La semana siguiente pasa despacio entre mi trabajo y sus estudios. Estos días he tenido que trabajar el triple para solucionar un problema con el terreno nuevo y no he llegado ningún día antes de las once de la noche.
Lo único bueno de la semana ha sido Aida, ella siempre está queriendo darme un beso. Cuando nos levantamos, antes de irse a clase, cuando vuelvo del trabajo, mientras vemos algo en la tele y antes de irnos a dormir, me hace sentirme de alguna manera como una adolescente y no sé porqué pero me siento bien.
También podemos destacar el hecho de que casi estamos en abril, es decir, que ya queda un poco menos.
Hasta ahora no hemos tenido ningún problema. Hemos sabido contenernos a la perfección a pesar de desearnos de más alguna que otra noche. No entiendo de dónde estoy sacando tanto autocontrol si sólo con una de sus miradas lascivas provoca que quiera mandarlo todo a la mierda y llevarla a la superficie más próxima.
—Ya estoy en casa. —Hablo en un volumen moderado. Son las once y media de la noche, un viernes, y solo quiero descansar y estar tirada en la cama todo el fin de semana.
—Hola, ¿qué tal hoy? —Aida se levanta del sillón después de preguntarme para acercarse y besar mis labios con anhelo. Yo también estaba deseando llegar a casa sólo para esto.
—Ya he solucionado el problema. —Bostezo, abatida, sólo quiero dormir. —Tú qué tal el instituto, Aidi. —Una sonrisa tierna aparece tras el apodo.
—Todo bien, hoy he visto a Lucía y mañana he quedado con los de mi clase para ir a la sierra.
—Oh ¿Quieres que os alquile una casa allí para que os quedéis a dormir? —Me arrepiento de haber lanzado la pregunta casi al momento.
—Reconozco que es una oferta tentadora... pero ya me he acostumbrado a dormir contigo. Prefiero venir aquí y estar contigo. —Y contra todo pronóstico, sus palabras también logran encenderme, como si tuviera las hormonas revoloteadas como hace unos años.
—Genial, realmente no quería que te fueras. —Conienzo a caminar hacia la cocina para darme cuenta de que ha pedido unas pizzas a domicilio y que están enteras. —¿No has cenado?
—Han llegado hace cinco minutos, te estaba esperando para cenar. —Vuelve a sonreírme de manera dulce, acelerando mi corazón. Después de cenar decidimos ir al salón.
La sala se encuentra envuelta en penumbras, iluminada solo por la luz tenue de la pantalla de la televisión. Aida y yo nos acomodamos en el sofá, y aunque la película parece ser el centro de atención, la atmósfera entre nosotras es mucho más cautivadora.
El calor de su cuerpo se mezcla con el mío, creando un abrazo cómodo y relajado. Aida me pide que me siente entre sus piernas, y aunque al principio me siento un poco cohibida, su expresión llena de complicidad me hace ceder. Me acomodo con cuidado y siento cómo sus piernas me rodean suavemente, creando un abrazo íntimo y cálido.
La película comienza, pero pronto me doy cuenta de que mi atención se centra más en Aida que en la pantalla. Su cabeza descansa en mi hombro, y puedo sentir su respiración tranquila y constante. El roce suave de su cabello contra mi piel envía escalofríos de placer por mi espalda.
De vez en cuando, siento sus labios presionar suavemente contra mi cuello, dejando un reguero de besos que despiertan sensaciones agradables en mí. Mi piel reacciona con pequeños escalofríos y mi corazón late un poco más rápido cada vez que su suave caricia roza mi piel.
Aida parece conocer el efecto que causa en mí. Su mirada es traviesa y juguetona, y sé que disfruta provocándome. Imaginaba que la tregua que me había dado esta semana iba a durar poco, pero no tan poco.
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Quererte en silencio
RomanceGabriela, una exitosa empresaria de espíritu independiente y dedicada por completo a su carrera, se ve enfrentada a un inesperado giro en su vida cuando su hermano mayor le pide un favor inmenso. Ante una urgencia, Gabri debe hacerse cargo de su hij...
