43. Cinco de junio

266 19 0
                                        

Junto a Aida, observo cómo sus tíos son esposados y escoltados hacia los patrullas de la policía. Cuando los vehículos finalmente se marchan, nos dirigimos juntas hacia la casa de los tíos para recoger sus pertenencias. La casa parece un lugar algo depresivo.

—Joder, la decoración es horrible. —Escucho que Aida se ríe delante de mí mientras se dirige a la habitación en la que se estaba quedando.

Con cuidado, comenzamos a empaquetar las cosas, llenando cajas con sus pertenencias personales. Cuando hemos terminado, cargamos las cajas en el coche y nos dirigimos de vuelta a mi casa, que es donde pertenecen.

Mientras ayudo a Aida a colocar su ropa, mi mente está inmersa en los detalles de la sorpresa que hemos planeado para esta noche en el ático. Ella sigue hablando, pero apenas escucho sus palabras mientras mi cabeza está llena de pensamientos sobre cómo asegurarnos de que todo salga perfecto. Treinta personas están ocupando la casa, cocinando y decorando, esperando ansiosamente nuestra llegada para darle una sorpresa a la cumpleañera.

Asiento de vez en cuando para que Aida no se dé cuenta de mi distracción, pero mi atención se centra en cada detalle, desde la comida hasta la decoración y la música. Quiero que esta noche sea especial para ella, que olvide todo lo que ha pasado y disfrute.

—¡Gabriela!

—Uhm, ¿qué? —El grito de Aida me devuelve a la realidad.

—¿Crees que no me doy cuenta de que no me estás escuchando?

—Vaya. —Le dedico una sonrisa traviesa antes de añadir —Estaba pensando en ayer, creo que fueron unas buenas disculpas, ¿no crees?

Observo a Aida y noto que se sonroja ante mi comentario. Hoy, su actitud parece haber cambiado por completo en comparación con la de ayer. Mientras la miro, puedo ver en sus ojos la inocencia y la ternura que la caracterizan en este momento.

—Céntrate. —Carraspea y sacude la cabeza haciéndome sonreír. —Te estaba diciendo que hoy voy a pasar todo el día contigo pero que mañana probablemente iré a ver a mis amigos. Hoy tenían todos cosas que hacer y me dijeron que intentarían hacerme un hueco para mañana.

Toco mi pecho fingiendo que me acaban de dar un balazo y me arrodillo dramáticamente. —Quieres decir que si llegan a estar disponible tus amigos, ¿me abandonas?

Ella sonríe ante mi gesto y se agacha para estar a mi altura. —Quizás unas horas, pero sin duda estaría aquí cuánto antes, para cenar contigo... y para dormir juntas. —Mi boca se abre en una "o" al ver que ha vuelto a cambiar su personalidad.

—¿Con qué personalidad estoy hablando ahora? ¿Aida pervertida eres tú?

—No, soy Aida enfadada. —Se sienta en el suelo y se cruza de brazos frunciendo el ceño. Me acerco a ella y me siento entre sus piernas, rodeándola con las mías.

—¿Quieres que vuelva a pedirte perdón? —Pongo cara de inocencia pero Aida no dice nada.

Voy repartiendo besos cortos por su cara. Comienzo con un beso en la frente, luego en la mejilla, otro en la nariz, en la barbilla y finalmente en sus labios. Mi atención se desvía hacia su mandíbula y su cuello, donde dejo besos cortos pero intensos. Puedo sentir cómo su piel se eriza bajo mis labios, y su reacción me indica que mi cercanía está surtiendo efecto.

Agarra con una mano mi cara para ponerla a su altura. Ataca mi boca con un beso largo y profundo, aunque sin intención de ir más allá. Cuando notamos que nos falta el aire nos separamos y apoyamos mutuamente nuestras frentes, sonriendo.

—Te amo, Aida, eres mi todo.  —Aida separa nuestras frentes para abrazarme con fuerza y hundir su rostro en el hueco de mi cuello.

—Te amo, Eliz. Gracias por aparecer en mi vida.

Quererte en silencio Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora