18. ¿Celosa?

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—Tenía muchas llamadas perdidas de Bastiaan. Estaba preocupado. Es más mono. —El último comentario hace que me sangren los oídos.

—¿Has dicho que es mono?

—En vez de enfadarse por tenerlo esperando cinco horas, se preocupa por mí. Es muy buen niño.

—Creo que, si te escuchara decir eso la persona que te gusta, probablemente estaría celosa. —Mi comentario desconcierta bastante a Aida. Aprovecho que se ha quedado en trance para levantarme y huir.

—A eso lo llamo yo una indirecta. —Mi madre me molesta cuando llego a la cocina.

—¿Estabas escuchando?

—Puede que haya pegado la oreja o puede que no. Nunca lo sabrás. —Empieza a carcajearse mientras sigue moviéndose por la cocina.

—¿Os ayudo? —Aida se mete en la cocina también captando la atención de mi madre.

—Sí, quédate en la cocina conmigo. Mi vida, tú vete a comprar pan.

—Compórtate. —Vuelve a encogerse de hombros como si no supiese de lo que estoy hablando.

Con la intención de no dejar a Aida a solas con mi madre por mucho tiempo, salgo apresuradamente de casa para ir a comprar el pan en el supermercado que está cerca.

Vuelvo a casa aún más rápido, completando el recado en menos de diez minutos, aunque habrá sido más que suficiente para Alaia.

—Hola, ya estoy aquí.

—¿Crees que podrías haber venido más rápido? —Mi madre vuelve a burlarse de mí. Aida me mira aguantándose la risa.

—¿Preferirías que me hubiese ido a Francia a por el pan? —Pongo los ojos en blanco para dejar el pan en la mesa y sentarme en el sillón a distraerme con el móvil.

De repente, me llega un mensaje de Emilia, una aniga de la zona e hija de una de las amigas de mi madre. Me levanto del sofá y camino hacia la cocina.

—¿Has invitado a Emilia a comer?

—Ay, sí, hija, se me había olvidado avisarte. Que está la chiquilla sola en casa. Además os lleváis bastante bien, diría yo. —Pone énfasis en el bastante, queriendo insinuar algo y provocando que Aida borre su sonrisa.

No puedo evitar preguntarme qué está tramando mi madre al invitar a Emilia a comer sin previo aviso. ¿Será que quiere darle celos a Aida?

Mientras esperamos a Emilia con todo listo, mi mente se llena de preguntas y suposiciones. Intento recordar si mi madre se había enterado alguna vez del tipo de relación que tenía con Emilia. Además, me siento un poco incómoda ante la idea de que pueda estar intentando provocar una situación incómoda entre Aida y Emilia.

Finalmente, Emilia llega. Primero saluda a mi madre con un abrazo y un beso en la mejilla. Después se presenta a Aida educadamente con dos besos. Por último se dirige hacia mí.

Con una sonrisa brillante se acerca. Es alta, alcanza el metro setenta y cinco, lo que le confiere una presencia imponente y segura de sí misma. Su tez morena destaca y resalta aún más la intensidad de sus ojos verdes, que brillan con curiosidad y anhelo.

Su cabello negro, largo y sedoso, está recogido en una trenza de espiga que cae desde la parte alta de su cabeza hasta llegar a la parte baja de su espalda.

—Hola, corazón. —Me saluda como siempre, con ese apodo que tanto le gusta usar y un pico rápido en los labios. Lo cierto es que con el tipo de relación que teníamos siempre me había parecido lo más normal del mundo, pero ahora no lo creía oportuno.

Quererte en silencio Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora