Dolor.

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Narra Ally

No sabría como explicarlo. Habíamos conseguido avances y retrocesos. La sangre era de ayuda, pero sus efectos positivos se desvanecían mucho más rápido de lo que queríamos. Cuando la tomaba mi pulso se ralentizaba muchísimo incluso a veces no lo notaba, me era más fácil controlar mi don o mantener los agudizados sentidos de vampiro. Sin embargo a las horas se pasaban los efectos, y cuanto más tardaba en volver a tomarla mi aspecto se desmejoraba, mi cara se marcaba a veces, me cansaba, tenía latido, podía llorar y respirar de manera natural. Incluso llegué a experimentar hambre humana por comida normal y corriente.

Carlisle descubrió en una de las tantas pruebas y revisiones que la sangre activaba el metabolismo de vampiro, pero las otras dos partes iban de la mano y era difícil combatirlas o prolongar los efectos que queríamos. Esto parecía cada vez más un callejón sin salida. Había partes de mi cuerpo heladas y otras a una temperatura que solo he descubierto en Jacob desde hace mucho tiempo.

Jacob. Le conté que Isac estaba por aquí y al igual que Edward no le agradó demasiado. Me resulta curioso que a ambos no les guste porque nunca ha sido un impedimento en ningún sentido. Aunque bueno a Jacob casi lo mata, pero fue desintencionado.

La noche que Carlisle nos propuso salir a cazar Edward y yo tomamos camino juntos y cada uno con su respectiva pareja. Cazar en grupo no era la mejor opción ya que al final no íbamos a ir todos a por un mismo ciervo, oso, puma o lo que fuera.

Yo creía aquella noche que me vendría bastante bien cazar y alimentarme de sangre directa del animal. Pero como había dicho mis habilidades estaban algo deterioradas.

No conseguía ser ni la mitad de rápida, fuerte y sigilosa que Edward.

Nos subimos a uno de los altos pinos para tener mejor visibilidad, y era Edward el encargado de eso también porque mi visión nocturna claramente estaba atrofiada.

-Ya no valgo para nada eh...-dije entre risas.

-¿Cómo que no? Que estés rota no significa que no valgas para otras muchas cosas,-dijo bromeando.- puedes pasar de vampiro a lobo en una simple transformación. Eso jamás lo hará nadie.

-Bueno, si romperme todos y cada uno de mis huesos en unos minutos es una simple transformación entonces sí.

-Quería suprimir esa parte, pero bueno, igual algún día puedes hacerlo como Jacob. Quién sabe.

-¿Te refieres a transformarme de un salto mortal para enfrentarme a otro lobo? No sé porque pero lo dudo.

-Siempre sentiré repulsión por ese chico. Y mira que ha hecho muchas cosas por nosotros que le agradezco.

-Bueno a él tampoco le vas a agradar nunca, y menos ahora...

Edward esbozó una sonrisa ladeada. -Por eso si que estoy orgulloso, no te voy a mentir.

-¿Siempre ha sido así?-pregunté en cierta duda.

-A ver, ha habido de todo, desde enfrentamientos hasta unirnos mano a mano. Hubo una época que no fue tan mala, por respeto a Bella, pero siempre pasa algo, o a él conmigo, o viceversa o mutuamente.

-Que raros sois.

-No es ser raro. Pero por circunstancias de la vida yo he tenido siempre lo que él ha querido, y al final nos acabamos enfrentando por una cosa u otra.

-Vaya... ¿es cosa mía o se te han subido los aires?

-¡No! A ver no me malinterpretes, yo también he tenido que cargar siempre con su presencia. Es decir, yo sé que para ti Jake es... mucho. Igual que lo era para ella, y siempre por una cosa u otra ahí está él. No sé cómo lo hace, voy a tener esa duda eternamente.

-Jacob engancha. Es algo extraño que aunque no quieras te atrapa con su inocencia y su bondad. Te mira de una manera tan pura que jamás quisieras dejar eso atrás.

Y justo entonces de un momento a otro todo se torció. Edward estaba en un lado del árbol y yo en el otro, conversando.

-Dios mío necesito bajar.- Le dije cuando un dolor empezó a agobiarme. Rápidamente me ayudó y nada más poner los píes en el suelo caí al suelo debilitada, mis piernas no reaccionaban.

Quizá si hubiera cazado no me habría pasado nada pero estaba débil aún y sentí un dolor muy intenso en todo el cuerpo. Él no tardó ni una décima de segundo en agarrarme por la espalda apoyándome en sus piernas. Con cara de susto y preocupado sin apenas saber que decir me agarró la cara con una mano para que le mirara.

-Escúchame no cierres los ojos, ¿vale?

Yo asentí con la cabeza como pude. Pero me era difícil, sentía un mareo muy fuerte y un dolor muy intenso.

-Mi cabeza...-conseguí pronunciar. Edward me inspeccionó rápidamente sin saber que hacer.

-¡No! ¡No puede ser! ¡Ayuda!-gritó repetidas veces.-¡Ayuda!

Nadie le oía. A mi cada vez me costaba más mantenerme despierta. Entonces escuché un crujido. Pensé que había sido una rama hasta que escuché otro y el dolor se agudizó. ¿Me iba a convertir de nuevo? Esto no podía ser posible.

Pero justo en ese momento nos encontraron. Y tras una rápida explicación Edward me agarró como pudo y nos fuimos a casa rápidamente.

Ayúdame. (Edward Cullen) Parte 2Donde viven las historias. Descúbrelo ahora