35. Nunca he hecho esto

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Son las seis de la tarde. Aida ha entrado a la academia con una gran sonrisa de felicidad, después de haber comprobado que ha obtenido la nota media que tanto deseaba. Sus ojos brillaban de satisfacción cada vez que veía el papel con los resultados.

Mientras tanto, yo me dirijo a la casa de Neva. Al llegar, la veo bajar de su coche, visiblemente nerviosa. Se sorprende de verme aquí y me sonríe con esperanza en los ojos, buscando mi apoyo. Sin embargo, mi rostro permanece imperturbable, ya que aún no he superado el conflicto que nos separa, a pesar de estar dispuesta a estar a su lado en este momento importante para ella.

—Gracias por estar aquí. —Me susurra sin ser capaz de mirarme a la cara.

—Luego hablamos, ahora céntrate en esto, es importante que no te derrumbes. —Asiente sin muchas ganas. Reconozco que detrás de la extravagancia y lo materialista es demasiado noble, ella nunca ha buscado vengarse de su hermana a pesar de recibir cada vez más rechazo por parte de sus padres por culpa de Veronika.

Entramos en la casa de Neva, y una vez adentro, reunimos a sus padres y a su hermana en el salón. El ambiente está tenso mientras me preparo para sacar la copia de la investigación de Kayden. Los padres de Neva la miran con expectación, sin saber qué esperar, mientras su hermana parece inquieta y nerviosa.

Con cuidado, extiendo la documentación ante ellos. En la investigación se demuestra claramente la inocencia de Neva y se presentan pruebas que acusan a su hermana de allanamiento de morada, invasión de la privacidad y divulgación de secretos. El silencio cae sobre la habitación mientras todos procesan la revelación.

—Podría caerle cinco años. —Enfrento a su hermana que está algo pálida. —Seguramente tenga el video real en su ordenador. Han investigado su dirección IP.

—¿Tú ahora eres su abogada o qué? Mi hermana no es capaz ni de defenderse solita.

—No es que no pueda, es que no quiere hacerlo, no le gusta, pero no puede más con tus intentos de quitarle la herencia. Has hecho que tus padres la aparten un poco más cada vez y te ha dado igual. Ya es hora de que tengas consecuencias de alguna manera. —Su padre abandona la casa con lágrimas en la cara mientras que su madre se levanta hacia Neva para abrazarla y pedirle disculpas.

Decido retirarme de la casa de Neva después de la conversación, sintiendo que mi presencia ya no es necesaria en ese asunto familiar. Opto por alargar mi ruta hacia casa, aunque esto implica pasar por barrios menos seguros. La oscuridad empieza a caer mientras conduzco por las calles.

De repente, un coche de policía se acerca detrás de mí, con las sirenas encendidas y las luces parpadeando, indicándome que me detenga. Mi corazón se acelera mientras me detengo y trato de mantener la calma, sin estar segura de por qué la policía me está deteniendo.

—¿Qué sucede?

—Salga del vehículo.

—De acuerdo. —Suspiro cansada, no debería haberme retrasado.

—Deme su documento de identidad y el carnet de conducir. —El otro compañero sale del coche apreciando el mío.

—Vamos a hacer un test de alcoholemia.

—De acuerdo.

La situación se vuelve cada vez más tensa mientras los policías registran mi coche a fondo, filian la matrícula y me someten a un test de alcoholemia que sale negativo. A pesar de mi inocencia, veo que los agentes están frustrados por no poder encontrar nada que justifique mi detención.

Entonces, uno de los policías saca un paquete bastante grande, que supongo que es cocaína, y me hace una amenaza velada. —¿Qué podrías ofrecernos para que no te metamos esta bolsita en el coche y te detengamos por posesión de sustancias ilícitas? —La situación se vuelve aún más peligrosa y comprometida, y tengo que tomar una decisión importante sobre cómo enfrentar esta extorsión potencial.

Quererte en silencio Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora