12 agosto - x493

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El ankh lo era todo.

La magia era el día y la noche, era como beber el mejor vino o comer la mejor comida, era abrumadora, era fuerte y era voluntariosa. Domarlo y dominarlo era algo que requería paciencia, esfuerzo y autocontrol porque la magia también influía en su portador.

Rukia estaba sumida en la ira y la frustración, en la desesperación y el miedo, todo porque no podía hacer que la reina oscura dejara de reírse de sus intentos por controlar la magia. Esos sentimientos que la mantenían atrapada eran los mismos que desencadenaban la magia de forma salvaje.

La oración que Ichigo le había enseñado para controlar su temperamento no servía en este momento porque cada vez que Rukia la recitaba, la reina dentro de ella se reía de ella y le recordaba que si no podía manejar ese aspecto inicial, con el cual todos los hijos de Vayalat iniciaban, entonces no sería capaz controlar el resto.

Eres débil. — La reina le dijo en ese momento que, por sexto día, Rukia había tratado de hacer que el poder que bañaba su piel regresara a su interior. — Eres inútil, eres pequeña y débil. No mereces lo que te damos, no mereces lo que eres.

— No soy débil. — susurró Rukia y la reina soltó una carcajada que resonó en los confines de la oscura sala del trono. — ¡No soy débil!

El grito resonó por la habitación, la reina dejó de reír pero mantuvo esa sonrisa de superioridad que hizo crecer la ira de Rukia e hizo que la magia se saliera de control. Rukia odiaba cuando la reina decía esas palabras porque ella no era débil, era fuerte y capaz de hacer lo que se proponga. Ella tenía que serlo.

Sal de aquí, niña. — La reina habló como si se aburriera de verla. — No eres buena para esto. No eres lo suficientemente fuerte para controlar esto. Cuando te des cuenta de que no puedes, cuando tu voluntad termine, entonces tomaré el control de tu cuerpo.

— No lo permitiré porque no soy débil. — dijo Rukia de nuevo, aún con la ira en su voz por las palabras de la reina, pero la mujer en el trono solo se rió y cerró uno de sus ojos.

Fue en ese momento que Rukia abrió los ojos a la realidad, la reina oscura la había expulsado de su propio mundo interior como si fuera un invasor, y Rukia simplemente cayó al suelo en un gesto de agotamiento porque le dolía todo el cuerpo.

Mientras controlaba su respiración, el salón del acantilado comenzó a hacerse presente, así como la presencia de la otra persona en ese lugar. Rukia nunca estaba sola cuando intentaba controlar la magia, tanto Ichigo como la reina Masaki tenían sus preocupaciones con respecto a la mujer en el trono y la influencia que podría tener sobre ella, por lo que Rukia practicaba cuando ellos tenían tiempo libre de sus funciones.

— No te desesperes, esto toma más tiempo del que imaginas. — La voz de la reina Masaki le llegó con ese tono suave y maternal que intentaba consolarla. — Lo estás haciendo bien.

— ¿Cómo sé que lo estoy haciendo bien, querida madre? — preguntó Rukia desde el suelo con una voz que bordeaba la frustración y la desesperación. Todavía tenía esa sensación en la piel que no se dormía y que siempre parecía ser más fuerte cuando la reina la expulsaba de su mundo interior. — Siento que estoy en el mismo lugar donde empecé. Me siento perdida.

— No te has vuelto loca ni has atacado indiscriminadamente a nadie. — Respondió la reina Masaki con sencillez. — Entonces, lo estás haciendo muy bien.

Rukia no supo cómo interpretar esa respuesta. Se obligó a levantarse del suelo, todo su cuerpo protestando por el dolor pero tratando de no quejarse demasiado. El entrenamiento la agotaba y era doloroso.

El Ruiseñor 2 || IchiRuki FFDonde viven las historias. Descúbrelo ahora