Cuento de Bec

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Había una ninfa, callada y sombría

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Había una ninfa, callada y sombría

que tenía una mascada azul,

lentes y una sombrilla.

Miraba a las mariposas, en las mañanas frías,

envidiaba sus ropajes de tul

y deseaba ser amarilla.


La sabia luna, que frustrada la veía

por las noches de negro azul,

le sonreía y decía:

No envidies lo que la mariposa vestía;

ella tenía amarillo en su baúl,

y en el tuyo no había.


Conoció entonces al colibrí,

deseó tener sus alas y moverlas así.

La luna le dijo: ¡Ya te ví!

Como el bello pájaro, no debes desear salir

eres ninfa, no lo olvides, tu destino está ahí.


Molesta la ninfa, se fué cerca del lago

no quería oír a la Luna,

-¡Ella no entiende mi enfado!-.


Sentía cada vez más el cansancio

y se decidió por un gran cambio,

¡No me voy a seguir atormentando!

Lo que soy está perfecto, aunque esté un poquito rancio.


Recordó su larga vida, desde que salió del huevo,

las mariposas habían muerto y casi todo era nuevo.

Desde aquel lejano tiempo

todo había cambiado lento,

la luna la acompañaba

y dormir le recomendaba.


Se envolvió en su mascada

y se quitó sus lentes.

La luna dijo complacida:

¡Qué ninfa tan obediente!


Pasó el tiempo volando

y llegó el otoño al pantano;

despertó ninfa volando

¡Oh sorpresa! ¿Qué estaba pasando?

De negro traje elegante

y alas magníficas color tornasolado,

una bella libélula brillante

en vez de ninfa, había despertado.

Pero, ¡qué alegría, qué emoción!,

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Pero, ¡qué alegría, qué emoción!,

de éste impresionante cambio, no tenía noción.


La luna orgullosa, de su pequeña amiga

la miraba complacida y feliz le decía:

Fuiste paciente y sabía

cuando vivías en la ortiga,

ahora los cielos son tu vía

¡Disfruta tu nueva vida!


Esta pequeña historia, nos ayuda a recordar,

que no debemos abdicar

y, cuando llegan las decepciones

¡Trabajamos para brillar!

FIN

Hoy amanecí cansadaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora