Capítulo 17

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Natalia.

Cuando Diego salió por Katheryn dejé a mi hermano al cuidado de Mauro y Celeste para poder llevarme a Matías a mi habitación aprovechando que nuestros papás ya estaban ebrios.

Íbamos subiendo las escaleras cuando sentí que me cargó.

-Tengo prisa, mujer -Dijo al terminar de subir y corrió hacia mi habitación.

Entramos y le puse el pestillo para que nadie molestara.

Se deshizo de la corbata, el saco y la camisa para mostrar su abdomen.

-Bésalo -Ordenó agarrando un puño de mi cabello para acercarme.

Le pasé la lengua y me safé de su agarre.

-Una vez me contaste que en el pasado los Cooper abusaban de los Dupeyron -Le dije mientras deshacía el nudo de mi vestido y lo dejé caer al suelo para quedarme en ropa interior.

-¿A qué viene eso ahora? -Se quitó el pantalón.

Su bóxer ya estaba manchado del líquido preseminal, el miembro se veía grande y grueso a través de la tela pero se estaba asomando.

-Voy a vengar a los Dupeyron -Levanté una ceja.

Frunció el ceño.

-¿Vengar? Tu no eres una Dupeyron.

-Te guste o no llevo sangre Dupeyron y tu raza siempre humilló a la mía.

-¿Qué cosas dices, Natalia?

Me acerqué a él y lo tomé con fuerza por el cuello.

-Ha llegado el momento de que una Dupeyron le ordene a un Cooper.

Finalmente se dió cuenta de mi juego y sonrió perversamente.

-¿Crees poder dominarme?

-Estoy segura de eso. Será fantástico que teniendo sangre Dupeyron pero el apellido Tanaka pueda ordenarte lo que quiera.

Me jaló de la cintura con fuerza para que sintiera su erección en mi vientre.

-Adelante, mi ama, estoy listo para obedecer -Dijo en susurro cerca de mi cuello.

Lo abracé para sentir su espalda, tocarle las nalgas metiendo las manos bajo su boxer.
Nos quitamos el calzado y me animé a hablar más.

-Arrodíllate -Le dije en el oído.

Lo escuché pasar saliva antes de obedecer.

Me quité el calzón de encaje que tenía al igual que el sostén y puse mis piernas sobre sus hombros.
Creí que no me aguantaría pero lo hizo como si no le costara nada esa posición.

Suspiré acercando su cabeza a mi interior y sólo pasó la lengua.

-Hazlo bien, Matías o tendré que castigarte -Le dije hechado la cabeza hacia atrás.

Sentí cómo enterraba los dedos en mis nalgas mientras su lengua acariciaba mi punto sensible. Su punta era magnífica, tocaba con la suficiente presión y sus dientes lograron atrapar un poco de carne pero no dolió, se sintió jodidamente delicioso.

-Levántate y haz sentadillas mientras... Continúas haciendo esto... -Le dije sin pensarlo.

Me hizo caso y sentí los músculos de sus hombros cuando se puso de pié.

Sentí que tocaba el cielo cuando comenzó a bajar y subir sin dejar de tocar mi interior con su lengua.
Era algo nuevo y extraordinario sentir sus músculos con mis piernas, las manos apretando mis nalgas y un placer inmenso abajo.

A Tu LadoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora