31. Primera cita

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Estamos en mi baño debido a que mi bañera circular es mucho más grande que la bañera de Aida. He cedido a su petición porque ya hay pocas cosas que me pide a las que puedo negarme.

—¿Te vas a meter hoy o qué? —Aida me llama desde la bañera mientras juega con la espuma.

Respiro hondo antes de soltar la toalla y meterme en el otro lado de la bañera, quedando frente a ella y con mis pies en el lado sano de sus costillas para evitar golpes desafortunados.

—Entonces...¿iniciaste tu vida sexual a los quince? —Asiento con la cabeza.

—Los chavales cada vez empezamos antes, por eso prefiero no saber nada tuyo, seguro me horrorizo.

—Probablemente. —Esa respuesta no me ha agradado nada. —Todavía no puedo creer que esto esté pasando. —Nos señala con el dedo.

—¿Que estemos juntas en una bañera?

—No, tonta, que estemos...¿juntas? ¿Estamos juntas? —Empieza a preocuparse intentando buscar una etiqueta.

—Ey, mi amor, despacio, ¿qué te parece si no le ponemos etiquetas todavía? Hay que hacer las cosas bien. Tenemos que tener nuestra primera cita.

—¿Primera cita?

—¿Qué te parece este domingo? Prepararé una cita sorpresa.

—Pero qué vergüenza, estaré en silla de ruedas y encima tienes que ayudar a prepararme.

—Eso no es molestia para mí, Aidi, me encanta cuidarte. —Dejo un beso suave sobre su rodilla.

—Un poco más arriba y el autocontrol que se va a la mierda es el mío.

—Bueno es saberlo.

El domingo llega lo más rápido que se me permite pasar la semana desde que estoy deseando que llegue junio. He estado preparando la cita todo el día y después he ayudado a Aida a ponerse un vestido de tubo rojo que me encantaría arrancarle pero por obvias razones no puedo. Yo me he puesto una camisa blanca semiabierta con unos pantalones chinos del mismo color y zapatillas de vestir negras.

—Estás increíble, nunca me cansaré de verte vestir en camisa y traje.

—Yo, sin embargo, preferiría no verte en vestido de nuevo hasta que tengas la mayoría de edad y pueda arrancártelo. —Sus mejillas empiezan a tener un color rojizo provocando que le dedique una sonrisa traviesa.

—¿A dónde vamos?

—Es una sorpresa.

Al bajar al garaje un coche diferente nos espera. Es un Toyota GR Supra, el primer deportivo que he tenido y que me compré hace tres años.

—Me gusta más que el Maserati. —Sonrío al escucharla. Es mi coche favorito.

Después de un rato hablando de cualquier cosa en el coche, llegamos al restaurante en el que he reservado todo el local para que podamos estar tranquilas mientras disfrutamos de la comida.

—El restaurante es precioso, tiene pinta de ser de esos pijos en los que tienes que recenar al llegar a casa porque el plato principal tiene el tamaño de un entrante.

—No te vas a quedar con hambre. —Río por sus ocurrencias.

Después de una cena satisfactoria, nos ponemos en movimiento. Con cuidado, la ayudo a moverse hacia el coche. Mientras manejamos hacia el autocine, siento una mezcla de nervios y anticipación. Quiero que todo salga perfecto para Aida.

Al llegar al autocine encontramos un lugar para aparcar. Sé que Pretty Woman es una de sus películas favoritas. Nos acomodamos en los asientos del coche, y mientras la pantalla se ilumina con la imagen de la película, Aida me regala una mirada cargada de ilusión.

Quererte en silencio Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora