La sorpresa se refleja en la cara de Aida, que parece confundida por la situación y lo que acaba de escuchar. Sus ojos oscilan entre Paula y yo, tratando de entender.
—No habíamos llegado a esa parte, Paula. ¿Por qué no te vas con tu novia? Te debe estar esperando. —Me da un beso en la mejilla y después le tiende la mano a Aida, la cual acepta sin saber qué decir. Cuando al fin se marcha Aida me encara.
—Yo te vi besándola.
—Y yo sé que un número desconocido te envió el vídeo y lloraste.
—No estoy entendiendo nada, ni siquiera sé porqué estoy aquí escuchándote.
—¿Podemos ir a mi casa? Te lo explico todo con detalles. Además ahí tengo todas las pruebas para que me creas.
—¿Pruebas?
—¿Vienes o qué? —Vuelve a quedarse parada mirando a un punto fijo. Está debatiendo seriamente lo que debería hacer. Sin embargo, yo solo puedo fijarme en la forma en la que muerde su labio, pensativa.
—Voy a ir, pero deja de mirarme de esa forma. —Levanto las manos en señal de inocencia mientras le dedico una sonrisa algo traviesa. Me amenaza con el dedo en forma de advertencia antes de agarrar el casco y entregarme los papeles para que los volviese a guardar.
Al llegar a casa, aparco la moto y nos bajamos. Aida parece algo nerviosa, y yo también lo estoy, pero al mismo tiempo, me siento emocionada por estar a solas con ella después de tanto tiempo. Abro la puerta y la invito a entrar.
—Por favor, entra. ¿Quieres algo de beber o comer? ¿O simplemente quieres hablar?
—Pasa a la parte en la que me das la explicación para que pueda marcharme y vender el piso lleno de recuerdos contigo que no deseo tener.
—De acuerdo. —Dejo a Aida en el sofá y subo a por la copia que me ha dejado Kayden sobre el caso; las pruebas, chantajes, amenazas... los vídeos.
Lo voy colocando en orden delante de ella para que pueda ir echándole un vistazo mientras le cuento lo que ha sucedido este último mes.
—¿Recuerdas cuando estábamos en la cocina y nos interrumpieron llamando al timbre?
—¿Qué tiene que ver eso ahora? —Veo que sus mejillas enrojecen aunque intenta disimularlo mirando hacia otro lado.
—Ahí empezó todo. Tus tíos me hicieron una amable visita en la que me pedían tu custodia, no legalmente, y una cantidad de dinero al mes. Me chantajearon con varias cosas. Denunciarme a la policía por salir con alguien menor de edad; exponerme a los medios diciendo que soy la dueña del hotel y después ensuciar mi nombre con nuestra relación; y una última razón, que fue la que me hizo aceptar sin dudar. —Le acerco el dispositivo con el vídeo en pausa. —Tenían videos nuestros. Dijeron que los subirían a cualquier plataforma y yo... no podía dejar que nadie te expusiera así.
—Así que aceptaste sin más. Sin buscar otras soluciones.
—Esa madrugada en la que te dije todas esas cosas... —Noto que mi cara se humedece debido a las lágrimas que están empezando a brotar. —Había evitado llegar a casa, lo estuve retrasando todo lo que pude... no quería perderte.
—¿Y cuánto dinero les diste? —Sé que está intentando cambiar de tema.
—El primer pago fue de veinte mil, aunque más tarde les enfadé y tuve que enviarles otros diez mil.
—¿Cómo que les enfadaste? —Veo que está intentando hacer un esfuerzo por seguir el hilo de la historia mientras mira lo que contiene la carpeta.
—Me reuní con mis amigos en la nueva casa de mi madre pra poder buscar una solución. Tenía la mejor seguridad y no estaba plagada de micrófonos y cámaras como la de los demás. Al no poder enterarse de lo que estaba sucediendo me obligaron a mandarles más dinero, para compensar.
ESTÁS LEYENDO
Quererte en silencio
RomanceGabriela, una exitosa empresaria de espíritu independiente y dedicada por completo a su carrera, se ve enfrentada a un inesperado giro en su vida cuando su hermano mayor le pide un favor inmenso. Ante una urgencia, Gabri debe hacerse cargo de su hij...
