2 septiembre - x493

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Así como la sombra despertó la primera vez, así despertó aquella noche, cuando ya todos dormían y el silencio era lo único que llenaba la habitación del rey. La serpiente de sombra se arrastró sobre su vientre y volvió a subir a la cama del rey con la intención de completar la misión que se le había ordenado hacer.

La serpiente de las sombras abrió la boca y sus colmillos chorrearon veneno antes de hundirse en la piel del cuello del rey, en esa zona suave y blanda debajo de la oreja, donde dejó la última dosis de veneno.

Todo fue tan rápido como un latigazo y antes de que el rey pudiera gritar por el dolor de la mordedura, la serpiente desapareció entre las sombras y volvió al origen.

── ∗⋅✧⋅∗ ──

Rukia estaba practicando con el don mientras esperaba que llegara su invitado, lo hacía fluir a través de su piel y lo devolvía al origen, aún no podía enfocarlo en un punto específico de su piel pero manejarlo cada vez era más fácil.

Era tarde y se suponía que todos estarían durmiendo, pero también era el mejor momento para tener una reunión nocturna con personas con las que se suponía que no debía hablar.

Por un momento, Rukia pensó que la chica no llegaría a la cita, pero un par de suaves golpes en la puerta de su habitación le hicieron saber que estaba equivocada. Tatsuki fue quien respondió a la llamada a la puerta y la invitada entró en la habitación tan rápido como sus pies se lo permitieron.

Rukia sonrió al ver que la chica estaba ahí.

Ella era la sirvienta personal de Yuki, la que Kaien había asignado para cuidarla de las otras damas de la corte, y la que Rukia necesitaba para vigilar a Yuki. El único problema era que Rukia no sabía dónde estaba la lealtad de la chica y no podía confiar en ella por completo.

— Su Alteza. — La saludó la chica mientras le hacía una reverencia. — ¿Cómo puedo serte útil?

Rukia miró a la chica por un momento, era muy bonita y tenía cabello castaño y una linda voz. Si Rukia le pusiera un vestido bonito, le peinara el cabello y le pusiera joyas, la chica se vería como la hija de un noble.

— En muchas cosas, si me hablas con la verdad. — Rukia se levantó de su asiento y se acercó a la chica. — ¿La señorita Yuki habla de mí?

— Su Alteza...

— No me mientas, no me gusta la gente que miente. — aclaró Rukia antes de que la chica comenzara a hablar.

— La señorita Yuki habla de usted, su alteza. Ella no dice cosas bonitas. La señorita Yuki dice... ella dice... — la chica vaciló un momento antes de armarse de valor para terminar su oración. Rukia podía ver claramente lo nerviosa que estaba la chica. — Dice que su alteza es una tirana, que es malvada y que es peligrosa.

— ¿Crees lo que ella dice de mí? — preguntó Rukia sin inmutarse por esa respuesta. Yuki en realidad estaba viviendo la fantasía que Kaien alimentaba en su cabeza.

— No creo lo que dice, su alteza. — La chica habló rápidamente, como si temiera que Rukia se enfadara con esas palabras. — Su alteza es buena persona, cuida de sus doncellas y de los que le sirven, y es bondadosa. En la ciudad dicen que su Alteza es una persona bondadosa que visita a los niños huérfanos y les cuenta cuentos, y que ayuda en los comedores de la comunidad.

La respuesta de la chica complació a Rukia, pues saber que la gente la veía así era un triunfo personal. Ella era la princesa del pueblo, por lo que debía ser amada por el pueblo, tanto por los nobles como por la gente común.

El cariño de la gente era algo poderoso y si lograba que la gente la quisiera, no importaba quién pudiera estar en su contra porque sabía que sería defendida por ellos.

— Si me sirves, puedo cuidarte y asegurar tu futuro. — Rukia dio un paso más cerca de la chica, que seguía mirando hacia abajo. — Sé que tienes un hermano menor en el orfanato, también puedo protegerlo y asegurar su futuro. ¿Te gustaría eso?

— Si su Alteza. Me gustaría eso. — La voz de la chica parecía afectada por la emoción. Rukia sabía que el chico estaba a punto de ser sacado del orfanato porque estaba a punto de llegar al límite de edad, y si no tenía forma de mantenerse, lo más probable es que el niño terminara viviendo en las calles, robando o uniéndose al ejército. — Su Alteza, ¿qué tengo que hacer?

— Quiero que cuides de Yuki. — Respondió Rukia con calma. — Y déjame saber lo que ella hace o dice. Ella es la amante del Príncipe Kaien pero el príncipe comenzará a salir con las chicas de la corte y temo que, en un momento de celos, Yuki intente algo contra una de ellas. Quiero que me avises si ves algo sospechoso para que ella pueda estar preparado. No quiero que nuestra futura princesa heredera se lastime de ninguna manera y que se culpe a Yuki. ¿Puedes hacerlo?

— Sí, su alteza, puedo hacerlo. Me ocuparé de la señorita Yuki y le informaré sobre comportamientos sospechosos. — prometió la chica. — Haré lo que su alteza me pida para pagar su amabilidad.

— Está bien, eso es todo.

Rukia le tendió la mano a la doncella para que la besara, como muestra de lealtad y respeto, y así lo hizo la chica. Tatsuki luego le entregó a Rukia una horquilla de metal con pequeños cristales que reflejaban la luz de las velas que iluminaban la habitación, y Rukia se la entregó a la sirvienta.

— Ahora estás bajo mi cuidado y protección. — Rukia habló mientras la chica sostenía el accesorio para el cabello en su mano, contemplando la belleza de lo nuevo, bonito y brillante. — Valoro mucho la lealtad de la gente, no lo olvides.

— No traicionaré su confianza y amabilidad, su alteza. Lo juro por las Deidades. — La chica hizo el símbolo de las Deidades en su pecho, y Rukia sonrió complacida por eso.

— Puedes salir de aquí. Cuando sea tu día de descanso, dímelo con Riruka y te enviaré una carta al orfanato para que traigas a tu hermano al castillo. Dependiendo de sus habilidades, lo ubicaré en un puesto dentro de los servicios del castillo o dentro de la milicia.

La chica nuevamente agradeció lo dicho por Rukia, besó su mano nuevamente y salió de esa habitación protegida por la oscuridad de la noche.

El Ruiseñor 2 || IchiRuki FFDonde viven las historias. Descúbrelo ahora