Capítulo 42

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El pasado no desaparece, le gusta esconderse en la música, en las calles, en los sueños y

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El pasado no desaparece, le gusta esconderse en la música, en las calles, en los sueños y...en los recuerdos.

Dilan Hidalgo

El trinar de las aves, el murmullo de la arboleda con tono rojizo y los extraños sonidos de el bosque me despertaron. Esto no era una sensación de Deja vu, no, me encontraba en ese lugar, ese preciso lugar. Un vívido recuerdo.

Mis piernas temblorosas, me puse de pie, con la diferencia de no encontrarme mareado como la vez anterior. Por un momento mi cerebro creó todo un mundo de fantasía, donde pensaba haber salido de casa y secuestrado por esos asesinos, solo para sufrir el mismo destino que Jane. Pero no, me di cuenta de que pasaba exactamente lo mismo que hacía un año, al ver las mismas siluetas en la lejanía. No era el momento de tener miedo, estaba claro que nunca olvidaría ese trauma de mi pasado, y continuar ocultándome, negando la verdad no lo solucionaría. Así que respiré profundamente, si estaba en lo correcto nada me pasaría, o por lo menos eso quería creer.

─¡Ayuda!, por favor─ alguien gritó provocando que me volteara y mi asombro ganara en intensidad al encontrarme cara a cara conmigo mismo. Sin dudas era un vívido recuerdo.

Mi corazón se aceleró, una sudoración repentina se apoderó de mi, el pulso descontrolado y la maldita ansiedad que llegaba cuando menos la esperaba. Al ver a un encapuchado acercarse a mi yo corporeo y pegarle un fuerte golpe en la cabeza. Mis ojos se aguaron ante esas imágenes tan dolorosas, una cosa era el recuerdo y otra observar la película de como tu vida cambió para siempre.

Otra persona ─también enmascarada─ salió de unos arbustos.

─Ya vámonos, todo está plantado─ dijo el hombre de atrás

─¿Y si acabamos con él de una vez?─ dijo otro, saliendo de la nada de igual forma. Eran tres ya.

─¿Estas loco?, se arruinarían nuestros planes. Anda vámonos antes de que llegue la policía. ¿Te aseguraste de llamarlos, no?─ una chica.

─Por supuesto.

Uno de ellos se arrodilló─. Suerte Dilan, la vas a necesitar.

Esa voz.

No, no podía ser...ella.

─¡Dilan!, despierta─ alguien me agitaba. Abrí los ojos y pegué tal brinco que me puse de pie, agitado, demasiado para mi gusto─. Eh, Dilan mírame─ Kyle agarró mi rostro─ todo está bien, estoy aquí─ me abrazó y yo me dejé envolver, invadiéndome con su calor corporal, reconfortándome tanto hasta que la tranquilidad regresó.

La Casa del GymHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora