Eric había caminado bastante hasta llegar a los límites de Minnesota. Ya era de día, y estaba cansado. Sin embargo, no podía descansar. Necesitaba encontrar a alguien antes de continuar la búsqueda de su hija. Cruzaba los bosques verdes. Muy diferentes a los bosques helados dónde vivía. Las capas de ropa que llevaba encima comenzaban a acalorarlo. Deseó ropa nueva. Quizá café y un sofá en donde recostarse. Las botas que llevaba comenzaban a ser molestas después de todo el camino. Justo cuando pensaba en sentarse a descansar, frente a él apareció una cabaña muy grande y elegante. Afuera de ella había un auto último modelo. "Estúpida gente rica" pensó. Recordó cuando su vida era parecida. Preparó su rifle. Se acercó a la entrada y por el vidrio de la puerta pudo observar a una pareja de ancianos sentados en un sofá mullido, viendo la televisión. Una pantalla plasma enorme. Eric no tuvo la necesidad de forzar la cerradura. Entró con sigilo, y se quedó justo detrás de la pareja. Estaba claro que no podía asesinar a los dos al mismo tiempo. Entonces disparó primero a la mujer. El hombre se sobresaltó con los ojos abiertos como platos y antes de que pudiera gritar, Eric le disparó. Dejó el rifle y la mochila en el suelo. Se quitó la chaqueta, y la dejó en un perchero. Aún llevaba otros dos suéteres, pero quería descansar en el sofá, y la única manera de hacerlo era retirando los cadáveres que ya comenzaban a sangrar. Los cargó uno por uno y los llevó a una de las habitaciones. Cerró la puerta, y entonces se dirigió a la cocina. Puso café en una cafetera, y mientras estaba listo, entró al baño. Había toallas de algodón, jabones aromáticos, cepillos, rastrillos, corta uñas... Todo lo que no había usado en un buen tiempo. Abrió el agua, sintiendo el calor. Raras veces tomaba baños calientes. Se desvistió observando las cicatrices de su cuerpo musculoso en el espejo. Suspiró, y se metió bajo el chorro de agua caliente. Después de lavarse a conciencia, se amarró una toalla en la cintura, y recorrió la cabaña. Le gustó. Todo con clase. La cafetera avisó que estaba lista. Arrastró sus pies hasta la cocina, tomó una taza y la llenó del líquido oscuro. Bebió y sonrío. Ya extrañaba el sabor del café. La cafeína entró a su sistema. Abrió el refrigerador. Comió todo lo que pudo hasta que su estómago se llenó. Su primera comida decente en meses. Se recostó en el sofá, sintiendo todo el dolor de su cuerpo. Sus piernas, los pies, los brazos, la espalda. Encontró un control en la mesa de café. Lo tomó y pulsó uno de los botones creyendo que era de la tele. Se sobresaltó al escuchar la voz de una mujer. Pero sólo era el equipo de estéreo que estaba a sus espaldas. Subió el volumen, y volvió a recostarse. Orinoco Flow de Enya lo arrulló y se quedó dormido. Ya lo tenía merecido.
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A Erin se le cerraban los ojos justo cuando entraba a Jacksonville, en el estado de Arkansas. Había conducido toda la noche. Era un milagro que el auto aun funcionara. La gasolina se había terminado hacia ya veinte minutos. De haber sido por ella, se hubiera quedado en Forrest City. Sin embargo, su siguiente víctima estaba en Jacksonville. Louisa Banks. Se removió en su asiento, incomoda. Ya no sentía el trasero, y quería orinar. Aparcó el auto en el primer hotel de paso que encontró. Bajó y alquiló una habitación. Después regresó al auto, y abrió la cajuela. Jeff salió como resorte a respirar. -¿Qué día es hoy? ¿En dónde estamos? ¡Siento que llevo años ahí adentro! ¡Necesito orinar!- exclamó, mirando a todas partes. Erin sonrió a pesar de que sus ojos le ardían por las lagrimas que había derramado. Comenzó a sentirse un poco segura ahí. -Estamos en Jacksonville. Sólo llevas 15 horas ahí. Y si quieres un baño, tu te alquilas tu habitación. En 20 minutos te quiero en ese parque de allá- comentó ella y dijo lo ultimo señalando un parque lleno de arbolitos y banquitos que quedaba justo frente al hotel. Jeff la observó confundido, y al parecer, adormilado. -Tengo... Hambre- se quejó. La chica puso los ojos en blancos. -Hay un restaurante en el hotel, pero recomiendo que no comas nada hasta después de tu entrenamiento- le dijo. Jeff se estiró. No sentía su cuerpo. Asintió con la cabeza, y luego observó a Erin alejarse. Entró a la habitación 78. Él arrastró sus pies hasta llegar a la recepción. Había una chica muy guapa ahí. Se detuvo en seco, y sacó su billetera. Cinco dólares no serian suficientes. Se preparo mentalmente para usar sus encantos masculinos.
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La Última Jugada
AzioneMi padre me dice que esto es un juego de Ajedrez. Que el mundo es el tablero, y que la organización y nosotros somos las piezas. Apuesto a que estoy en el lado blanco, aún cuando mis manos están llenas de sangre. Aún cuando a mis espaldas solo hay m...
