—Quiero preguntarte algo.
—¿Es completamente necesario? ¿Lo necesitas para subsistir?
—Sí, Gabriela. —Jamás me había gustado mi nombre tanto como cuándo sale de su boca. —¿Te vas a poner seria?
—Es que hay un problema. —Pone los ojos en blanco antes de suspirar, encontrar la calma y responder.
—¿Qué problema?
—Sé lo que me quieres preguntar. —Se queda en silencio esperando a que siga. —No, no es mi novia. Sólo nos divertíamos de vez en cuándo. Hace ya mucho de eso.
—¿Alguna chica más con la que te diviertas que me quieras presentar? —Noto molestia en su voz.
—Ha sido mi madre quién la ha invitado. ¿Estás molesta por algo en concreto? —Su expresión se suaviza al darse cuenta de la postura tan rígida en la que está. —Ven, vamos a ver una película.
Tiro de ella hasta que caigo en el sofa. Estoy sentada con las piernas estiradas en chaiselongue mientras que ella está recostada sobre mi hombro.
—¿Posdata, te quiero? ¿Cuál es esa?
—Al final te echo de casa, qué falta de respeto el no conocer esta película.
—Perdona, es que no me he visto el catálogo entero de las películas de amor.
Poco a poco, la trama de la película nos envuelve y nos sumergimos en el mundo cinematográfico. Las risas y susurros se mezclan mientras disfrutamos del momento juntas.
Sin embargo, la atmósfera relajada y cómoda nos va adormeciendo poco a poco. Sin apenas darnos cuenta, nuestros ojos se cierran y nuestras respiraciones se vuelven más suaves y acompasadas. El silencio reina en la sala, solo interrumpido por los sonidos de la película y nuestros latidos tranquilos.
Cuando me despierto, me encuentro con Aida recostada sobre mí, como un koala aferrado a un árbol. Su cabeza está apoyada en mi pecho, y sus brazos me abrazan con suavidad. Puedo sentir su calidez y su cercanía, y mi corazón se acelera ante esta cercanía tan íntima.
Poco después, Aida comienza a despertar, parpadeando con lentitud y desenredándose de su posición en mi pecho. Me mira con una sonrisa soñolienta, y me siento como si nuestras almas se hubieran tocado en algún punto.
Se espabila de repente al ver en la postura en la que está. Se incorpora intentando no aplastarme y no cargarme con más peso del que ya tengo. La situación me parece, cuánto menos, graciosa, por lo que, sin poder evitarlo, empiezo a reírme yo sola.
Muerta de vergüenza se dirige a su habitación sin decirme nada. Me mantengo a la espera de que vuelva pero eso nunca sucede.
—Aida. —Llamo a la puerta con los nudillos.
—¿Qué pasa? Estoy ocupada.
—¿Quieres merendar? Son las seis y media.
—Estoy bien. —Veo que su intención es quedarse ahí hasta la hora de la cena.
—Pues cómo no sales... me voy a ver a una amiga. Me llevo la moto.
Uno...
Dos...
—¿A dónde dices? —Abre la puerta y me encuentro con ella de frente. Su ceja levantada llama mi atención.
—Quiero visitar a una amiga que hace mucho que no veo. —Traga saliva e inspira profundamente.
—Si te vas a ir... Le digo a Bastiaan que se pase a verme.
—Pásatelo bien. —Voy a buscar el casco de la moto para no estallar ahí mismo. ¿Qué pinta Bastiaan aquí? Pongo mi sonrisa más falsa antes de intentar coger unas llaves que me arrebata Aida.
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Quererte en silencio
RomanceGabriela, una exitosa empresaria de espíritu independiente y dedicada por completo a su carrera, se ve enfrentada a un inesperado giro en su vida cuando su hermano mayor le pide un favor inmenso. Ante una urgencia, Gabri debe hacerse cargo de su hij...
