Capítulo 2

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Me gustas porque llegaste justamente cuando no te esperaba, me gustas no porque solo sea algo físico sino porque es algo que va más allá de lo sentimental

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Me gustas porque llegaste justamente cuando no te esperaba, me gustas no porque solo sea algo físico sino porque es algo que va más allá de lo sentimental. Amo esa sonrisa que sale de ti cuando ves que hago algo estúpido, amo cuando siento que tus ojos no ven nada más que a mi, amo esa sensación de paz que siento cuando me hablas o cuando estás conmigo. Me enseñaste que no se necesita demasiado tiempo para saber que si en realidad amas a una persona. Decidí dejarte entrar a mi vida porque me di cuenta que eres eso que me hace feliz, eres eso que tengo siempre en mi mente...solo sé que te amo y me da igual si fue muy rápido, porque estar contigo es lo mejor que tengo ahora. Y aún así escribiéndote esto todavía me faltan palabras para expresarte todo lo que siento por ti, porque esto es tan grande que ni las palabras podrían explicarlo por completo...

Dilan Hidalgo

No tengo palabras para describir como me siento en estos momentos, nervioso es poco para la oleada de sentimientos que me rondan. Joder que tengo a Polo Ferreira frente a mi, repirándome casi en mi rostro, no recordaba lo hermoso que era, dios esas facciones tan finas, con razón tenía nombre de rey, eso era, sus labios carnosos y recién mojados por su lengua que parecía experimentada, sus mejillas pálidas con un toque de rubor, ¿acaso estaba sonrojado?, y mi muerte, esos ojos azules, tan profundos como el océano, un océano que yo quería navegar desde hace mucho tiempo, algo maravilloso, indescriptible y...jodidamente sexy, si, bueno vamos que no somos de hierro, hay que darnos la libertad de echar una miradita, y juro que si no llega a ser porque María Isis aprieta mi mano por la emoción de estar en la mansión de los Ferreira me desmayo ahí mismo.

Al parecer había comenzado a hacer ejercicio, estaba un poco sudado, con una camiseta que dejaba ver sus tonificados brazos, y yo juraba que mi cuerpo estaba literalmente como una magdalena, ahora mismo de lo blando que estaba una ráfaga de viento me llevaba.
Por si fuera poco se levantó la camiseta para tomar aire y pude ver su torso descubierto, ¡joder!, ¡dios salpícame de chicle que quiero morir pegao!!!.

─¿Dilan estás bien?─ su ronca y hermosa voz me sacó de mis pensamientos.

─¿Hum?

─Estás embobado─ esbozó esa sonrisa que conseguía derretirme tan fácilmente.

─No es que...yo solo...em─ era un idiota que no podía pronunciar palabra─ supongo que...son los nervios por empezar.

─No te preocupes─ colocó su mano en mi hombro─ te instruiré.

Por las espinas de Cristo y las chanclas de Moisés, juro que nunca más volveré a lavar esta camisa.

─Gra...gracias─ me limité a decir.

─Bueno y ¿por donde comenzamos?─ dijo María Isis y la verdad di gracias a dios por eso, ya comenzaba a desesperarme.

La Casa del GymHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora