Dios Todopoderoso,
Las buenas noticias no tardan en llegar.
Juan a venido a visitarme hoy a la casa presbiteral. Se excusa por no haber aparecido en los últimos días pero al menos ha venido a avisarme y me da su palabra de que pronto atenderá su promesa.
Hoy en la tarde después de un paseo corto regresé a la sacristía y me encontré con Blanca que salía enfurruñada, mascullando algo inteligible.
— ¿Qué hubo Doña Blanca? — Le saludé de pasada.
— Padre Acosta — me dijo mirándome con severidad —He pasado por su habitación para dejarle unas toallas y he notado que ha cambiado usted la cama de posición.
— Sí Blanca. La coloqué mejor para que pegue el viento por la ventana. Hace mucho calor en la noche.
— Al Padre Capellán nunca le hizo falta hacer semejante cosa y durmió en ese mismo cuarto veinticinco años.
Imaginé que a Doña Blanca le estaba costando un poco adaptarse a mi nueva presencia en la iglesia pero intenté tranquilizarla con los mejores modos.— No se preocupe Blanca. Es solo cuestión de gustos.
La señora hizo una mueca con la cara de desaprobación y acto seguido espetó,
— Esa reconstrucción que quieren hacerle al campanario no debería llevarse a cabo. El Padre Capellán planeaba terminar de derrumbar esa torre y poner en su lugar un foco eléctrico.
— No se preocupe Blanca — la calmé —. Se puede reconstruir el campanario y al mismo tiempo colocar un foco para que ilumine la entrada. Así quedaremos todos contentos.
La mujer bajó la mirada inquieta y luego a regañadientes añadió, —Le dejé un cuenco con caldo cruzado en la encimera. Era el favorito del Padre Capellán y se lo hacía religiosamente todas las semanas.Para mantener la salud, usted sabe.
Su amabilidad después de todo me conmovió.
— ¡Por Dios, que agradable sorpresa! Y dígame, ¿qué es un caldo cruzado?
Blanca sonrió por primera vez desde mi llegada.
— ¡Ay! Ustedes los de la Capital no conocen la buena mesa. Así mismo era el Padre Capellán cuándo llegó al pueblo, solo que él estaba aún menos familiarizado con todo porque venía directo de España.
La dejé que divagara en sus recuerdos y esperé su respuesta; pero en cambio Doña Blanca hizo una larga pausa, hallo que rememorando los tiempos de su juventud. Los ojos se le iluminaron y creí ver en ellos un dejo de nostalgia. Tosí intencionalmente para que regresara a nuestra conversación. Ella enseguida retomó el hilo y con dulzura respondió
— Un cruzao' es una sopa con un buen surtido de verduras y una cantidad generosa de diferentes carnes.
— Suena de calidad — respondí animado.
— Vaya y coma antes de que se enfríe.
— Gracias Blanca. Le agradezco enormemente el gesto, pero no se preocupe mucho. Yo me cocino cualquier cosa.
— ¡Sino es gesto! — Respondió exaltada —. Yo siempre le cociné al Padre Capellán. Con él esto formaba parte de mis obligaciones. Lamento no haberlo hecho desde su llegada y sé que ha pasado un buen tiempo ya, pero entienda usted que las confianzas se ganan y hasta entonces no ha estado usted muy conversador.
Su sinceridad me dejó desconcertado. Una tesorera no está sujeta a servirle al cura de la iglesia, al menos que sea de su propio beneplácito y el gesto de traerme esta comida se me hacía como una invitación a su amistad, si acaso una oportunidad de ser recibido en su corazón.
— Enserio Blanca — insistí. No es una obligación. La relego de sentirse comprometida pero aprecio enormemente su amabilidad.
— Bueno Padre es que es la costumbre. El deber ser. Mas bien dispense usted por que no lo hice antes.
— Blanca, ¿me permite que la tutee?
— Sí Padre. Como guste.— Escúchame. Cuando quieras me conscientes y yo con mucho gusto lo voy a recibir, pero ya no es necesario que te esfuerces tanto.
Blanca me miró de hito en hito y por eso añadí: — El Padre Capallán menciona en el cuaderno que es indispensable que no se le den cargas demasiado pesadas a la tesorera, pues ha hecho una labor de honrar durante más dos décadas y se merece la máxima consideración.
— ¿Enserio dice eso? — respondió abrumada.
— Sí,y está subrayado.
— Bue...bueno, Padre la verdad que no sé que decir.
— Cuando quieras te muestro el cuaderno para que lo leas con tus propios ojos.
— Estoy muy sorprendida de verdad — dijo apretujándose las manos
— Mire,— habló lentamente — tengo una hija que últimamente me está dando dolores de cabeza y la verdad es que estoy considerando... ya sabe, pasar mas tiempo en casa para poder echarle el ojo.
— Es lo correcto Blanca. ¿Que edad tiene su hija?
— Diecisiete,recién cumplidos.
— ¿Y qué es lo que sucede?
— Anda rebelde, que quiere irse del pueblo y esas cosas. Aquí a todos los jóvenes les da por ahí de vez en cuando, que si quieren estudiar, que si quieren ver mundo; pero la mayoría terminan quedándose.¿Para dónde van a ir? ¿Con qué dinero ? Al menos aquí tenemos nuestra parcelita y yo con mis gallinas, mis patos y mis flores le ofrezco una vida tranquila. No sé, digo yo que hasta que se case, Dios mediante.
— ¿Por qué no la traes a la iglesia el domingo? Voy a preparar una ceremonia para la juventud del pueblo. Anímala, en la Palabra de Dios siempre encontrará consuelo y una guía para su vida.
— ¡Ay Padre! ¿ No le digo que está rebelde? No me hace caso, además nunca le ha gustado venir a la iglesia, — añadió — para mi gran pesar.
— Entonces dile a tu marido o a sus hermanas que la convenzan. Tal vez en familia le venga bien.
Blanca carraspeó y al instante bajó la mirada.— Yo...yo...Soy madre soltera, Padre. Mi Neida es hija única.
Aprecié desde mi espíritu la vergüenza de la mujer. No quise indagar más y simplemente me aventuré.
— No te preocupes Blanca. Voy a buscar la oportunidad de conversar con tu hija e invitarla personalmente a la iglesia. Estoy seguro que el amor de Dios puede despejar hasta los mas intransitables parajes, mas aun acunar a tu niña y ayudarla en su camino.
La pobre mujer asintió cabizbaja y dejó la sacristía.
Señor, te pido con fervor: Ayúdame a fortalecer corazones y plantar la semilla de tu sabiduría.
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YO CONFIESO (BORRADOR)
General FictionSoy el párroco asignado a este variopinto y caluroso pueblo. Mi fe y mi entrega a Dios constituyen la fuerza y la razón de mi existir; pero desde que llegué a este lugar tan lleno de intrigas y tentaciones se han quebrantado mis cimientos y se ha a...
