El peso de las treinta y tres semanas de embarazo se había convertido en un recordatorio constante e implacable de que mi cuerpo ya no me pertenecía del todo. Cada paso me costaba un esfuerzo titánico, y la parte baja de mi espalda protestaba con una puntada aguda cada vez que intentaba mantener una posición durante más de diez minutos. Me llevé ambas manos a la curva abultada de mi vientre, sintiendo cómo uno de los pequeños se acomodaba contra mis costillas mientras el otro respondía con una patada firme en el lado opuesto.
A través de los grandes ventanales del salón de la masía, la tarde caía sobre las montañas de la reserva, tiñendo el cielo con tonos anaranjados y violetas. Tras años de persecuciones, amenazas de la Unión, guerras de territorio y pérdidas que en su momento creí insuperables, la calma finalmente había echado raíces profundas en nuestra vida. Sin embargo, la paz absoluta siempre me producía un cosquilleo de desconfianza.
libro edicion bolsillo.docx
La puerta de madera se abrió con suavidad, y los pasos firmes y sigilosos de Luca hicieron vibrar el suelo antes incluso de que su aroma a pino y lluvia inundara la estancia. Entró cargando una bandeja de madera con dos tazas de té caliente y un plato de galletas caseras que mi madre había preparado esa misma mañana.
—Sigues pensando demasiado, nena —murmuró Luca, dejando la bandeja sobre la mesa auxiliar.
Se arrodilló frente a mí sin dudarlo, quedando a la altura de mi vientre. Posó sus manos calientes sobre la tela de mi vestido. Al instante, los dos bebés dentro de mí parecieron calmar su frenesí, reconociendo el toque y el aura reconfortante del Alpha de la manada. Sus ojos, de ese dorado intenso que siempre me quitaba el aliento, se alzaron para encontrar los míos con una devoción intacta.
—Están especialmente inquietos hoy —comenté, pasándole los dedos por el cabello corto, disfrutando de la textura suave entre mis yemas—. Sienten que el espacio se les está quedando pequeño. O tal vez presienten mi propia inquietud.
—No hay nada que presentir, Laura —aseguró él, inclinándose para dejar un beso tierno sobre la curva de mi vientre antes de tomar mis manos entre las suyas—. Las fronteras están completamente selladas. Los rastreadores de Nathan patrullan el perímetro en tres turnos diarios y la manada está más unida que nunca. Nadie va a volver a amenazar a nuestra familia. Te lo prometí el día que te hice mi reina, y mantendré esa palabra hasta mi último aliento.
libro edicion bolsillo.docx
—Lo sé —suspiré, dejándome llevar por la calidez de su voz—. Es solo que a veces me cuesta asimilar que realmente ganamos. Que el peligro se ha ido y que lo único que nos espera ahora es ver crecer a nuestros hijos.
—Créetelo, porque es nuestra realidad —sonrió él de lado, esa sonrisa cargada de arrogancia dulce que me enamoró desde el primer día—. Y prepárate, porque en cuanto estos dos salgan de ahí dentro, el verdadero caos no vendrá de nuestros enemigos, sino de los biberones y los pañales.
Siete semanas más tarde, las palabras de Luca se convirtieron en una profecía abrumadora.
Las contracciones comenzaron durante una madrugada fría de lluvia constante. Al principio fueron leves, apenas una molestia sorda en los riñones que intenté ignorar para no despertar a nadie, pero para cuando el sol empezó a despuntar por el horizonte, el dolor se transformó en una marea imparable.
Bruce me examinó en el área médica de la manada con la tranquilidad que solo un médico que además es hermano del Alpha podía mantener.
—Estás en pleno trabajo de parto, Laura —anunció Bruce mientras se quitaba los guantes estériles con un chasquido—. Los gemelos han decidido que hoy es el día. Dilatación de seis centímetros. Esto va a ir rápido, así que mentalízate.
ESTÁS LEYENDO
Propiedad Del Alpha
Fiksi Ilmiah¿Alguna vez has pensado que todas esas historias que has leído en tu vida pudiesen volverse realidad de un momento a otro? Yo tampoco lo creía hasta que me paso. Esta es mi historia, yo una chica cualquiera con un hombre lobo que llegó a mi vida pa...
