La ceremonia de bodas es preciosa y emotiva. La pareja de enamorados intercambia votos, se besa apasionadamente y el público no puede evitar soltar algunas lágrimas de alegría. Después de la ceremonia, todos nos dirigimos al lugar donde se celebra el banquete. El ambiente está lleno de felicidad y emoción, y se desarrolla en medio de risas, charlas y brindis.
Estoy sentada en una gran mesa junto a las damas y caballeros de honor. Las conversaciones fluyen y las risas son contagiosas. Pero conforme avanza la tarde, algunos comienzan a disfrutar del alcohol más de la cuenta. Sus risas se vuelven más estridentes, y puedo notar cómo empiezan a lanzar propuestas románticas y bromas.
A pesar de la animada atmósfera, yo me mantengo sobria, no he tocado ni una gota de alcohol. A medida que la fiesta se traslada al jardín, más de uno ya muestra signos de embriaguez. Aunque intentan incluirme en sus propuestas y ocurrencias, las rechazo con una sonrisa y trato de mantenerme tranquila.
Me encuentro sentada en una silla, con una copa de Coca-Cola en la mano, observando cómo los invitados disfrutan de la fiesta. En ese momento, Emilia se acerca con una sonrisa y toma la copa de mi mano, invitándome a bailar una de las canciones lentas que están sonando. Aunque me sorprende su gesto, no lo rechazo y me levanto para acompañarla en la pista de baile.
Mientras nos movemos al ritmo de la música, Emilia aprovecha la cercanía para preguntarme cómo me siento. Le cuento por encima la situación con Aida, cómo a veces me resulta confuso y complicado. Emilia me escucha atentamente, su mirada refleja comprensión y empatía. La música sigue sonando y, entre canción y canción, seguimos conversando sobre lo que está pasando en mi cabeza y en mi corazón.
Después de bailar dos o tres canciones lentas, volvemos a la mesa donde estaba sentada. —Gracias, Lia.
—¿Por qué?
—Por escucharme.
—No me las des.
La noche avanza y, de repente, comienzo a sentir que mi cuerpo se va debilitando. El mareo me invade y mi capacidad de reacción empieza a desvanecerse. Trato de concentrarme en la copa que tengo en la mano, pero algo en la mesa llama mi atención: hay como un polvillo extraño. La preocupación crece al instante, me doy cuenta de que algo no está bien. He sido víctima de algún tipo de sustancia en mi bebida.
La sensación de desesperación aumenta mientras lucho por mantenerme consciente y alerta. Mi instinto me grita que debo irme de allí lo más rápido posible, pero cada vez resulta más difícil. Las personas me rodean, hablando y haciendo propuestas, pero mi mente se nubla y apenas soy capaz de entender lo que dicen.
Finalmente, con un gran esfuerzo, logro separarme de la multitud y comienzo a dirigirme hacia la habitación que me habían asignado. Cada paso es una lucha, cada segundo se siente eterno. Me cruzo con miradas y voces que parecen lejanas. El mundo parece girar a mi alrededor mientras lucho por mantenerme en pie y llegar a mi destino.
Después de una batalla interna, llego finalmente a la habitación y cierro la puerta con llave tras varios intentos torpes. Caigo en la cama, completamente exhausta y confundida. Mi mente se va apagando poco a poco y no puedo evitar sentir el miedo de no saber qué pasará a continuación. En ese momento, el mundo se desvanece a mi alrededor y me sumerjo en la oscuridad del inconsciente.
Despierto abruptamente, la luz del sol inundando la habitación. Al abrir los ojos, veo a Emilia acostada a mi lado y el desconcierto me invade. Trato de recordar cómo llegamos aquí, pero las memorias están borrosas y fragmentadas. La última imagen clara que tengo es de estar sentada en la silla de la fiesta.
Mientras intento procesar la situación, escucho golpes en la puerta y me apresuro a abrir. La sorpresa me llena al encontrarme con Aida parada frente a mí, su expresión seria. En cuanto sus ojos se posan en Emilia, que aún duerme en la cama, puedo sentir su tensión aumentar.
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Quererte en silencio
RomanceGabriela, una exitosa empresaria de espíritu independiente y dedicada por completo a su carrera, se ve enfrentada a un inesperado giro en su vida cuando su hermano mayor le pide un favor inmenso. Ante una urgencia, Gabri debe hacerse cargo de su hij...
