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Vayalat de la Sombra


Vayalat la Grande.

Había tantos misterios sobre ella como noches en el tiempo. Sobre su origen, sobre su trato con la Sombra, sobre cómo llegó al continente y sobre cómo logró hacerse con una corona y un reino. Lo que se decía sobre ella y sobre la historia del reino estaba tan manipulado por quienes escribieron los registros, que bien Vayalat pudo haber sido solo una mujer ordinaria que podía hacer un poco de magia o la forma física de la Sombra en el mundo.

Nunca se sabría y no era algo que preocupara a sus descendientes.

Ellos adoraban a la Sombra y, como todos los descendientes de sangre de Vayalat, poseían casi todos los dones que la Sombra le había otorgado a la Madre Original. Cuanto más cerca estaban de la Sombra, más dones despertaban, sin embargo todos buscaban algo que solo Vayalat poseía: la Eternidad.

Ningún hijo de Vayalat había podido obtenerla, la Eternidad se les escurría entre los dedos así como la vida misma.

Los descendientes de sangre de Vayalat vivirían durante muchos años más que cualquier humano, se mantendrían fuertes y en su mejor momento durante décadas pero al final morirían como cualquier persona normal. 

Se decía que la Sombra iba en persona por ellos para llevarlos de regreso a su Madre Original y que en el momento de la muerte era cuando se les revelaban todos los secretos como premio de consolación a una vida de servicio.

Sin embargo, eso era algo que tampoco podían asegurar porque nadie había sobrevivido antes a la llamada final de la Sombra.

── ∗⋅✧⋅∗ ──

¡La Sombra salve a la Reina Vayalat! ¡Salve el reino de Vayalat de la Sombra!

Maran Khan era un joyero, un hombre temeroso y devoto de la Sombra nacido en el floreciente reino de Vayalat. Un hombre común, sin magia, sin dones, sin nada más que su propia vida y la habilidad de sus manos para crear joyas que vendía a las personas que podían comprarlas.

Una de esas joyas llegó a manos de la reina, un delicado broche que simulaba un árbol y, dada la belleza de esa joya, la reina quiso conocer al creador.

Fue así como el Joyero se presentó ante la reina, con la mirada baja y un gesto serio, y le mostró lo que podía hacer con las manos. La reina quedó encantada, más que por las joyas que brillaban frente a ella, por los ojos del Joyero que parecían dos gotas de plata oscura que la miraban con respeto cuando él levantó la vista.

La reina lo nombró joyero del palacio y le dio un estudio y habitaciones en su interior para que él pudiera seguir trabajando para ella.

Todos sabían que la reina era eterna, hermosa y sanguinaria, pero la reina era simplemente una mujer. Y el Joyero era sólo un hombre. Un hombre común que no sonreía.

— ¿Eres feliz trabajando aquí? — le preguntó la reina al Joyero cuando lo visitó en su estudio mientras él trabajaba en esos interminables diseños para entregarle y complacerla. — Nunca te he visto sonreír.

El Joyero levantó la vista y la reina sintió temblar el alma cuando esos ojos se encontraron con los suyos y el hombre le sonrió.

— Estoy feliz, Majestad, porque gracias a la Sombra trabajo para usted y mis ojos tienen la dicha de poder contemplar la creación más hermosa del mundo. — Tras esas palabras, el Joyero le mostró el diseño de un anillo que era realmente sencillo pero con ese encanto que esconde la sencillez. — Un día se lo regalaré y me honrará que mi reina lo use.

Pero un día el Joyero desapareció.

La reina fue a buscarlo a su estudio y descubrió que el hombre no estaba allí, su estudio estaba casi intacto pero faltaban algunas cosas, como si el hombre hubiera huido de allí, y la reina se sintió traicionada. Vayalat ordenó a sus sombras, las verdaderas, que buscaran al Joyero traidor y se lo presentaran, y así fue que por la noche las Sombras presentaron al Joyero moribundo a la reina.

El Ruiseñor 2 || IchiRuki FFDonde viven las historias. Descúbrelo ahora