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El amor de los villanos

Los besos de Tom eran como él: posesivos y rabiosos. A Harry le dolieron los labios, pero lejos de quejarse correspondió con el mismo ahínco. Desesperados el uno del otro, y más que llenos de amor, de furia, se apretaron y recorrieron con las manos.

Ese no era un beso de amantes, sino que el campo de batalla de aquellos destinados a encontrarse cada vez, y ninguno daba tregua. A través de la tela Harry sentía los músculos del hombre temblar bajo sus dedos, y cuando esa lengua ingobernable recorrió su boca se derritió en un gemido que los labios de Tom sellaron gustosos.

Las manos fuertes lo sostenían por la cintura, con delicada ternura aún en la impaciencia por sentirse, empujándolo contra su virilidad.

No había nada nuevo en ello, era parecido a un reencuentro largamente esperado. Aunque todo fuese una experiencia de la que cada uno habría renegado de llegar a ser cuestionados, en el pasado.

Tom retrajo los dedos, como si le picaran por introducirse bajo la ropa de Harry. Pero el otro ya le había tomado por las muñecas.

─¡Oh, alma mía! ─susurro acaloradamente, acariciando con la boca húmeda el costado de su rostro. Un tentador frenesí─ Debo sentirte y saber que me perteneces.

Harry le puso una mano sobre el pecho, y sintió su corazón alborotado. Tom lo miró, con los labios entreabiertos, el cabello desordenado y la mirada hambrienta.

Ante él, en Harry nacieron deseos que nunca había tenido. Estuvo pronto a saltar sobre Tom otra vez, pero sólo la sensatez cultivada por toda una vida le detuvo.

─¿Me haras suplicar? ─interrogó Tom con la voz ronca. Harry sabía que él jamás haría tal cosa, antes lo doblegaría para acabar con su resistencia. Tom no reconocía tal debilidad, ni siquiera ante él.

Sostuvo la mejilla del hombre con una mano, y trazó dulcemente su piel. Tom frunció los ojos, como si juzgara contentarse o no con esa virtuosa muestra de afecto.

─Solo va a pasar cuando yo quiera. ─susurro Harry.

Eso era lo único que podía sostener. Entre ellos todo era una competencia, y Tom tenía continuamente la ventaja; si Harry podía mantener su postura sería una pequeña victoria que gozaría tanto como esas caricias.

Tom sonrió con frustración y encanto, la terquedad ingobernable de Harry tal vez fuese una de las cosas que lo hacían amarlo tanto.

─Dejame besarte otro poco entonces, prometo no sobrepasar los límites qué me has impuesto tan cruelmente.

Y Harry rió de forma encantadora mientras Tom lo abrazaba, ¡Que tonto hacía el amor a las personas!

Tom besó devotamente su rostro y cuello, su propia expresión risueña a la par que la de Harry. Le murmuró palabras rápidas que más parecían cargadas de magia que de promesas, pero es que el amor de ellos desde el inicio era incorruptible y poderoso; para nada otra demostración pueril del sentir humano. No había nada común en la relación que ellos mantenían, eran un par pero también uno solo.

─Las personas comienzan a dejar el campo, Canuto y Cornamenta echarán en falta a su hijo. ─la voz prudente de Remus Lupin llegó a ellos con un retintín travieso. Y el conocimiento de su presencia fue todo lo necesario para retener sus pasiones recién descubiertas.

Lupin no dijo que Sirius y James estaban en peor estado que ellos (siendo separados por la horrorizada profesora McGonagall) sucumbidos a la pasión y entregados el uno al otro; pero es que si hay algo que los licántropos tienen es buen oído y no le parecía justo tener que oír la lujuria de su sobrino. Ojalá nunca tuviera que haber escuchado lo mucho que el profesor de defensa lo deseaba, porque aunque era un pacifista su catastrófico instinto lo llevaba a querer desprenderle la yugular a Tom Riddle. Lo que no era algo muy bueno... Para Riddle.

El castillo en nunca jamásHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora