Llego al albergue, y, como de costumbre, soy recibida con cálidas sonrisas y abrazos de los voluntarios y del personal. El ambiente está lleno de energía y emoción. Los niños corren por los pasillos, riendo y jugando entre ellos.
Me acerco a la coordinadora del albergue y le entrego la bolsa de ropa que guardaba en mi coche y un sobre con el dinero donado. Sus ojos se iluminan y me da las gracias con sinceridad.
—¿Vienes a jugar con nosotros? —Marco tira de mis pantalones con insistencia.
—Claro. —Le revuelvo el pelo y dejo que me arrastre hasta dónde están sus amigos.
Me uno a los niños en el área de juegos. Al principio se acercaban tímidamente, curiosos por saber quién era, pero ya tienen total confianza conmigo. Les sonrío y empiezo a interactuar con ellos, jugando y riendo.
—¿Quién es ella? —Erika me tira de la manga de la chaqueta y señala a un espacio detrás de mí.
Levanto la mirada y veo a Aida, parada frente a mí, con una expresión sorprendida en su rostro.
—Aida, ¿qué haces aquí? — Pregunto, sorprendida intentando no enfadarme por su inesperada aparición.
Ella me mira con ojos entrecerrados, claramente confundida. —Vine a la dirección porque me aburría. — Responde Aida, su tono lleno de curiosidad. —¿Qué estás haciendo aquí? Nunca me dijiste que venías a un albergue a ayudar.
Un sentimiento de incomodidad me invade. Tomo un momento para recoger mis pensamientos antes de responder.
—Aida, esto es algo que hago a escondidas, porque no quiero buscar reconocimiento. —Admito, tratando de explicarme. —Y por eso puse en la nota bien claro que no vinieses bajo ningún concepto.
—Jamás hubiese imaginado que se te diesen bien los niños. —Sonríe con sinceridad mirándome a los ojos y cambiándome de tema.
Nos quedamos en silencio por un momento, nuestros ojos se encuentran y se mantienen conectados, evadiendo por completo la realidad de mi alrededor.
En ese instante, los niños del albergue notan mi desvío de atención y comienzan a acercarse para tirarse encima y distraerme. Sus rostros se iluminan con sonrisas radiantes. Aida observa cómo los pequeños se acercan a ella, cautivados.
Mientras los niños la rodean, mi atención se divide entre ellos y Aida. Por un momento, nuestras miradas se encuentran nuevamente, pero esta vez, mi atención se desvía hacia los rebeldes.
—¡A comer! —Sasha, una de las encargadas del lugar grita la orden y los niños la obedecen de inmediato, quedándonos a solas.
—Entreno la paciencia con ellos. —Encojo mis hombros para restarle importancia. —¿Por qué me has seguido? —Mi cara se endurece con la seriedad que tiene este asunto.
—No sé...
La atmósfera se carga de tensión y expectativa. Nuestras miradas se entrelazan, y su cuerpo refleja una cierta ansiedad. Mientras espero una respuesta crucial, comienza a morderse el labio inferior.
Sus labios se tensan ligeramente mientras los dientes se aprietan sobre la suave piel. Un gesto involuntario que refleja la agitación que debe sentir en su interior. Sus ojos parpadean rápidamente, tratando de disimular su ansiedad, pero la acción de morderse el labio es un indicio revelador de sus emociones internas.
Se puede notar cómo sus labios se tornan un poco más pálidos bajo la presión de los dientes. —No quería estar sola... —Responde al fin.
—Me da igual, debes respetar mis decisiones. ¿No entiendes lo de una puta emergencia? —
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Quererte en silencio
RomanceGabriela, una exitosa empresaria de espíritu independiente y dedicada por completo a su carrera, se ve enfrentada a un inesperado giro en su vida cuando su hermano mayor le pide un favor inmenso. Ante una urgencia, Gabri debe hacerse cargo de su hij...
