Genoveva y Gabriela acompañaban a Rebeca; entre las dos habían logrado a duras penas convencer a Santiago de ir a comer algo y él, casi fue arrastrado por sus hijos aunque Bec le había dicho que estaría bien y que quería tener una platica de chicas.
-Amiga no te esfuerces mucho, guarda energía-
-¿Y para qué quieres que reserve algo que ya no voy a ocupar? No. Les agradezco mucho que quieran protegerme pero no es necesario, hablé con el médico y tengo derecho a saber cuales son mis posibilidades, solo un milagro me salva pero no voy a esperar a que pase eso, nunca me rendí pero no voy a desperdiciar el tiempo que me queda en negación, vamos todos a ver el futuro como viene y sin miedo, despidanse de mí todos, como si me fuera a un viaje de placer y nos volvieramos a encontrar otra vez-
Ninguna de las dos podía soportar la franqueza de Rebeca sin desmoronarse momentáneamente, pero pasados los primeros arrebatos, se serenaron y lo llevaron bastante bien.
-¿Lo ven? Así es mejor, es difícil para todos pero se asimilan con más facilidad las cosas si las hablamos claro. Ahora me siento débil pero sé que pueden soportarlo, les pido que hablen con mis hijos para que no traten de aliviarme; que se desahoguen con tranquilidad igual que ustedes y después veremos como nos consolamos juntos-
La única que no acató la petición fué la madre de Rebeca, llegó a llorar desconsolada, dando gritos de desesperación.
-¡Ese maldito debe terminar sus días en la cárcel, no debe quedar impune por lo que te ha hecho! ¿Ya lo denunciaron?-
-Madre, cálmate por favor, al menos tenemos la oportunidad de despedirnos, ese hombre no tuvo la misma suerte, sufrió un infarto y eso lo llevó a perder el control. Era un padre de familia trabajador y yo no lo culpo, no es culpa de nadie-
Era inútil, doña Graciela de Altamirano, trató por todos los medios de hablar con el director del hospital o convencer a los demás de trasladar a Rebeca a su casa, no escuchaba de razones ni pedidos, finalmente cuando vió que no aceptaban sus demandas, tuvo un ligero desmayo y la llevaron a casa para que descansara.
Los demás, todos y uno a uno se fueron despidiendo de Rebeca; conforme platicaban, hacían un balance de sus vivencias y se agradecían y alegraban por los buenos momentos, Rebeca logró hacer de aquella triste tarea, un ejercicio positivo, no quería que los últimos recuerdos que tuvieran con ella fueran tristes, quería que la recordaran como la mujer feliz que siempre se propuso ser.
-Nada está escrito mis hijitos amados; la vida puede ser larga o terminar en un momento, haber sido feliz y plenos es lo que importa cuando todo se acaba. Por favor no olviden nunca que la felicidad es el verdadero éxito, y para cada uno, la felicidad es algo distinto-
Después de un rato, la habitación de Rebeca parecía una fiesta, estuvieron platicando felices toda la tarde, a ella le daba por hacer bromas y todos olvidaron por un momento la tristeza.
-¿Se acuerdan que en cada época veíamos las mismas películas?, me encantaba por octubre poner El cadaver de la novia-
-Ay mamá, la ponías todo el año hahaha-
-Cierto, llegabas a la casa en junio y ella estaba viendo Cuento de navidad-
-Es que está bonita-
-Se sabía todas las líneas de las películas y las canciones, fácilmente podía hacer el doblaje de varias-
-¿Cual canción cantabas más?-
Rebeca empezó a cantar a dueto con Lizzy como si hubieran ensayado
"Si, Si, tendras que morir, pero no te aflijas,
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Hoy amanecí cansada
RomansaRebeca es una mujer que tras su divorcio no sabe el rumbo que tomará su vida, se enfrenta a los obstaculos de su día a día sintiendose abrumada y los eventos cotidianos la remontan a sus recuerdos de juventud.
