicos correr mientras el entrenador les daba instrucciones.

—Es el mismo, don pelón aún no se va —Le dije a Natalia y se rió.

—No está viejo, aún aguanta varios años más.

—¿Te acuerdas cuando me castigaban y tenía que llegar más temprano? Eran los peores días porque no pasaba por tí a tu casa.

—Ingrid se molestaba porque la hacías caminar.

—Lo siento, cumplir con tareas no era lo mío.

—¿Ya me dirás qué hacemos aquí?

—No —Agarré su mano para que camináramos hacia donde tenemos vista de un mini comedor—. Ahí comíamos y hablábamos de lo mal que nos caía Valeria.

—La puta con cuerpo de gallina —Sonrió—. Nunca imaginé que yo la mataría.

Me reí emocionada por esa acción.

—Me hubiera gustado verlo pero lo importante es que ya no está...

—Pero si era tu amiga...

—Qué asco —La interrumpí.

Miré cada detalle del colegio recordando cuando Natalia y yo salíamos rápido para no estar más tiempo ahí.

—Te invito a comer, los estudiantes ya están por salir y no quiero verlos.

—¿Por qué?

—Se enamorarán de mí y soy prohibida —le guiñé un ojo.

Se rió cuando le agarré la mano para subir de nuevo al Jeep.

—¿Qué vamos a comer? —Preguntó.

—Tortas —Las busqué en la mochila y saqué una para dársela a Natalia.

—¿Tortas? —Preguntó sacándola de la servilleta.

—Claro, tu papá ya te acostumbró a pura comida fina pero pruébala, es de jamón, tiene aguacate, quesillo, mayonesa, rajas y jitomate.

A Tu LadoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora