13. La caricia de coclearia.
Sirius se sentó con ojos coquetos que se desviaban cada cierto tiempo hacia James, pero este había adoptado una actitud indiferente. El hombre no era de impartir control porque eso le traía recuerdos agrios de su matrimonio con Lily, pero no evitaba que se frustrara ante emociones del pasado que entorpecían su presente.
En la enfermería solo Harry animaba a Sirius y eso porque la otra opción era cuestionarle porque había atacado a Snape, y el mago en toda la crueldad de su juventud jamás ofrecería misericordia al director. Había un rechazo natural y un poco cuestionable entre ambos.
Algunas pociones le fueron presionadas en las manos y no tuvo advertencia antes de que la varita de la medibruja se agitara sobre su cara.
Madame Pomfrey fue un poco menos cariñosa de lo habitual al curarlo porque conocía después de años de trato sus juegos, por supuesto esto fue convertido en una ventaja en las manos siniestras del hombre.
Aulló lamentablemente y permitió que sus ojos claros se llenaran de una suave película de humedad antes de mirar con expresión triste a su novio. Este acto cayó bajo los ojos astutos de James, pero no importa cuanto supiera que Sirius solo fingía, estaba indefenso ante ese rostro.
Dejo de mala gana que la indiferencia cayera poco a poco y no sin algo de renuncia extendió una mano que el otro agarro felizmente.
Black levanto las cejas con aire de secreto entendimiento hacia Harry, que le reía las ocurrencias con la misma leal fraternidad que su padre llevo en juventud.
Al otro lado Snape se burló mientras sostenía en soledad la comprensa que Poppy le había dado.
Esa era la forma en la que aquella pareja funcionaba, uno siempre estaría ocupado recogiendo pedazos del otro como si solo el caos y la dependencia los hicieran permanecer unidos. Y ahora además tenían la deprimida joven versión de Potter para disfrutar de su corrupta pantomima hogareña.
Miro a su propia mujer que se extraviaba en cavilaciones tan profundas como amargas y un poco de envidia despertó en su corazón. Por aquellos días Lily solo tenía mente para su antigua familia o lo que esta debió haber sido sin la interferencia de Voldemort.
A Severus su relación comenzaba a desmoronársele bajo la premisa de que toda su felicidad conyugal no radico más que en un terco sueño que debió haber superado tiempo atrás, porque tal vez para empezar jamás tuvo que relacionarse con Lily después de Halloween y la guerra.
Pero Severus nunca había querido nada tanto como quiso a Lily Evans y ni siquiera la sangre de su primogénito borro la obsesión. Cuando el matrimonio Potter se debilito por el duelo y el odio, no pudo mantenerse al margen.
James Potter fue abatido y se redujo a un espectro encadenado en una cama, apenas como el recuerdo del gallardo Gryffindor tan bueno que lidero a sus amigos corriendo y bromeando en Hogwarts.
Su cuerpo estaba herido y tal vez nunca iba a sanar supo por Lily y en aquel tiempo se permitió sentir un poco de lastima. No por Potter que ya no se enteraba de nada sino por Black que, aunque ya no hubiera futuro se esmeraba imaginando uno.
La lealtad era lo único que podía admirar de él.
En las extrañas veces que Black abandonaba la casa Lily aprovechaba para pasearse frente a la cama, asegurándose de que su esposo no olvidara que Harry había muerto y que parte de culpa jugaba en eso su mediocridad.
Nunca entendió porque en el dolor Lily encontró como escape torturar a Potter en su lugar. Severus estuvo a su alcance para ser maldecido, casi deseoso de recibir alguna penitencia que lo ayudara a aligerar su conciencia. Pero ni ella dijo demasiado ni Dumbledore permitió que fuera juzgado, incluso Black solo tuvo cabeza para mantener vivo a James.
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El castillo en nunca jamás
Fiksi Penggemar[ El reflejo no era un sueño, sino la pesadilla de lo no destinado a ser.] Su vida trató sobre deber. Desde el nacimiento hasta la muerte fue un periodo de caos destinado a nutrir su sacrificio, lo sabía y estaba bien con eso. Pero ¿por qué al morir...