Capítulo 45

23 1 17
                                        

Como dijo una vez William Shakespeare: "cuando llega la desgracia, nunca viene sola, sino a batallones", y nunca tuvo tanto sentido para mi

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Como dijo una vez William Shakespeare: "cuando llega la desgracia, nunca viene sola, sino a batallones", y nunca tuvo tanto sentido para mi.

Dilan Hidalgo Bermúdez

Dilan Hidalgo

Sequé lo más rápido que pude la sangre en mi nariz con un clímex, algo no andaba bien, lo sentía. Esos mareos no podían ser normales, pero estaba a punto de obtener la información para probar la culpabilidad de Bárbara y no me echaría para atrás. El rico aroma que venía de la cocina lo hizo reaccionar.


─Todo listo amor, hice macarrones─ me dijo Polo con una sonrisa. Yo no pude devolvérsela, demasiadas cosas me atormentaban como para pensar en eso.

─Polo, lo siento pero...me tengo que ir─ agarré mi abrigo.

─¿Qué pasa?─ se acercó a mi, quitándose el delantal.

─Nada─ imité mi mejor sonrisa─ es que quedé con María Isis.

Su rostro se relajó, pero seguía desconfiando─. ¿Qué pasa con la cena de esta noche?.

─Iré, te lo prometo. Es que María me necesita.

─Vale, ¿al menos me dejas llevarte?─ asentí, no podía contarle a Polo, no podía ponerle en peligro.

Se cambió de ropa y llamamos a un taxi. En el momento que nos subimos agarró mi mano─. ¿Seguro que todo va bien?, te conozco motita.

─Claro que si─ acaricié su mejilla─ te quiero mucho.

Sonrió─. Me encantó─ dijo refiriéndose al sexo. No se por qué pero mis mejillas ardían. Polo siempre tuvo la oportunidad de sonrojarme, aunque fuera con un minúsculo gesto.

─A mi también─ me mordí el labio inferior.

Le pasé la dirección al taxista, quien no reparó en nuestra presencia, ¿largo día de trabajo?, tal vez. Lo cierto es que había algo más en es hombre que me resultaba familiar, y lo comprendí cuando contestó una llamada del que parecía su hijo.

─Me quedaré dos días con Bárbara.

─Pero hijo, no te veo desde hace un año. Te he hechado mucho de menos. Además sabes que esa chica no me gusta para ti.

─Ya es suficiente, te he tolerado por mucho tiempo, pero no pienso permitir que hables de mi novia.

─Hijo...─ colgó.

─Perdone─ me incorporé, Polo me miró confuso─ ¿es el padre de Carter?.

El señor se giró─. Si joven, ¿lo conoces?.

Tuve ganas de contarle todo, el despojo humano que era Carter, un asesino. Pero tenía a Polo a mi lado, y no quería arruinar la imagen de un padre que creía tenía a una persona perfecta como hijo, aunque tarde o temprano, así no fuera por mi acabaría enterándose.

La Casa del GymHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora