14. De Aracne la tejedora
Determinado día el castillo amaneció ataviado en espuma y serpentina. Los murciélagos encantados revoloteaban sobre sus cabezas y algunas armaduras se plagaron de arañas que anidaban como hormigas a la tierra. Había calabazas pudriéndose en cada rincón e incluso la comida se había vuelto vulgar y menos refinada, con tanta azúcar que cada niño en Hogwarts le había desarrollado cierta repulsión.
Pero con todo esto nadie parecía tan feliz como los fantasmas residentes, que pululaban por los pasillos y salones meciéndose a un ritmo espectral único en alegrar almas difuntas.
Harry ignoraba el sentido de muchas cosas que estaban pasando. No entendía en realidad porque la calabaza era tan importante o lo atractivo de la espesa tela de araña que el guardabosques había traído especialmente del bosque. Siendo sinceros, estaba un poco asqueado de esta última.
Aun así, guardo silencio porque un espíritu eufórico había poseído a todos y tanta felicidad siempre terminaba por contagiarse. Aunque debiera revisar cada rincón para Ron y aplastar arañas por él (porque o si no tendría que consolarlo más tarde) comenzaba a comprender un poco del encanto de Halloween.
Nadie sabía del miedo de Ron y tampoco quería que se enteraran, así que Harry se había pasado el día cocido a él como una extensión de su propio cuerpo. Saltaba sobre cada araña que se aproximara a su perímetro y sádicamente la abatía antes que cayera en los ojos de su amigo.
A Harry tampoco le gustaban mucho. Eran feas y peludas, pero se había acostumbrado durante años a ese tipo de trabajo desagradable y Ron eran un dulce niño de paz, no debía obligarse a hacer cosas que no quería.
Cuando Sirius lo capturo iba al salón de pociones para esperarlo, y ni dos segundos después lo arrastraba a sus habitaciones mientras reía perrunamente cual bandido.
Era el primer Halloween en mucho tiempo que la familia dejaba el duelo. Un evento fuera del común en el que normalmente Black trasnocharía en vigilia silenciosa, para que James no se matará o el mismo matara a alguien más.
Sirius reacciono a esta oportunidad volviéndose más loco que de costumbre. Se arrastro por el castillo cargando montañas de tela fina y alfileres, con sus ojos obsesivos girando llenos de ideas y emoción.
Entonces cuando llego con Harry a remolque James solo se sentó junto al fuego a contemplarlo con una sonrisa cariñosa. Durante la noche había estado tan emocionado que no lo dejo dormir, casi escalaba por las paredes ahogándose en euforia y James sabía que no era Halloween lo que le hacia tan feliz sino la libertad de al fin poder serlo.
Levanto al joven al vuelo y antes de que entendiera que pretendía envolvió su cuerpo en una cinta métrica.
─Cachorro engordaste. ─opino sugerentemente. Tanteo confianzudamente cada rincón del cuerpo de su hijo.
La cintura fina se torció con un espasmo acalambrado de risa. Sirius entrecerró los ojos con aire de erudito y calculo, luego evaluó las caderas un poco más prominentes.
─jeje.
Harry miro de forma complicada la sonrisa de Sirius, que le pellizcaba el vientre suave.
─¡Papá!
Al otro lado James dejo de estudiar una tela de encaje y ladeo el rostro indefenso hacia ellos. Se acerco con el ceño fruncido y extendió una mano para también pincharle el abdomen.
─Si estas más gordito. ─evaluó apreciativamente. Harry se revolcó como una lombriz.
Por primera vez en más de lo que podía recordar Harry se veía saludable. Sus mejillas habían adoptado un encantador tono rosa y en los lugares en lo que solo había habido hueso ahora se encontraba algo de carne. Sirius y James se sentían tan felices que lo apretujaron un poco más.
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El castillo en nunca jamás
Fanfiction[ El reflejo no era un sueño, sino la pesadilla de lo no destinado a ser.] Su vida trató sobre deber. Desde el nacimiento hasta la muerte fue un periodo de caos destinado a nutrir su sacrificio, lo sabía y estaba bien con eso. Pero ¿por qué al morir...