No falla, entro al baño y me llaman, parecía un conjuro, generalmente se trataba de ventas o encuestas telefónicas pero no me dejaba en paz adivinar quién sería; estaba por soltar la duda cuando tocaron a la puerta, ¡qué agobio! me enjuagué tan rápido como pude y me envolví la toalla, asomé la cabeza por la ventana y grité ¡Voy!
Era mamá, -¡Ay te saqué del baño! me hubieras avisado-. ¿Acaso esperaba que la llamara cada vez que me aseaba? En fin. Sacó de su bolsa un paquete con fruta y una bolsa de panes, me visitaba poco pero siempre que lo hacía llegaba con algo, su educación ancestral la obligaba a no llegar con "las manos colgando", era una costumbre muy considerada pero debió representar un esfuerzo abrumador mantener ese hábito toda la vida.
Después de una corta conversación sobre temas superfluos fué al grano.
-¿Ya fuiste a ver a tu suegra?-.
Me lo imaginaba, después de nuestro encuentro el domingo y su actitud, supuse que mi ex suegra haría que mi madre se enterara de mi vergonzosa aparición.
-Ya no es mi suegra mamá, además es él quien tiene que hablar con su familia-, puse a calentar agua para té, esto iba a llevar un rato.
-¿Y qué, tú no tienes boca? Mira Becky, una cosa es que ya no estén casados y otra que solamente por eso dejen de estar ligados él y su familia contigo-.
Es sorprendente cómo hay cosas que mamá se niega a asimilar,
-¿A no? pues el juez dijo algo muy distinto, por supuesto que nuestra responsabilidad con nuestros hijos no cambia, pero entre nosotros como pareja no hay nada qué decir y con su familia, bueno, sabes perfectamente que ni casados los frecuentaba mucho ya-.
Volteó los ojos al cielo y siguió
-Esa maña tuya de comportarte como si no te dieras cuenta de las cosas Rebeca, sabes bien que hiciste mal, no le avisaron a nadie que tenían problemas, y de repente nos amanecimos con la noticia de que se divorciaron, eso no va, no se hacen así las cosas ¿Crees que estamos pintados?, cuando se casaron fué Santiago a pedir tu mano, no te encontró por ahí en la calle, él siempre hizo las cosas como Dios manda, debiste hacer algo muy grave para que te dejara-.
Otra vez el bendito Santiago, ya veía venir el discurso de lo bueno que es él y lo mal que yo aprovecho mi suerte, está vez quería seguir evitando enfrentamientos pero no quise dejar que continuara con eso,
-Entonces ¿Por qué mejor no vas con Santiago y le dices que así como fué a pedir mi mano te la devuelva? ¿Crees que sólo yo firmé el divorcio? ¿Y cómo estás tan segura de que yo tengo la culpa de la separación? -.
Su cara se puso roja
-Rebelde como siempre, no entiendes nada ¿En qué momento...?- la interrumpí con desgano, -si mamá, ¿En qué momento me pusiste Rebeca? ya lo sé-.
Lo cierto es que tenía razón en algo, no le hice saber con antelación sobre la separación, lo platicamos con nuestros hijos y hasta la Beba sabía que las cosas no iban bien, seguramente le comentó algo a mamá pero de mí, sólo tuvo una llamada en la que le pedía que, por favor me diera tiempo para estar sola y después le explicaría, había llegado ese después.
-Está bien, acepto que no debió ser agradable para tí enterarte tan súbitamente pero tampoco es que yo lo estuve planeando y un día sólo lo hice. Sí, teníamos problemas, pero eran asuntos privados, de los dos, en cuanto al divorcio, fuí yo quien lo pidió, él no me dejó pero lo aceptó así que ambos somos responsables; nuestros hijos en todo momento estuvieron al tanto y no quisimos involucrar a nadie más para evitar que fuera más difícil de manejar. Ambos acordamos hablar con nuestras respectivas familias y si he tardado tanto en hacerlo contigo es porque primero quería estar más entera en mi carácter y estado de ánimo. Entiéndeme, ha sido muy difícil para mí. Olvida lo que ha sido Santiago, no es un santo, piensa en mí también, yo soy tu hija, apóyame por favor-.
-Precisamente porque pienso en ti te lo digo, si la absurda idea del divorcio fué tuya, todavía pueden ayudarte, si hablas con tus suegros ellos seguramente le dirán a Santiago que recapacite, por más que lo hayas orillado él no te abandonará. Ya te habrás dado cuenta de lo difícil que es mantenerse sola ¿Cómo vas a hacerlo?- Sus palabras reflejaban la ignorancia sobre mi vida que ella siempre tuvo.
-Mamá lo mismo pasó con la Beba cuando se divorció y ya ves, está muy bien, salió adelante...-
Me interrumpió lanzándome una mirada de ira impotente, -¡Sí pero tú no eres la Beba!-.
Aquel reproche era tan usual en mi niñez que ya no me dolía, "¿Por qué no eres como la Beba?", pero en aquellos momentos de incertidumbre en mi futuro me dió algo de miedo, ¿yo tendría lo suficiente como mi hermana para salir adelante?.
Seguí lavando los trastes del desayuno mientras ella hablaba de cómo era posible salvar mi matrimonio, era evidente que no aceptaba el hecho de que ya no había nada qué salvar. -...Además es diferente, cuando la Beba se separó venía flaca y pisando el suelo de tan descuidada que la tenía ese tipo, Leonardo la maltrataba, no era como Santiago-.
Ahí venía la verborrea, la inacabable lista de los atributos de Santiago acompañada de la lista de mis defectos que remataba con las razones por las que yo debería estar más que agradecida por tener a un hombre como él, tan extraordinario, sin una sola cosa que se le pudiera reprochar...
Súbitamente me vino a la mente el día de mi divorcio, las palabras de Santiago y su cara desvergonzada, -Lo lamento Beca, no quería que te enteraras así-.
Cerré la llave del agua y me paré frente a mi madre, ya era hora de bajar del pedestal a su héroe
-Tiene otra mujer mamá, la tuvo incluso mientras estába casado conmigo y va a casarse con ella-.
Por primera vez en la vida enmudeció, la revelación la tomó por sorpresa, hubiera estado complacida por ese silencio pero mi atención se desvió hacia algo importante, Lizzy entraba a la cocina justamente para escuchar lo que dije y se quedó congelada, su carita se descompuso y ví en sus ojos la impotencia de no poderlo ocultar.
¡Maldito Santiago!
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Hoy amanecí cansada
Roman d'amourRebeca es una mujer que tras su divorcio no sabe el rumbo que tomará su vida, se enfrenta a los obstaculos de su día a día sintiendose abrumada y los eventos cotidianos la remontan a sus recuerdos de juventud.
