Lilith observaba el espejo mágico desde su improvisado trono en la nave de la catedral. Los trozos de cristal que flotaban en el aire frente a ella, mostraban la imagen de dos humanos y un gran lobo negro caminado por los pasillos que llevaban al subterráneo. Reconoció a uno como el ser que había logrado confundir a su vástago unos minutos antes, e inmediatamente dio la orden de acabar con ellos. Los tres demonios que convocó para la tarea, atacaron de inmediato. El primero en caer, fue el molesto humano a quién el Ángel de la Muerte no logró asesinar. Luego cayó el híbrido, y finalmente el otro humano, cuya sangre se derramó por el suelo tras ser atravesado por la enorme garra del demonio manco, no sin antes volar parte del rostro del ser mitad pez. En ese momento, el lobo se incorporó y atacó al monstruo de una sola mano. El otro humano también recobró la conciencia y disparó al demonio de dos cabezas, pero falló y terminó siendo estrangulado por sus tentáculos. Lilith sonrió. La amenaza había sido eliminada. A su lado, el Ángel de la Muerte observaba la escena, en silencio. Sus ojos estaban puestos en los espejos, pero su mirada parecía perdida. Las imágenes reflejadas en los cristales, habían despertado algo en él, una especie de zumbido, como un desagradable mosquito revoloteando entre los espacios de su cerebro. Y mientras Lilith disfrutaba del espectáculo, en la cabeza del Ángel de la Muerte también se llevaba a cabo una intensa lucha contra recuerdos y sentimientos que no le pertenecían. Su martirio inició justo en el instante en que el monstruo de ojos saltones atacó al gran lobo negro y este lanzó un alarido. Al oírlo, el recuerdo de un niño híbrido muy mal herido y recostado sobre un colchón mohoso, invadió su mente.
—No tienes que hacer todo por tu cuenta, no estás solo...
El sonido de un disparo lo trajo de vuelta a la realidad. Su atención regresó a los espejos justo en el momento en que uno de los humanos era atravesado por la larga y afilada garra del demonio manco. La imagen de un sujeto moreno en delantal de cocina se dibujó en su cabeza.
—¡Bienvenido a casa! ¡El desayuno está servido!
La escena se esfumó tras el sonido de un nuevo disparo. Los cristales frente a él mostraron a otro humano siendo asfixiado por los enormes tentáculos de un demonio de dos cabezas. Su rostro había adquirido un color azul ceniza y sus brazos y piernas dejaron de luchar. Estaba muriendo. Mas justo en el instante en que perdía la conciencia a causa de la falta de oxígeno, sus labios se movieron, y de ellos salió un sonido imperceptible, excepto para el Ángel de la Muerte, quién oyó la palabra como si fuera un trueno atravesando su conciencia.
... Jeonghan...
Al oírlo, su corazón emitió un latido que estremeció todo su cuerpo. La imagen de sí mismo recostado sobre una cama, siendo acariciado y besado por un chico de cabello negro, un humano, apareció en cabeza.
—¿Realmente te gusto?
—¡Por supuesto que sí! Es más. Creo... creo que estoy enamorado de ti. Realmente te amo, Jeonghan.
Un nuevo latido estremeció su cuerpo.
...Jeonghan...
Lilith estaba tan complacida observando la escena sobre los espejos, que para cuando notó el extraño comportamiento de su hijo, ya era demasiado tarde. Antes de que pudiera retenerlo, el Ángel de la Muerte desapareció de su lado, y un instante después estaba en el pasillo del sótano, en donde cercenó el cuello del demonio de dos cabezas con un golpe certero y limpio de su espada. El humano que era aprisionado por los tentáculos del monstruo cayó pesadamente sobre el suelo y tosió. Estaba vivo.
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Seungcheol cayó sobre el duro piso de baldosas que cubría el pasillo, y tomó una gran bocanada de aire. A su lado, rodaron las dos cabezas del monstruo que hasta hacía dos segundos lo estaba asfixiando. Aún medio inconsciente, observó sobre sí, y lo que vio, lo dejó pasmado. Frente a él se encontraba Jeonghan, o más bien, El Ángel de la Muerte. Su mano derecha sujetaba una larga y delgada espada de la cual goteaba un líquido verde y viscoso. Su vista estaba fija en Seungcheol, observándolo. Su expresión en el rostro era extraña, muy similar a la que mostraba unas horas antes, cuando se encontraron por primera vez, fuera de la catedral.
—Jeonghan... —murmuró Seungcheol, atónito.
Al oír el nombre, el rostro del Ángel se crispó, y un nuevo latido remeció su cuerpo. Pero no tuvo tiempo de procesarlo pues el alarido del chico lobo desvió su atención. El demonio manco había enterrado su largas garras en el ya sangrante abdomen del híbrido y lo lanzó contra uno de los muros, cayendo pesadamente sobre el suelo. No volvió a levantarse.
—¡Wonwoo! —gimió Seungcheol.
El monstruo dio un paso hacia él, alzando su mano afilada para acabar con su presa, más fue detenido por un certero corte de espada que partió su cuerpo en dos. Después de eso, hubo un segundo de absoluto silencio, en donde lo único que se oía, era borboteo de líquido verde que goteaba desde la punta del arma del Ángel. Seungcheol lo miraba boquiabierto. Los había salvado, El Ángel de la Muerte había impedido que los demonios los asesinaran, a él y a Wonwoo y Mingyu. Eso solo podía significar una cosa. Seungcheol se incorporó. Su movimiento puso en alerta al recién llegado, quien empuñó su arma y apuntó directamente al corazón del humano, en señal de ataque. Seungcheol se detuvo en seco. Luego inspiró profundamente.
Si hubiera querido matarme, ya estaría muerto.
Sus ojos se encontraron con aquellos ojos negros como la noche más oscura, pero esta vez, no se perdió en las tinieblas. Fue entonces cuando lo supo. Lentamente alzó su mano izquierda y la posó sobre la espada, empujando suavemente hacia abajo para poder acercarse un poco más. El Ángel de la Muerte no se movió. Su mirada estaba fija en el rostro de Seungcheol. Parecía asustado. Seungcheol alzó su otra mano, y la alargó lo suficiente para rozar la piel de la mejilla del Ángel. Era fría como el hielo, pero seguía siendo igual de suave que la primera vez que la acarició. El cuerpo del Ángel se estremeció al sentir el contacto de la mano del humano, y una lluvia de recuerdos ajenos invadió su atormentado cerebro. Cogió su cabeza con las manos, intentando acallar las imágenes de un pasado que no le pertenecían. Parecía sufrir un dolor indescriptible. Así que Seungcheol lo rodeó con sus brazos y lo atrajo hacia sí.
—Jeonghan... —murmuró Seungcheol —sé que estás ahí, en alguna parte. Por favor... regresa... regresa a mí...
Poco a poco el cuerpo del Ángel dejó de temblar, y las voces de su cabeza se apaciguaron. Bajó sus manos y se quedó allí, inmovil, y en silencio.
—Te dije que te mantuvieras alejado de mí, estúpido humano.
Seungcheol sonrió, y las lágrimas brotaron de sus mejillas.
—Creo que voy a tomar el riesgo —sollozó.
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DEVIL SIDE [TERMINADA]
Fiksi PenggemarChoi Seungcheol es un profesor de primaria que acaba de mudarse a la ciudad. Adaptarse a su nueva vida ha sido sencillo, hasta que conoce a su guapo, misterioso, y extremadamente sexy vecino. ⚠️Contiene referencias sobre as3s*natos, s*xo expl*cito...
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