15. Por el norte

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Llega el fin de semana de nuevo. Tras una agotadora semana de trabajo, y Aida sufrir con los exámenes, nos encontramos en el coche. De camino a Asturias. Ha decidido venir aquí para poder visitar, entre otras cosas, los Lagos de Covadonga y los Picos de Europa.

Llegamos al "The Grand Luxe" un hotel cinco estrellas que he decidido elegir, ya que Aida preferiría un apartamento pequeño.

—Buenas tardes. —Saludo al señor que está en la recepción.

—Buenas tardes, señorita.

—Tenía una habitación a nombre de Gabriela Elizalde.

—Sí, aquí está, la suite.

El amable recepcionista nos sonríe y nos entrega la llave, deseándonos una agradable estancia.

Con la llave en mano, nos dirigimos a nuestra habitación y abrimos la puerta con entusiasmo. Sin embargo, al entrar, nos encontramos con una sorpresa inesperada: una cama de matrimonio en lugar de dos camas individuales como habíamos solicitado.

Nuestras caras se desencajan, y por un momento, quedamos atónitos sin saber qué decir o hacer. La sorpresa y el desconcierto se reflejan claramente en nuestros rostros mientras nos miramos el uno al otro.

Luego, veo cómo el rubor empieza a extenderse por las mejillas de Aida, su vergüenza evidente en su expresión. El sonrojo se vuelve más intenso y sus ojos se desvían.

—No sería la primera vez... —Mi boca se mueve sin pensar.

—Es verdad... —Se encoge de hombros intentando no pensar en la situación.

Aida y yo decidimos bajar al restaurante para cenar antes de irnos a dormir. Nos sentamos en una mesa acogedora, disfrutando de la compañía de la otra mientras conversamos y compartimos risas.

Después de una deliciosa cena, nos dirigimos de regreso a nuestra habitación. Nos preparamos para descansar y nos acostamos en la cama matrimonial. Sin embargo, a pesar del cansancio, me doy cuenta de que no puedo conciliar el sueño.

Me encuentro inquieta y desconcertada por la presencia de Aida a mi lado. Susurros de pensamientos confusos y emociones entrelazadas llenan mi mente. No logro entender por qué su cercanía tiene este efecto en mí, despertando una mezcla de excitación y ansiedad.

En la oscuridad de la habitación, me revuelvo entre las sábanas, buscando una posición cómoda mientras trato de entender la razón detrás de mi inquietud. Me pregunto si estos sentimientos más profundos significan algo más.

Mis pensamientos dan vueltas mientras observo a Aida durmiendo plácidamente. Su rostro tranquilo y sereno resalta su belleza y dulzura. Cada detalle de su presencia despierta emociones y preguntas en mi interior.

Me encuentro en la terraza de mi habitación, buscando un momento de tranquilidad y reflexión. Camino lentamente hacia la piscina que se extiende frente a mí, sintiendo el frescor del aire en mi piel y el viento que acaricia mi rostro.

Con cuidado, me siento al borde de la piscina, dejando que mis pies se sumerjan en el agua helada. La sensación fría y refrescante me brinda cierto alivio, pero mi mente sigue trabajando enérgicamente, pensando en el dilema que me atormenta.

Mi cabeza se llena de pensamientos, especialmente sobre la diferencia de edad que existe entre Aida y yo. Intento comprender qué es lo que me ocurre con ella, por qué su presencia despierta emociones y preguntas tan profundas dentro de mí.

Mientras observo el agua ondular suavemente, reflexiono sobre nuestras experiencias compartidas, nuestras conversaciones y la conexión que hemos desarrollado en el poco tiempo que llevamos.

Quererte en silencio Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora