Epílogo
En el número 12 de Privet Drive existía una modesta familia de tres. El padre trabajaba desde temprano en una compañía de taladros, y la madre era muy capaz en sus tareas hogareñas. Lamentablemente ninguno tenía un carácter amable del que sus vecinos pudieran estar satisfechos; ni siquiera su hijo, aún joven, era una criatura de trato fácil.
Los Dursley tenían un sobrino al que todos pensaron más pequeño que Dudley, pero que cuando ambos iniciaron el colegio terminó yendo en el mismo grado. Supusieron que solo tenía una constitución pequeña como su tía, que era muy flaca y bajita.
Harry Potter (así se llamaba) era un chico respecto al cual la gente no se ponía de acuerdo. Algunos le tenían bastante lastima, pero también había quienes lo consideraban muy extraño.
Era silencioso, espeluznante y analítico. Siempre iba por todos lados mirándote fijamente, como si pudiera verte el alma con esos ojos escandalosamente verdes. Parecía haber vivido más de lo que le correspondía, y a la gente eso no le gustaba.
No era un mal chico, todo lo contrario. Soportaba sin quejas la negligencia de su familia y hacía cada trabajo que su odiosa tía le encargaba. Pero ese aura extraña de saber mucho no compaginaba con la vida tranquila de Privet Drive.
Potter se tomaba muy en serio todo lo que sus maestros tenían para enseñarle, y puede que por esto quizás la escuela era un raro lugar en donde fue siempre bien recibido. A todos los profesores les gustaba un niño que se esforzaba tanto aprendiendo.
Pero aunque los adultos allí estaban a gusto con él sus compañeros no, entre ellos Harry desentonaba tanto como con los Dursley. Simplemente no compartía esa ingenuidad, a veces cruel, que los niños tenían.
De todos modos esta situación no duró mucho, porque cuando el chico cumplió once años comenzaron a llegar cartas invitándolo a un colegio extraordinario. Sus tíos, que eran bastante ordinarios, no estuvieron de acuerdo porque simplemente no querían verse para nada involucrados con cosas de maravillosa extravagancia, ni aunque poco o nada les costará involucrar al niño con sus raíces.
Sin embargo para los magos lo que una pareja de muggles (así es como correspondia denominar a los seres sin magia, según las costumbres de este nuevo mundo) tuvieran que opinar sobre la educación de un niño mágico tan importante como Harry, poco interesaba.
Aunque resulta que los magos podrían haber hecho mucho más por Potter de lo que entonces hicieron. Por supuesto lo ayudaron a defender su derecho de nacimiento para ir a Hogwarts y esto fue una gran cosa, pero como adultos y autoridades mágicas finalmente fallaron, porque Harry continuaría viviendo precariamente por mucho tiempo más.
Aunque en todo caso a él no le entusiasmó ni afectó tanto como debería esta noticia. Seguía con una expresión aburrida como la que tienen aquellos que ya están cansados de las sorpresas. Si hubo un cambio realmente importante en él, este sería cuando finalmente se encontró en el castillo. No cuando vio todo el oro en su bóveda o los trucos graciosos de la magia, sino cuando estuvo ante un castillo familiar y el rastro de una persona muy familiar.
En el tren de camino a Hogwarts, después de conocer a un muchachito pelirrojo e ingenuo que consiguió suavizar su expresión con algo parecido a la ternura por primera vez, sacó un pañuelo viejo de esos pantalones que le quedaban grandes.
Ron se quedó mirando porque entonces creía que todo en ese niño famoso era extraordinario y digno de observar. Pero resulta que Potter no hizo nada asombroso con él, ni siquiera sonó su nariz, solo pasó lentamente el pulgar por encima una y otra vez.
Una costumbre similar al gesto distraído que Ron veía hacer a su padre, cuando toqueteaba su anillo de matrimonio cada vez que pensaba.
Aún así no pensó que era extraño, ya había decidido que sería su mejor amigo.
Fue solo finalmente después de cruzar el lago y escalar las escalinatas de piedra de la entrada al castillo, el rostro pálido del niño se iluminó bajo una sonrisa siniestra. Un pequeño brillo pícaro nacía en él, en lo que miraba los alrededores y daba con diferentes detalles.
Dumbledore se llevaría una sorpresa más tarde, cuando notara que la capa de invisibilidad de James Potter había desaparecido. De todas formas las reliquias de la muerte solo pueden existir una vez y entonces Harry ya se encontraba presente en ese mundo.
De la misma manera el profesor Quirinus Quirrell hallaría una anormalidad en el parásito habitante de la parte trasera de su cabeza. Alguien, después de aturdirlo, le había ahorrado la molestia de tener que tratar con él.
A Tom no le hacía gracia compartir mundo con otros fragmentos de alma, ni que estos resultaran una amenaza para la versión rejuvenecida de su esposo. Y mientras este disfrutaba de lo que era una educación propiamente tal, después de más de ciento treinta y dos años de juegos y romance, él se dirigió a la prisión de Azkaban.
Debía conseguir la aprobación de su suegro, nuevamente. Pues sin contar el mundo al que viajaran, no podía dejar que el romance y las tradiciones murieran.
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El castillo en nunca jamás
Fanfiction[ El reflejo no era un sueño, sino la pesadilla de lo no destinado a ser.] Su vida trató sobre deber. Desde el nacimiento hasta la muerte fue un periodo de caos destinado a nutrir su sacrificio, lo sabía y estaba bien con eso. Pero ¿por qué al morir...