28- Cordes sur-Ciel (Parte 4) -
De todos los demonios del mundo el amor es el más indomable.
León Ferreira
El ensordecedor pitido de la máquina de la cual se encontraba conectado mi padre hacía eco por las blancas y lisas paredes de la consulta del doctor Francoise Moreau.
─Logré estabilizarlo a tiempo, tuvieron suerte de que esa joven estuviera con él, su padre estuvo médicamente muerto por 3 minutos─ nos informó al salir del cubículo.
Lisandro se alejó para hablar con él, la noticia nos había cegado a todos, apenas Belinda llamó a Polo dejamos todo lo que hacíamos inmediatamente. Ya Polo estaba más calmado, Dilan y Blair habían ido a por unos tes, los ánimos se apaciguaban poco a poco. Papá estaría bien, pero de ahora en adelante su situación era extremadamente delicada.
Bárbara llegó poco después, Belinda le avisó de lo sucedido. Mientras las tres hermanas fueron a por algo en la tienda del señor Morris, al frente de la consulta me acerqué a María Isis, la peliroja permanecía sentada delante de la puerta donde yacía mi padre, estática, como si su mente divagaba por los lugares más intrincados e inaccesibles del planeta. Me senté a su lado, desvió su mirada para ver de quien se trataba, volviendo así a la realidad, su cara cambió por completo cuando su mirada conectó con la mía, pero la desvió en un segundo.
─Que te quiero Léon, mucho─. Dije recordando las palabras que me había dicho el día cuando le confesé mi amor, delante de Lito. Sin quererlo lágrimas comenzaron a formarse en mis ojos, pero luché por no derrumbarme, pude notar que sus cuencas también se llenaron del salado líquido. Luego la miré─. ¿Dime que hice mal?, dime porque de verdad que no lo entiendo─ fue más fuerte, una lágrima rebelde se escapó pero me encargué de secarla rápido, no quería mostrarme débil ante ella.
María Isis soltó un suspiro cargado de tristeza, se incorporó para mirarme, a duras penas logré conectar nuestras miradas.
─No hiciste nada malo─ sonrió tristemente─. Ese día...─ desvió la mirada por un momento, rememorando aquel atardecer frente a su casa─...no solo me confesaste que me amabas, cuando yo estaba ahí, me pediste, me suplicaste que te mintiera y eso fue lo que hice.
─Entiendo─ suspiré y me recliné del asiento, mi corazón dolía, como si cual mano de hierro se tratase lo hubiera apretado hasta hacerlo colapsar─. Entonces─ la miré─ ya no me amas─ la comisura de mi boca se elevó ligeramente, supongo que era mi realidad y tarde o temprano tendría que aceptarla.
María Isis negó─ yo siempre te voy a querer─ imitó mi gesto─ pero al hombre que yo amo, es a Lisandro.
Esta vez mi sonrisa ganó en intensidad, solo que con la inmensa diferencia de que esta no representaba la alegría. Coloqué una mano en su muslo─. No pasa nada, todo está bien.
─León─ esta vez era ella quien lloraba─ aún podemos ser...
─No María, eso no─ miré la puerta de enfrente─. Sabes, yo soy una persona que ama muy intensamente, y durante toda mi vida me he sentido muy culpable por querer así a las personas, muy intensa, muy pesada, muy exagerada, y con el tiempo he aprendido que no es que haya algo mal con mi manera de amar o de querer, lo que está mal es a quién le entrego todo eso─ la atisbé nuevamente, me había liberado, descargado todo lo que llevaba dentro, ya todo se había dicho.
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La Casa del Gym
JugendliteraturDilan es un estudiante de 2do año de secundaria, tiene 16 años, escuálido de nacimiento, apasionado de la fotografía y gay, todo lo necesario para ser el motivo de burlas de sus compañeros de clase. Puerta con puerta a su casa se encuentra la mansió...
