Marizza.
Subí las escaleras de la casa Bustamante casi a los saltos, con las piernas temblando y el aire faltándome como si hubiese corrido un maratón. Cada paso era un golpe seco en el piso de madera, que retumbaba con el eco de mi respiración agitada. El pasillo parecía interminable, y los gritos, aunque se volvían más claros, me erizaban la piel. Sergio gritaba con una furia descontrolada, mientras la voz de Pablo le respondía con un tono quebrado que me desgarraba por dentro.
No podía distinguir palabras, pero la intensidad me helaba la sangre. ¿Qué carajo estaba pasando? Sentía un nudo en la garganta y el estómago revuelto. El miedo se me acumulaba en el pecho, pero seguí avanzando. No había vuelta atrás, ya estaba acá.
Corrí hasta la puerta con el corazón desbocado, como si quisiera salirse de mi cuerpo, y cuando llegué frente a ella, apenas tuve tiempo de dudar. La mano me tembló sobre el picaporte, un instante en el que me paralizó la idea de lo que podía encontrar al otro lado. Pero no me detuve. No podía.
La abrí de un tirón, sin pensarlo dos veces, y el estruendo de la madera golpeando contra la pared hizo que ambos se quedaran en silencio por un segundo. Lo único que se escuchaba era mi respiración descontrolada, como si el aire no me alcanzara.
La escena delante de mí me cortó las piernas. Sergio estaba parado junto a Pablo, señalándolo con el dedo como si fuese su peor enemigo. Pablo estaba golpeado, al punto en que su nariz y su labio sangraban, y su camisa blanca con el escudo del colegio quedo salpicada de rojo.
—¿Qué está pasando acá? —mi voz salió más alta de lo que esperaba, casi un grito. Pero no me importaba. Si Sergio pensaba que podía intimidarlo de esa manera, no había manera de que me quedara callada —¡¿Qué le hiciste?! ¡Es tu hijo!—
Pablo me miró de reojo, con los ojos vidriosos y los labios apretados, como si estuviera al borde de romperse, pero no supiera si mi presencia era un alivio o solo lo perjudicaba aún más. En cambio, Sergio giró hacia mí con una mirada cargada de furia, de esas que parecen querer aplastarte con solo existir. Pero no iba a darle ese poder sobre mí.
No retrocedí ni un paso. Me planté frente a Pablo, bloqueando el camino entre él y su padre, como si mi mera presencia pudiera detener lo inevitable. Si tenía que ser su escudo, entonces lo sería, aunque las piernas me temblaran y el corazón me retumbara en los oídos.
—Vos no tenés nada que hacer acá —gruñó Sergio, su voz grave y cortante, como un rugido que hizo vibrar las paredes de la habitación.
—Y vos le tocás un pelo a él y yo te denuncio —disparé sin pensarlo, con la voz firme, aunque por dentro sentía que estaba al borde de quebrarme —No lo vas a volver a golpear, Sergio—
Sergio soltó una risa seca, cargada de ironía, como si mi amenaza fuera lo más ridículo que había escuchado en su vida.
—¿Te pensás que una mocosa como vos me va a asustar? —preguntó, ladeando la cabeza con esa arrogancia que me daba ganas de gritarle en la cara —¿Quién te pensas que sos para amenazarme?—
—¿No ves cómo está? ¿no te das cuenta que esta mal? —pregunté , con un tono que me salió entre furioso y desesperado. Señalé a Pablo, que seguía parado detrás de mí, intentando ocultar las lágrimas que le surcaban el rostro —¿Qué más querés hacerle, eh? ¡Déjalo en paz de una vez!—
Sergio se inclinó levemente hacia adelante, como si quisiera usar su altura y presencia para intimidarme, pero yo mantuve mi posición.
—Andate de mi casa —ordenó, con una voz tan baja y amenazante que me heló la sangre— Andate porque no me hago cargo de lo que te pueda pasar si te quedás—
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The acting
Fiksi PenggemarPablizza|| Adaptarse a un colegio pupilo jamás es fácil, mucho menos si estudiaste casi toda tu vida en casa. Esta adolescente inadaptada llega al Elite Way School para cambiarlo todo ¿o todo la cambia a ella? su alter ego se hace presente para revo...
