Sueños de un hogar. (Absol)

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Cada sueño termina con un suspiro, el primer aliento de la mañana en el cual somos conscientes de que ya estamos despiertos.

Escuchamos las alarmas sonar y lentamente abrimos los ojos a un mundo distorsionado por el cansancio. Aunque el deseo por dormir sea genuino, decidimos levantarnos y seguir con la mañana, más cuando otra persona depende de nosotros para empezar el día.

Un suspiro prolongado es lo que sale de los labios cansados de Lara, aquella absol que descansaba sobre una cama que hace algún momento estuvo ocupada por su amante, un hombre algo joven que se fue a trabajar un par de horas antes.

Al fondo, se escuchaban otras alarmas, despertadores para el par de gemelos que dormían en una habitación al fondo del pasillo. Lara entonces empieza su rutina, estirándose un poco sobre el colchón, usando su hocico y sus patas para devolver el orden en la cama, ordenando las sabanas, el cobertor y subiendo las almohadas que habrían caído la noche anterior.

—Vaya madrugada —Aclaro mientras veía la habitación, ya más ordenada y limpia, pero con un objeto muy fuera de lugar tirado en el piso a unos centímetros de la cama.

Si bien, nosotros conocemos a Lara, su pareja y su pareja de gemelos, para el resto de personas en este mundo, todo esto era un secreto, como se podran imaginas es por la controvertida relación entre un humano y su pokemon, aunque ahora sean más frecuente que hace algunos años, para ella era importante que sus hijos no tuvieran problemas debido a su origen, algo que recordaba en todas esas ocasiones que le tocaba recoger un preservativo usado del suelo.

—Romulo y Remo no pueden tener hermanos —Se recordó en voz alta antes de tomar aquel "globo" por su nudo para tirarlo luego en el bote de basura que había dentro del baño de la pareja.

—Ni siquiera ellos pueden saber que soy su madre —Suspira resignada antes de quitar su pata de aquel pedal que le permite abrir el bote —No más bebés, ni cariños en publico, soy la mascota de una familia abandonada por su madre.

Lara se lamentaba constantemente lo que pasaba en su vida, recordando de vez en cuando aquellos primeros meses de su familia, durmiendo en un closet para disimular el llanto de sus recién nacidos, aprendiendo a preparar biberones para que las pocas visitas no la vieran amamantalos o evitar jugar con sus gemelos, pues la especie de los absol aún es mal vista por las personas, siendo el símbolo de las catástrofes y las desgracias, ver que ella estuviera cerca de unos niños hacia que muchas personas se alarmaran y hasta la apartaban de sus hijos debido al supuesto riesgo.

—No soy la madre perfecta, pero soy mejor que muchas allá fuera —Se respondió mientras caminaba fuera de su habitación, acomodándose en un colchón para mascotas que estaba a medio pasillo.

Ahí fingiria dormir unos minutos, esperando que sus hijos salieran para ir a la escuela, o en el caso de algunas mañanas, lista para ir a rasguñar la puerta, avisando que ya se les haría tarde.

Por hoy y para alegría de la protagonista, fue el primer caso; Romulo y Remo eran dos jovencitos de alrededor de los ocho años, cursaban sus primeros años de primaria en la escuela local y ella los acompañaba a la puerta de la escuela, vagaba por ahí a veces hasta que ellos salieran o regresaba a casa, daba igual a fin de cuentas, en ambos escenarios ella estaba sola y angustiada por no estar con sus hijos, con esos que tenían un particular pelo blanquecino con un mechón blanco que iba de la frente hacia atrás de la cabeza, recordando de alguna forma al aspecto de su madre "secreta"

—Papá dijo que podemos comprar algo de camino para el almuerzo, que el desayuno estaba en el horno.

—¿No fue al revés? —Lara presto atención a la discusión que ambos llevaban, quizás había encontrado por casualidad algo para hacer el día de hoy.

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