Un lunes en casa de mis padres es lo más tranquilo que te puedas llegar a imaginar. Por la mañana, después de desayunar, decidí pasear por la playa que hay detrás de casa de mis padres y por la tarde decidí que me iría bien perderme entre la naturaleza de la reserva, así que me puse mis deportivas, ropa de deporte cómoda y me fui a la reserva a caminar.
Llevaba una mochila con bebida y mi cámara de fotos. Llegué y emprendí el camino que lleva hasta una pequeña cascada. Recuerdo cuando mis padres se mudaron aquí, al poco de enterarme de mi embarazo, y decidí venir. Me perdí, pero encontré la cascada, después seguí un camino que me llevó directa a la entrada de la reserva. Aquí no hay animales salvajes, al menos no cerca de donde pasea la gente, así que estoy tranquila. Camino durante aproximadamente 40 minutos y llego al claro.
Me siento cerca de la cascada, en un tronco de un árbol caído, y cojo mi cámara. Decido hacer algunas fotografías para pasar el rato. Mientras fotografío la naturaleza, capto movimiento, así que enfoco con mi objetivo, pero lo que capto no lo esperaba, se supone que este lugar no es peligroso y es dentro de la reserva, entonces... ¿Por qué demonios hay un lobo gigante enfrente de mis narices? Dios... Esto es demasiado. Guardo mi cámara poco a poco en mi mochila y decido levantarme muy despacio. A mi izquierda queda el camino de regreso a la entrada y a mi derecha, se encuentra parado mirándome, un lobo negro con reflejos de lo que parece plateado.
Tengo tanto miedo, que es lo normal en estos casos, que no veo la rama de detrás de mí y me tropiezo. Caigo al suelo y siento dolor en mi pie, supongo que me lo he torcido. El lobo se me acerca y yo no sé cómo actuar así que me quedo muy quieta por si acaso. Aprecio como parece que el lobo está, aunque parezca una locura, mirándome el tobillo, como para asegurarse que no es nada. Al parecer queda satisfecho con lo que ve, porque se va. Suelto todo el aire que no sabía que tenía retenido e intento levantarme. Me doy cuenta que será más difícil de lo que pensé. Vuelvo a intentarlo y consigo ponerme en pie, cuando doy un par de pasos y mi pie parece no querer responder, mi cuerpo parece estar triste sin el suelo porque tropiezo y me voy cayendo de cara, hasta que me doy cuenta que no he recibido ningún golpe y que unos brazos me tienen sujeta por la cadera. Levanto la vista y no me puedo creer a quién veo. El mismo adonis de la discoteca, el que iba con todo el grupito de dioses del Olimpo, está a mi lado y ha evitado que le dé un beso al suelo. Por dios qué vergüenza.
- ¿Estás bien?
Dios mío que voz más sexy que tiene. ¿Cómo es posible que con solo dos palabras este mi sangre ardiendo?
- Si, gracias. Me he torcido el tobillo, pero estoy bien. Gracias por evitar la caída.
En ese momento me suelta y pierdo el equilibrio. Caigo al suelo de forma estrepitosa y oigo cómo ahoga su risa ante tal espectáculo que le estoy dando.
- ¿Te has hecho daño con la caída? ¿Estás bien?
- Si estoy perfectamente, solo que el suelo estaba triste y he pensado en darle un abrazo. ¿Tú eres tonto o qué te pasa? ¿No ves que no estoy bien? Porque en lugar de intentar no reírte de mí, me ayudas a levantarme y a llegar hasta mi coche que está en la entrada, ¿eh?
Soy un poco sarcástica pero parece que le ha ayudado a dejar de ahogar su risa y a intentar prestarme ayuda. Gracias a dios.
Me ayuda a ponerme en pié y cuando pienso que me va a ayudar a caminar, me coge estilo princesa y empieza a andar hacia la entrada de la reserva.
- Disculpe señor manos largas, con que me ayudaras a ponerme en pie y asegurarte que no me caía me bastaba, no hacía falta que me cargaras como una princesita.
El me mira como si hubiese dicho un pecado, no me doy cuenta que ya hemos llegado a la entrada, me baja al suelo y como puedo me dirijo a mi coche, busco las llaves en mi mochila y lo abro. Me siento y saco unas gasas frías. Me coloco una en el tobillo. Suerte que mi coche es de marcha automática y que solo necesito un pié. El adonis me mira y me mira, sin quitarme los ojos de encima, como esperando algo de mí, reacciono a que espera que le agradezca por llevarme.
- Disculpa. Gracias por traerme pero ya estoy en mi coche y estoy bien, así que ya puedes irte.
Me mira como si lo hubiese ofendido, pero ¿qué demonios le pasa?
- Si, mejor me voy. Que te vaya bien. Por cierto, ¿cómo te llamas?
- Soy Laura y gracias por todo. Adiós. - Cierro la puerta del coche y lo pongo en marcha. Lista para irme a casa.
Esa fue la primera vez que le vi y hable con él. Jamás imaginaría que en el futuro, ese sería el inicio del cambio de vida que me venía encima.
ESTÁS LEYENDO
Propiedad Del Alpha
Fantastik¿Alguna vez has pensado que todas esas historias que has leído en tu vida pudiesen volverse realidad de un momento a otro? Yo tampoco lo creía hasta que me paso. Esta es mi historia, yo una chica cualquiera con un hombre lobo que llegó a mi vida pa...
