Jeff estaba dentro de la patrulla, un poco frustrado porque al final, todo había sido una falsa alarma. Harrison estaba furioso. Hablaba por teléfono. Jeff estaba agradecido de tener los vidrios arriba y no escuchar los gritos. Se preguntaba si aquella chica valía la pena. Aún tenía el fólder en sus piernas, pero no quería abrirlo. Había sentido algo extraño en el estómago. Y eso le aterraba. Trataba de analizar lo que sabía.
1. Ahora era un supuesto espía.
2. Debía encontrar a esa chica, o el sujeto "97-0A" y entregarla a Harrison.
3. Quizá a Jeff le gustaba.
Sólo un poco, pero lo hacía. Tenía algo que la hacia parecer misteriosa. Y por lo que había escuchado en la patrulla, ella era egoísta, precisa, inteligente, cruel, despiadada, misteriosa, y... seductora. Era linda. Las fotos no mentían. Jeff tomó la primer foto. En ella, estaba una niña de unos catorce años con el cabello ondulado hasta la cintura, ojos turbios, y un labio algo partido. Sostenía el cartel que les dan a los criminales antes de entrar a prisión... y en él sólo pudo encontrar una fecha y el código con el cuál la conocían:
19 / 12 / 1997 "SUJETO 97-0A"
Jeff pasó a otra fotografía que parecía ser una escena del crimen. Y lo que vio le heló la sangre. Era una especie de sala para interrogar, como las que solía ver en las series de televisión y las películas. Las paredes blancas estaban manchadas de sangre y agujeradas por balas. Había tres cadáveres en el suelo. Dos hombres con uniforme militar, y una mujer grande con ropa formal. El informe estaba debajo: 20 / 4 / 2009, Escena principal, sala A23, dos militares heridos de bala, una en la cabeza y otra en el corazón, respectivamente. Líder de la ODEYA (Organización De Espías Y Asesinos) fractura de tráquea.
A Jeff le costaba creer lo que leía. Por entonces, el sujeto "97-0A" apenas tenía catorce años. Y había baleado a dos militares entrenados, y le había roto el cuello a la líder de una organización. Las demás fotografías también eran escenas del crimen. Uno más sádico que el anterior. A la chica la catalogaban como suicida y psicópata. Y a Jeff le parecía todo menos eso, pero las fotos no podían mentir. Y los informes tampoco. Aquella información era clasificada, pero a él le llamó la atención el hecho de que en ningún momento se mencionara el nombre de la chica. Los datos acerca de su infancia y adolescencia eran vagos. Sus padres habían trabajado para la agencia, Eric y Natalie Shields, en el área de operaciones especiales. Natalie era una informática, y Eric, un asesino. Natalie estaba muerta, pero Eric estaba desaparecido. Jeff se sorprendió cuando su cerebro comenzó a trabajar. Y llegó a la conclusión de que Eric posiblemente había entrenado a su hija, lo cuál era todavía un poco peor, pues en el expediente del asesino había encontrado cosas terribles... Al parecer le había infundido a su hija el gusto por la sangre.
Jeff dio un brinco cuando Harrison abrió la puerta del auto y subió. -Regresamos a las instalaciones. Tu entrenamiento no puede esperar más- sentenció. Jeff dejó el fólder sobre el tablero de la patrulla. -Es una amenaza potencial... En verdad necesita a alguien mejor calificado- susurró él, temiendo la reacción del Jefe. Harrison lo miró con atención. -¿Acaso contraté a un cobarde?- preguntó, sabiendo que eso sería una herida en el orgullo del chico. Jeff negó con la cabeza, consternado. Aceptar que tenía miedo sería terrible para su reputación. -No, Señor- contestó, al final. Harrison suspiró, y sonrió. -Buen chico. Lo harás bien. Y cuando tenga a esa perra en prisión, te honrarán con medallas, nombrarán algún edificio con tu nombre, ascenderás a los más altos cargos, y serás el héroe de todos- le dijo a Jeff, para alimentar el ego del muchacho.
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Erin se levantó con mucho trabajo de la cama. Estudió por última vez el cuaderno en el que tenía la información que su padre le había proporcionado. Lo había recibido un año atrás de manos de un espía de Eric. Eso la había sacado de sus casillas. El simple hecho de estar siendo vigilada le daba escalofríos. Tomó su mochila y sacó el maquillaje y la peluca rubia que había usado para rentar la habitación. Necesitaba ir a una biblioteca pública para conocer el lugar que marcaban las coordenadas en código morse del cuaderno. Esa era la última anotación que tenía. La memorizó y quemó el cuaderno. Se maquilló los ojos, exagerando las sombras, se pintó los labios de color rojo, y se puso la peluca. Se vistió con unos pantalones de mezclilla y una blusa con una frase estampada: "No soy una pieza de sus juegos", la había sacado de su libro favorito, porque definía exactamente su vida. Se calzó unos tenis de lona color negro, y salió de la habitación. Caminó por las calles abarrotadas de gente, cuidando no ser vista por una cámara de seguridad. El mensaje de su padre había sido muy claro: "Esta noche es tú única oportunidad" . Y ella sabía que no podía fallar. Caminó con la cabeza gacha, pero no de manera sospechosa, sino cómo una adolescente cualquiera. Llegó a una biblioteca pública, y sin llamar mucho la atención, caminó hacia el área de computación. Se sentó en la última fila, en el último ordenador, y buscó las coordenadas en Google Maps. El resultado que obtuvo fue un salón de baile. Erin estaba confundida, pero sabía que su padre nunca se equivocaba, así que abrió una pestaña en modo privado, e introdujo cuatro palabras en el buscador: FBI SALÓN DE BAILE. Dio Enter, y aguantó la respiración. Los resultados fueron claros y precisos. Esa noche se celebraría una fiesta de gala privada en el salón de baile The Bowery Ballroom, únicamente para altos mandos del FBI. Entre los invitados estaban Benedict Whiplash y Killian O'Hara, su víctima. Borró el historial de búsqueda y cerró todas las pestañas. Se levantó de la silla, sintiendo ardor en cada músculo de su cuerpo debido a su entrenamiento. Erin sabía que toda la red de Internet de Nueva York estaba siendo vigilada por el FBI por ella. La estaban buscando. Y esas palabras que había ingresado habían sido como una señal de humo. Salió de la biblioteca y aumentó la velocidad de sus pasos. A la entrada de la biblioteca había una cámara de seguridad. Cuando Erin estuvo bien lejos de ahí, se quitó con mucha discreción la peluca, y la arrojó a un contenedor de basura. Se quitó el maquillaje, y se pasó por un carrito de Hot-Dogs. Se odió por hacerlo, pero para protegerse, se tiró mostaza en la playera para ocultar la frase. Continuó caminando hacia el hotel mientras se alimentaba. Por la posición del sol, intuyó que eran las dos de la tarde. Le quedaban 5 horas para conseguir un atuendo para la fiesta de gala. Sonrió al descubrir que saldría de ahí poco más que millonaria.
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Harrison observaba el entrenamiento de Jeff. Lo estaban capacitando para que pudiera portar un arma. El chico lo estaba haciendo de maravilla. Su celular sonó. Se alejó del campo de entrenamiento para silenciar el arma de Jeff. Contestó y le hirvió la sangre al escuchar la voz de Benedict. Puso toda su energía en contestar amablemente. -¿Si?- preguntó. -Esta noche habrá una fiesta para los peces gordos... ¿Vas a ir?- contestó la voz de Benedict con tono sarcástico. Harrison conocía perfectamente esas fiestas, en dónde siempre salía a relucir su error. Ni de chiste iba a acudir. Inventó una excusa, al igual que todos los años en esas fechas. -No puedo acudir... Voy a revisar unos documentos pendientes, y supervisaré el entrenamiento del nuevo recluta- respondió y luego colgó. Al final de cuentas en esas fiestas nunca pasaba nada interesante.
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La Última Jugada
AksiyonMi padre me dice que esto es un juego de Ajedrez. Que el mundo es el tablero, y que la organización y nosotros somos las piezas. Apuesto a que estoy en el lado blanco, aún cuando mis manos están llenas de sangre. Aún cuando a mis espaldas solo hay m...
