39. Fiesta de disfraces

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Espero impaciente en el salón junto a mi padre mientras mi madre está en la cocina preparando la comida. Estoy ansiosa esperando la llegada de mis amigos. Observo a mi alrededor y noto que al menos dos personas están encargadas de vigilar la zona. Tienen toda la pinta de que podrían desplomarte de un solo puñetazo, no parecen empleados cualquiera.

Llaman a la puerta y mi padre se dirige a recibirlos con una sonrisa. Yo me levanto y observo la situación.

—Hola chicos. —Mi padre los saluda y luego baja la mirada a sus atuendos. —No, no, la comida de hoy tiene código de vestimenta. Tenéis los trajes en las habitaciones. Pasad y cambiaos.

La cara de mis amigos es de completa confusión. Sobretodo al ver a mi padre en un disfraz de tiburón y a mí en uno de oso. Alaia sale con los platos de la comida y su disfraz de pulpo. La situación no puede ser más ridícula.

—Hay varios entre los que elegir, ahora vendrán los demás invitados. —Mi cuello gira bruscamente buscando respuestas. —He invitado a Chak y a tus amigos de bachillerato.

A medida que mis amigos van llegando, mis padres les dan la bienvenida y les explican las reglas de la comida temática que hemos preparado. Deben cambiar su ropa en las habitaciones de invitados y deshacerse de cualquier prenda que no encaje con el código de vestimenta. Como resultado, nos encontramos todos sentados en el salón, vestidos con disfraces de animales. Estan riendo de las pintas que llevan y de cómo Lander les había hecho meter la ropa en una caja sin explicación ninguna. Esta básicamente bloquea cualquier tipo de señal.

Mario está igual de serio que yo. Mi cabeza no para de repetir lo sospechoso que puede llegar a ser todo esto. Mudarse de casa, preparar una comida de bienvenida. Quizás hasta ahí bien. ¿Disfraces como código de vestimenta?

—Deja de sobrepensar. —Alaia interrumpe mis pensamientos y todos empiezan a mirarme, notando mi malestar. Empiezan a aparecer caras de preocupación al notar mis ojeras y mis rojos ojos. —Ya podemos hablar tranquilos.

—¿Qué ocurre Gabriela? —Neva se levanta de la silla al ver como una lágrima recorre mi mejilla. Hacía mucho tiempo que no lloraba en público.

Mario se levanta de la mesa y se dirige a una de las bolsas en el salón. Extrae unos teléfonos móviles algo antiguos, que parecen tener la capacidad justa para realizar llamadas y enviar mensajes de forma puntual. Los distribuye entre los presentes.

—No debéis mostrar en público que tenéis en posesión estos teléfonos. Cualquier error puede resultar en una catástrofe. —Mario se sienta después de repartirlos.

—No estoy entendiendo nada. —Kayden se levanta tenso haciendo que todos los demás también lo hagan. Los únicos sentados son mi padres, Marín y yo.

—Quiero que os sentéis. —Mi voz suena tranquila, totalmente contrariada con lo que está sucediendo dentro de mí. —Empiezo desde el principio, pero necesito que os calméis y que os sentéis.

—De acuerdo. —Neva levanta las manos en señal de rendición y todos los demás la siguen.

—Han aparecido unos tíos de Aida, por parte de Celina.

—¿Qué?

—No la interrumpas. —Mi madre golpea a Chak con la cuchara de palo.

—Bien. Al parecer llevan un tiempo acosándonos a todos y tienen pruebas de mi relación con Aida, entre otras cosas. Ahora tienen su custodia, no de forma legal, y dinero extra que les he tenido que pasar.

—¿Está Aida con ellos? —El primero en quejarse es Hernes.

—¿Has dejado que se marche con ellos?

Quererte en silencio Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora