Sentada en la silla que se encontraba a lado de la cama de Mario, tenía sus ojos cerrados, su respiración estaba tranquila y eso me hacía sentir tranquila también a mí, no había dejado de llorar desde que él entro al hospital, el médico dijo que afortunadamente la navaja no había logrado perforar ningún órgano y que se pondría bien con el tratamiento y cuidado adecuado, estuvo toda la noche dormido y aún seguía sin despertar, una de las enfermeras me dijo que no tenía que asustarme, que seguramente se debía al medicamento que le habían puesto. Mary se encontraba en camino, al parecer Dania se había quedado dormida y eso le había dificultado un poco moverse.
Yo tenía una leve marca en mi muñeca debido a la fuerza que Martín había empleado al agarrarme, tomé la mano de Mario con sutileza y dejé un beso en ella, después la recargue en mi mejilla para sentir un poco de su calor.
T;N: mi hermano tuvo razón cuando me dijo que la vida se estaba encargando de recordarnos lo corta e impredecible que es.- suspiré.- perdóname sí en algún momento te hice sentir mal, yo también quiero casarme contigo cuánto antes y poder ser feliz cómo tanto lo he esperado, quiero preparar el desayuno junto a ti y abrazarte cada noche de invierno, esperar a que llegues del trabajo y poder sentarnos a comer juntos, sí, si quiero vivir todo eso contigo.
Mario: ¿de verdad?- su voz sonó ronca, levanté rápidamente mi rostro y lo miré, sus ojos estaban débiles pero me miraban, tenía una sonrisa que me había iluminado el día, me puse de pie y comencé a besarlo sin detenerme, sentía que él estaba sonriendo y que incluso reía, su mano acarició mi cintura y después tomo mi mejilla para pedir que le diera un beso en los labios, sentí la calidez de estos sobre los míos y a su vez el agua salada que corría por mis mejillas, que inoportunas.
T;N: ¿estás bien? ¿necesitas que llame al médico o algo?- él negó enseguida y tomó mi mano.
Mario: ¿te entregaron mi ropa?- asentí.
T;N: me la entregaron en una bolsa, pero no revise si estaban todas tus pertenencias.- mordí mi labio inferior y él sonrió.
Mario: ¿puedes traerme el...- soltó un quejido y acarició la parte de su abdomen que había sido herida.- el pantalón que está ahí.
T;N: pero no puedes vestirte aún, el médico no ha dicho cuándo te darán de alta.- suspiré.- además de que no puedes hacer ningún esfuerzo o tu herida puede abrirse.
Mario: no haré ningún esfuerzo, cariño, solo que tengo que revisar sí tengo lo que mi madre me había dado hace unos días.- asentí, caminé hasta donde se encontraba un pequeño armario y saque la bolsa que la enfermera me había entregado, se la pase a Mario y él se encargó de sacar lo que había dicho.
Mario: ¿puedes traerme un poco de ese papel que está en la pared?- asentí, me dí la vuelta y deslicé la manivela para comenzar a cortar un poco de ese papel, al girarme me encontré con Mario extendiendo su mano hacia mí, había una pequeña caja de color negra que contenía un anillo brillante. Lo miré incrédula, sosprendida y con el llanto apunto de desbordarse, él sonreía con esfuerzo pero con mucha sinceridad, me senté a su lado y lo miré, sus ojos desbordaban un sentimiento increíble y me llenaba el corazón de alegría, sé que él lo deseaba tanto cómo yo.
Mario: quizás no es el momento adecuado porque estoy en un hospital y porque tendría que haber sido en algún lugar hermoso, que encajara con tu belleza.- suspiró cansado y continuó.- aunque sí te digo un secreto.- sonrió mientras sacaba el anillo y me lo colocaba en el dedo anular.- te he tratado de poner este anillo desde que te secuestre en mi oficina.- burló pero enseguida se quejó, entonces coloqué mi mano sobre su abdomen con delicadeza, él se encargó de limpiar las lágrimas que mojaban mis mejillas.- nunca te diste cuenta, incluso tu padre miró que yo te pedí matrimonio hace semanas, te pedí también cuándo Marco le hizo la sorpresa a Marian, te pedí matrimonio cuándo hicimos el amor y te lo pedí cuándo hablabas tranquilamente con mi madre, todos han sido testigos de lo mucho que anhelo casarme contigo y que sí por mi fuera, tú y yo ya estaríamos casados desde hace tiempo.
T;N: te amo, te amo, te amo.- me incliné para comenzar a dejar besos en toda su cara, podía sentir que él sonreía.- y por supuesto que sí, acepto casarme contigo, acepto vivir a tu lado desde hoy, estoy dispuesta a todo para que seamos una familia feliz y que juntos podamos darle el amor que merece nuestra hija,
Mario: te prometo que daré lo mejor de mi para ser el hombre que tú mereces y el padre que nuestra bebé necesita.- acarició mi mejilla con una sonrisa.- lamento que por culpa de terceros hayamos perdido tanto tiempo, sin embargo, haré hasta lo imposible para recuperar cada segundo perdido.- ambos nos miramos por unos segundos mientras sonreíamos, las lágrimas resbalaban por la comisura de su ojo y otra más por encima de su nariz, acaricié su barbilla y me acerque para darle un beso, él aceptó gustoso, podía sentir cómo sus labios temblaban mientras se acariciaban con los míos.
Mario: te amo, más que a mi vida y más que a nada.- susurró sobre mis labios y después acaricio mi mejilla, lo amaba de eso estaba segura y ya no tenía miedo de empezar una vida junto a él.
