Aida y yo decidimos ir al centro comercial en busca de algo rojo elegante. Caminamos por los pasillos llenos de tiendas, observando los escaparates y disfrutando del ambiente animado del lugar.
Entramos en una tienda de ropa y nos adentramos entre los estantes llenos de vestidos de diferentes estilos y colores. Busca algo que sea versátil y adecuado para diferentes ocasiones.
Recorremos los percheros, examinando los distintos diseños y telas. Aida toma algunos vestidos y los sostiene frente a ella, evaluando cómo le sientan y si el color resalta su tono de piel. Comentamos entre nosotras sobre cada elección, compartiendo opiniones y sugerencias.
Después de un tiempo, encontramos un vestido de un brillante rojo escarlata sencillo pero elegante que capta toda mi atención. La tela era suave al tacto y el corte favorecería su figura sin lugar a dudas.
—¿Podrías probarte este? —Coge el vestido con dudas.
—¿No crees que quizás se me pegue mucho al cuerpo?
—Este vestido te va a quedar genial, tengo buen ojo para estas cosas. —Se dirige al probador para probárselo a regañadientes.
Mientras espero sentada afuera, imagino cómo luciría Aida con el vestido. Después de unos momentos, sale. Mi mirada se clava en ella mientras se acerca lentamente.
El vestido se adapta perfectamente a su figura, resaltando su gracia y feminidad. Cada detalle del diseño combina a la perfección, desde el escote hasta la falda que cae suavemente alrededor de sus piernas.
Un suspiro escapa de mis labios mientras admiro la elegancia que irradia. El color rojo resalta su tez y contrasta maravillosamente con su cabello rubio.
Me quedo embobada, sin palabras, incapaz de apartar la mirada. El vestido realza su belleza de una manera que es difícil de describir.
Finalmente, rompo el hechizo y esbozo una sonrisa radiante. Sin embargo, su sonrisa no llega nunca.
—¿No te gusta? La elección es tuya, te tiene que gustar a tí y no a mí.
—El vestido es precioso, el más bonito que hemos visto, de hecho.
—¿Y entonces?
—Soy algo insegura porque me cuesta verme bien con estas cosas. —Aida se muerde suavemente el labio inferior, un gesto lleno de nerviosismo. Sus ojos se desvian hacia un punto indefinido en el horizonte, evitando mi mirada directa.
Capto un ligero temblor en sus manos. Sus dedos juegan con el vestido, demostrando la inquietud que está sintiendo en este momento.
El rubor en sus mejillas se intensifica mientras intenta encontrar las palabras adecuadas para expresar lo que está pensando. Su timidez se manifiesta en la forma en que aparta la mirada, como si quisiera ocultar la vulnerabilidad que asoma en sus ojos.
Aida se mira al espejo con una expresión de duda y cierta inseguridad en su rostro, parece no estar convencida de su propia belleza.
Me acerco sutilmente, colocando una mano sobre su hombro y quedando detrás de ella frente al espejo. Me aproximo a su oreja. —Aida, eres preciosa y ese vestido te queda absolutamente fantástico. Cualquier cosa que te pongas te va a quedar bien, aunque sea ese vestido con flores de la señora que ha pasado hace diez minutos por nuestro lado.
Sus ojos se encuentran con los míos a través del espejo, y puedo ver en ellos una mezcla de sorpresa y gratitud. Trato de transmitirle toda la sinceridad y confianza en mis palabras, deseando que ella pueda ver en sí misma lo que yo veo.
—Este vestido resalta tus curvas de una manera que no puedes imaginar y realza tu figura. Cualquier persona que te vea con ese vestido se va a quedar embobada.
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Quererte en silencio
RomanceGabriela, una exitosa empresaria de espíritu independiente y dedicada por completo a su carrera, se ve enfrentada a un inesperado giro en su vida cuando su hermano mayor le pide un favor inmenso. Ante una urgencia, Gabri debe hacerse cargo de su hij...
