26. Mudanza temporal

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Hice las maletas de Aida y la mía, y juntas nos dirigimos a mi precioso ático. Era un lugar sencillo, pero acogedor, con una distribución abierta en la que la cocina se integraba con el salón, y dos habitaciones, cada una con su baño, además de una espaciosa terraza. Una vez allí, me aseguré de que Aida estuviera cómoda y tenía todo lo que necesitaba antes de salir por un momento.

Decido dar una vuelta para dejar espacio a la psicóloga que ha venido a visitar a Aida. Quiero que puedan hablar en privado y abordar cualquier tema que necesiten. Así que, mientras espero, me dirijo a un bar cercano y pido una cerveza, o dos.

—¿Señorita Elizalde? —Mi secretaria aparece de repente.

—Ey, ¿qué haces aquí? —Me levanto e invito a que se siente conmigo, aceptando educadamente.

—Vivo por aquí. ¿Y usted? —Llamo al camarero para que pueda pedir algo para ella.

—Por favor, tutéame fuera del trabajo. Me he mudado temporalmente a una residencia que tenía por aquí.

—Oh, ¿ha sucedido algo?

—Lo cierto es que sí, pero estoy intentando solucionarlo, no creo que tarde en hacerlo, de hecho. Peru bueno, dime, ¿qué tal la empresa hoy?

—Todo va bien, las nuevas incorporaciones trabajan muy bien.

—Me alegro. ¿Y tú? ¿Te gusta el trabajo?

—Es sin duda el mejor trabajo que he tenido. Me gusta el ambiente, cobro bien y mi jefa no es gilipollas. No me quejo la verdad. —Una amplia sonrisa aparece en su cara.

—Me gusta que mis empleados sean sinceros. Si alguna vez tienes alguna queja o algo que crees que se podría mejorar no dudes en compartirlo conmigo.

—Claro, aunque creo que diriges la empresa bastante bien. Digo, estando usted sola, ya que su superior se ha marchado durante un tiempo. —Oh, Iván, hace mucho tiempo que no hablo con él. Últimamente estoy muy centrada en una sola persona y me he olvidado de los demás.

—Muchas gracias. Si sigues así voy a pensar que me estás haciendo la pelota. —Sonrío intentando parecer cercana, lo cierto es que parece agradable. Hago un escáner rápido de la chica que tengo en frente. Definitivamente está muy bien.

—Oh, no, es que me sorprende que alguien tan joven haga las cosas tan bien. —Veo que sus mejillas empiezan a ponerse de un color rojizo. —Voy a parar, si sigo hablando probablemente diga cosas que luego cuando las analice me darán vergüenza. —Bebe de su cerveza para parar de hablar. Me río ante su sinceridad y lo avergonzada que está.

—No pasa nada, estaba bromeando. Me gusta que seas directa. Te pido perdón por adelantado si alguna vez el trabajo es demasiado, sólo espero que aguantes.

—¿Las anteriores se agobian y se marchan?

—Es difícil aguantar el exceso de trabajo. Eso y el tener que aguantarme a mí de mal humor. Es un cocktail molotov.

—Qué mal te vendes. —Veo que arruga la nariz y empieza a reír a carcajadas. Se ve que tiene facilidad para socializar. Miro la hora y veo que hace quince minutos que ha terminado la psicóloga.

—Sacarás tus propias conclusiones si las cosas se complican. —Llamo al camarero para pedir la cuenta.

—Uh, qué negatividad. —El camarero llega pero no puedo pagar puesto que Vázquez se me adelanta. —Yo invito esta vez.

—Gracias. Planeaba descontarlo de su sueldo pero así es mucho más sencillo. —Me río antes de ofrecerle la mano a modo de despedida.

Noto cómo aprieta mi mano y me dedica una sonrisa que parece tener un toque coqueto. Me doy cuenta de que está intentando ligar conmigo, lo cual me toma un poco por sorpresa. Aunque nuestra conversación había sido agradable y cercana, no había esperado que la interacción tomara este giro.

Quererte en silencio Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora