20. Brownies

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—Desde luego que no te acordabas. —Hernes me agarra del cuello con el brazo y me despeina el pelo riéndose. —Te lo tenías calladito, eh.

—Hola, soy Aida. —Se levanta con rapidez de la mesa al ver la cantidad de gente que ha invadido nuestra casa.

—Estos son mis amigos de bachillerato... Hernes. —Ernesto se acerca a Aida para darle dos besos. Su apariencia es impactante, por su alta estatura. Lleva un mullet como corte de pelo, teñido de un blanco perfecto, lo que lo hace destacar entre la multitud. Sus ojos grises resaltan en su cara, y su bigote, teñido del mismo color que su pelo, le da un toque distintivo y audaz. El piercing en su ceja aporta un toque de atractivo a su imagen, mientras que la pequeña cicatriz en su labio revela lo mal que se le da montar en una bici sin frenos.

—Soy Ernesto, pero prefiero que me llames Hernes. Tú debes de ser la novia de Juve. Un placer.

—No es mi novia, inútil, es la hija de Celina.

—Oh, entonces está disponible. —Mario se acerca empujando a Hernes. Él es más bajo que el anterior, pero siempre ha ligado más por su atractivo. Sus ojos negros brillan con una chispa curiosa, intentando seducir a la chica que tiene enfrente, para variar. La piel suave y sin un solo pelo en la barba ni en el bigote le da un aire juvenil y fresco, a pesar de ser dos años mayor que yo.

—Yo no he dicho eso. —Intento buscar una paciencia que no tengo.

—No empieces a joder. —Johanna se acerca a Marín y le tira del cuello de la camiseta hacia atrás. Su cabello castaño, recogido en una coleta que revela la nuca rapada, le da un aire desenfadado y segura de sí misma. Sus ojos color avellana, grandes y expresivos, reflejan su agudo ingenio y su sentido de la diversión. Un piercing en la nariz y otro en el labio realzan su estilo, agregando un toque de originalidad a su apariencia. Por el carácter puede notarse que era la lider del grupo cuándo éramos adolescentes. —Yo soy Johanna, pero aquí me llaman todos Joha. Y a este notas le llamamos Marín. —Aida sonríe a modo de respuesta, aunque en el fondo está flipando un poco.

—Yo soy Claudia Murillo. —Su cabello castaño, ahora teñido de rubio, cae en ondas suaves alrededor de su rostro. Su estilo impecable y elegante la distingue como la más pija del grupo, y su forma de vestir refleja un gusto refinado por la moda. Lo que más llama la atención son sus ojos, uno de color azul y otro marrón debido a su heterocromía. —Muri para las amigas. —Deja el bolso en el sillón y se acerca para darle dos besos también.

—Sólo quedo yo. Soy Marta. —Su estatura rivaliza con la de una modelo. Su melena negra cae en cascada por sus hombros. Sus ojos, de un marrón claro y cálido, brillan con curiosidad mientras observa la situación. Sin embargo, lo que más destaca en su rostro son las pecas que salpican su piel delicada, añadiendo un encanto especial y una dosis de inocencia. A pesar de esa apariencia dulce, su sonrisa traviesa y la chispa de sus ojos sugieren que hay mucho más detrás de esa fachada. Puede parecer tímida y reservada al principio, pero es todo lo contrario.

—¿Y a ti cómo te llaman? —Aida pregunta con curiosidad intuyendo que todos tenemos apodos.

—A ella la llamamos M&M. —Aida me mira sin entender por qué.

—Se llama Marta Martínez. —Respondo a su pregunta, los demás están más pendientes de buscar la bebida. —Es por la doble M. Es una tontería de críos, pero seguimos respetando esos nombres, por costumbre.

Aida recoge su plato y lo mete en el lavavajillas. Después vuelve a mi lado y con cansancio apoya su frente en mi hombro. —¿Vais a hacer mucho ruido? Pensaba irme a la cama a descansar. —Tras decir eso, sé que no puedo evitar lo que está a punto de suceder.

Quererte en silencio Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora