Hice algunos intentos para entrar en puestos de limpieza que fracasaron, unos por la falta de actividad laboral de los años anteriores, otros desde la solicitud me decían que estaba algo sobrada mi preparación para el puesto ¿En serio?, la realidad es que nadie quería contratar ni como afanadora a una persona que se la ha pasado de "diva" en su casa; claro, ¿Cómo iba yo a demostrar que la casa no se limpia sola y que en verdad necesito un ingreso para vivir? Decidí tirar más alto entonces.
¡Al fin una entrevista! Había trabajado como recepcionista, secretaria y asistente antes, tenía confianza en obtener el puesto, desde luego las tecnologías habían cambiado pero estaba al tanto del manejo de la pc y paquetería básica, entre la administración de la casa, la sociedad de padres de familia y el condominio, adquirí un nivel decente de word y excel. Por otro lado, me interesaban las finanzas y tomé un curso de contaduría básica en línea, con eso podía llevar las inversiones y el fondo de ahorro de Santiago, él me transfería las cantidades y yo las invertía, seguramente estaba un poco perdido con sus cuentas pero ya lo solucionaría.
Llegué diez minutos antes de mi cita, bien arreglada y con una sonrisa diplomática, me sentía la Barbie guía, tarareaba Respect y con la voz de Aretha en mi cabeza, estaba de inmejorable humor.
Me pidieron realizar un exámen con un grupo de tres chicas de alrededor de 25 años, supuse que sería de conocimientos básicos de contabilidad o administración, ya que era el conocimiento deseado en la publicación de la vacante, estaba lista para lo básico pero tenía temor del conocimiento de las demás, para mi sorpresa era una hoja en blanco.
-...Van a anotar las cantidades que les dicte y después harán unas cuantas operaciones básicas- una de las jóvenes preguntó -¿Podemos usar el celular?- la reclutadora hizo un movimiento negativo con la cabeza -Es sin calculadora-.
Comenzó el dictado. - un millón doscientos treinta y cuatro mil seis, cincuenta y dos mil, ciento treinta y siete...noventa y cinco mil quinientos uno menos ciento cuarenta y cinco...conforme vayan terminando pasen la hoja con sus datos y sigan a la sala de espera-.
Tras veinte minutos salí del exámen que estaba segura de haber concluido sin errores, las demás tardaron media hora más, me parecía increíble.
Esperaba mi turno para la entrevista en la sala, cuando una joven que llegó después me preguntó, -¿También viene por el puesto de gerente?- Era una chica como de veintiocho años de aspecto agradable y competente,
Respondí amablemente -No, por el de asistente-.
Me dedicó una sonrisa aliviada y señaló -Ah, me alegro, es mi cuarta entrevista y me hubiera sentido en desventaja frente a su experiencia, espero que consiga el puesto-, en ese momento la llamaron y se fué por el pasillo, el subidón de seguridad con su comentario me sentó de maravilla, esa chica tan profesional pensó que yo era su competencia. En mi cabeza tarareaba "Color de esperanza".
Unos segundos después era mi turno, -Señorita Rebeca Altamirano pase por favor-. Allá iba yo como quién es llamado a un banquete y es el invitado principal.
No me duró mucho el gusto.
-...Entonces no tiene experiencia reciente y no tiene certificados que avalen sus conocimientos-
Mi cara debió ser color jitomate, -...la carrera sin terminar y, ¿cuántos semestres cursó?-
Respondí sintiéndome estreñida; -Dos semestres señor- mi sonrisa cada vez era más falsa, antes de que el licenciado siguiera quise replicar:
-Mire señor, sé perfectamente que mi currículum no es muy impresionante pero le garantizo que soy muy dedicada y eficiente, si me dan la oportunidad puedo demostrarlo, tengo amplio conocimiento en administración de inversiones de renta fija y variable, contaduría básica con certificado de nivel técnico, aprendo y me adapto rápidamente, tengo un trato excelente con los clientes, no se va a arrepentir si me contrata-.
Hizo un alto y me lanzó una ojeada incómoda, hasta ese momento se había referido a mí como Señorita Altamirano; puso la solicitud sobre el escritorio, miró el reloj y se reclinó sobre su silla.
-Pero de experiencia laboral nada ¿No?-, Iba a abrir la boca para abogar de nuevo por mi eficiencia y traer a cuento mis emprendimientos pero con un gesto de fastidio se dirigió a mí,
-Mire señora, en este momento no requerimos personal con su perfil para este puesto, hay una vacante en el área de mantenimiento, se trata de labores de limpieza de las oficinas, no tiene el perfil académico necesario para estar ahí pero podemos omitir ese paso y seguro que su experiencia limpiando mocos es suficiente-.
Esbozó una leve sonrisa burlona y preguntó -¿Lo quiere?-.
Me tomó por sorpresa su último comentario, no supe cómo reaccionar, ¿Acaso estaba siendo jactancioso sin mayor escrúpulo? Enderecé mi postura y levanté la frente con toda dignidad
-¡Pues démelo!-
Se quedó serio y llamó a su secretaria;
-Traiga un formato de contratación para intendencia y la hoja de requisitos-.
Sin dirigirme la mirada me dijo en tono enfadado -Eso es todo preséntese mañana con sus documentos, afuera le indican lo demás-.
Salí de ahí como si hubiera obtenido el puesto de gerencia aunque estaba molesta por la actitud petulante del licenciado.
Cuando llegué a mi casa estuve llorando durante media hora, de por sí estaba sensible por todo y me preguntaba en qué momento dejé perder mi dignidad de tal forma que motivaba a todo el mundo a reírse de mí tan sencillamente. No me importaba trapear pisos, lo hice durante más de veinticinco años, pero ¿Era esa tarea tan degradante? no estoy esperando un trofeo por "limpiar mocos" o por dedicarme a procurar que la comida tenga, además de buen sabor, un valor nutricional aceptable pero, en serio ¿Por qué, maldita sea, ser ama de casa es una labor tan marginada?
En fin, ya tenía un empleo y eso era para mí un triunfo, iba a dar mi mejor esfuerzo con la mejor actitud.
A la mañana siguiente estaba por salir a dejar documentos y firmar el contrato; a dos meses del divorcio era un buen inicio y me mantendría a flote, sonó el teléfono justo cuando abría la puerta para salir, al otro lado estaba la reclutadora del día anterior,
-Señorita Altamirano, me comunico de la empresa ROLAVNIS, lamento comunicarle que la vacante de intendencia para la que aplicó, ya no está disponible, nos quedamos con sus datos por si sale otra vacante adecuada a su perfil, nosotros le llamamos, gracias-.
Me quedé con los ojos entornados, ¿qué falló entre mi salida de aquella oficina y esta llamada?, mi empleo se había esfumado de la nada, creo que estuve parada como estatua unos dos minutos, enseguida tomé de nuevo el teléfono;
-Bueno, Gaby ¿Qué tipo de ropa quieres para abrir la boutique?-.
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Hoy amanecí cansada
RomanceRebeca es una mujer que tras su divorcio no sabe el rumbo que tomará su vida, se enfrenta a los obstaculos de su día a día sintiendose abrumada y los eventos cotidianos la remontan a sus recuerdos de juventud.
